
Los movimientos militares de la administración de Donald Trump al sur del mar Caribe, frente a las aguas venezolanas, son insuficientes para desarrollar una invasión y poco discretos para intentar la extracción de un alto jerarca del régimen o del propio Nicolás Maduro. No obstante, el número y tipo de embarcaciones es sobredimensionado para realizar labores de interdicción contra el narcotráfico.
Llama la atención el tono de las autoridades norteamericanas cuando son consultadas al respecto. Las secretarias de Prensa y Justicia, y el secretario de Estado sostienen un duro discurso contra el régimen chavista, pero no menos llamativa resulta la prudencia y parquedad del propio Trump frente al tema. Más que una acción contra la dictadura, el movimiento de tropas parece estar en el terreno de las narrativas.
El gobierno republicano de los Estados Unidos está enviando un mensaje a sus bases latinas, especialmente en Texas y Florida descontentas por la política migratoria. Una posición fuerte contra el régimen venezolano reconecta con los electores que serán fundamentales para mantener las mayorías del Congreso en las elecciones intermedias del próximo año.
Del lado venezolano la situación se ha convertido en una oportunidad para avivar el discurso del enemigo externo, aumentar los controles y justificar el uso desproporcionado del aparato represor, exacerbado desde el fraude electoral del 28 de julio de 2024. Discurso y narrativas que encuentra en las palabras de los altos funcionarios norteamericanos la justificación para arremeter contra la oposición, las organizaciones de la sociedad civil o cualquiera que muestre el más mínimo atisbo de duda ante el régimen de Maduro.
El chavismo no tiene 4,5 millones de milicianos, a pesar de las “ordenes” de movilización. De hecho, el enlistamiento realizado en las plazas y parques de Venezuela el fin de semana pasado es una reedición de la vieja estrategia de persecución política de los “Carnets de la Patria”, las “Cajas Clap” o las firmas contra el denominado “Decreto Obama”. Aquellos ciudadanos que no se registren verán su acceso a los servicios del Estado limitados: pasaportes, bonos y medicinas.
No ha pasado desapercibido el apoyo del presidente Gustavo Petro a las narrativas del régimen. No es la primera vez, el mandatario ya ha hecho propia la narrativa según la cual Venezuela se está recuperando a pesar de la prevalencia de la Emergencia Humanitaria Compleja, o que los venezolanos se están regresando, sin embargo, desde que llegó al poder Petro han salido más 1,8 millones de venezolanos según los datos de la plataforma multiagencial R4V.
La diplomacia de trinos y el llamamiento al movimiento de tropas de Petro para articularse con el régimen pasa por alto la desconfianza inherente de los cuerpos de seguridad colombianos con las autoridades de la Revolución Bolivariana. Son mínimas las posibilidades de cooperación y coordinación cuando del lado venezolano el área de frontera es dominada principalmente por el ELN con anuencia del oficialismo. Incluso resulta políticamente llamativo, pocos personajes despiertan tanto rechazo en Colombia como Maduro.
Hace tres años el Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario en alianza con la Fundación Konrad Adenauer entregaron a las autoridades colombianas dos informes con el diagnóstico y algunas recomendaciones sobre el tema migratorio y la recuperación de la relación bilateral con Venezuela.
Con información de La Silla Vacía



