
El Gobierno de Estados Unidos evalúa realizar deportaciones en barcos hacia Venezuela, El Salvador y Honduras, según un reporte de The New York Times. La alternativa contempla recorridos de varios días y permanece en una etapa preliminar, sin una decisión definitiva.
Un funcionario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), responsable de supervisar las expulsiones, señaló que el proyecto continúa siendo hipotético. El organismo indicó que examina sus recursos para mejorar la eficiencia de sus operaciones migratorias.
Deportaciones en barcos: Venezuela entre los destinos considerados
Las travesías requerirían numerosos agentes para custodiar a los pasajeros durante el recorrido. De acuerdo con los cálculos citados por el periódico, cada viaje podría costar millones de dólares, una cifra considerablemente superior a la de los vuelos de deportación.
La puesta en marcha también dependería de la disposición de los países involucrados a recibir migrantes por vía marítima. El reporte no confirma acuerdos para aplicar esta modalidad.
Washington explora la disponibilidad de embarcaciones
Entre las opciones aparece el Training Ship Golden Bear, un buque de aproximadamente 152 metros de eslora que formó cadetes de la Academia Marítima de Cal Poly, en California, durante tres décadas.
La nave concluyó este verano su servicio como aula flotante. Sin embargo, las autoridades todavía no han aclarado qué facultades permitirían al Gobierno federal destinarla a traslados migratorios.
Funcionarios del Departamento de Defensa también contactaron a empresas para consultar la disponibilidad de otras embarcaciones, incluidas algunas en Europa, según las fuentes del diario.
Custodia en alta mar plantea dudas legales y operativas
Claire Trickler-McNulty, exfuncionaria del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), advirtió que mantener a cientos de personas dentro de una nave durante varios días supone importantes desafíos de seguridad.
La antigua responsable describió la propuesta como un esquema de «barcos-prisión» y cuestionó qué leyes regirían durante las travesías internacionales y qué autoridad respondería ante un incidente. También quedan interrogantes sobre el alojamiento y las condiciones de detención.
Trickler-McNulty recordó que administraciones anteriores consideraron alternativas como barcos y trenes, aunque no avanzaron seriamente en ellas.
Los traslados marítimos tienen además un antecedente controvertido: durante una campaña de expulsiones de mexicanos en 1956, decenas de pasajeros saltaron de una embarcación cerca de Tampico y cinco murieron ahogados, según el recuento histórico citado por The New York Times.
Con información de The New York Times




