LA PAZ : EXHORTACIÓN UNIVERSAL.
Un llamado a la conciencia humana, a la justicia sin venganza y a la reconciliación del espíritu venezolano. Por: José Antonio Rangel Barón

➥ El autor es: ExDiplomático, Abogado, analista político internacional y especialista en asistencia migratoria en EE.UU.

Hay épocas en la historia en las que la humanidad se enfrenta a su propio abismo moral. Momentos en los que la oscuridad política, la violencia, la crueldad y el resentimiento colectivo alcanzan tal magnitud que la única salida posible ,como advertía Viktor Frankl, es elevar espiritualmente el pensamiento o sucumbir en la destrucción.

Hoy vivimos uno de esos tiempos. En Venezuela, en América Latina, en Europa, en Oriente Medio, en África.
La humanidad atraviesa un eclipse ético.

Y ante ese eclipse, urge una voz que recuerde lo esencial:
la paz verdadera es un acto de conciencia, no un accidente de la historia.

I. La tragedia universal de las guerras y el fracaso moral del liderazgo:

Desde la Grecia clásica, la guerra fue considerada una enfermedad del alma.
Heráclito dijo: “La guerra es el padre de todas las cosas”, pero también el destructor de todos los vínculos.
Tucídides observó que en tiempos de conflicto “las palabras cambian su significado” y la verdad se corrompe.
Kant, siglos después, definió la guerra como “la negación radical del derecho”.
Y el papa Francisco reafirma hoy: “En la guerra, todos pierden. Incluso los que creen ganar, pierden.”

No existe una guerra justa: no la hay, ni la habrá.
Hay líderes injustos, decisiones insensatas, pasiones desordenadas que desvían a los pueblos de la razón moral.

Como escribió Aristóteles:
“El gobernante debe ser, ante todo, gobernante de sí mismo.”

Cuando el liderazgo pierde la templanza, los pueblos pierden la paz.
Cuando el poder se ejerce sin ética, la política degenera en violencia.
Cuando la verdad es sustituida por la manipulación, la sociedad entra en su noche espiritual.

II. Venezuela: la herida moral de un pueblo que ha resistido más que sobrevivido:

Venezuela es uno de los territorios donde más hondo ha calado la fractura moral del mundo contemporáneo.
Durante más de un cuarto de siglo, un régimen ilegítimo devastó instituciones, quebró la esperanza pública y atacó sistemáticamente la dignidad del ciudadano.
La violencia política, la corrupción, la persecución, el exilio y la miseria espiritual generaron una herida profunda que hoy exige ser sanada;

Como diría Platón, el mal político es ante todo un mal del alma común.

Pero también es cierto, como afirmaba San Agustín, que:
“El mal no tiene sustancia propia; es ausencia del bien.”
Y la ausencia del bien en Venezuela no destruyó la raíz espiritual del país.

Porque Venezuela no es solo geografía, ni economía, ni territorio.
Venezuela es espíritu.
Un espíritu mariano, cristiano, solidario, compasivo y profundamente humano.

Ese espíritu ha sido ultrajado, pero no ha sido vencido.

III. El riesgo del resentimiento y la necesidad urgente de una justicia transicional sin venganza:

El peligro hoy no es únicamente político.
Es moral.

Existe el riesgo de que el resentimiento acumulado por años de dolor desemboque en una guerra social.
El dolor no resuelto se convierte en rabia.
La rabia no contenida se convierte en odio.
Y el odio, como enseñó Epicteto, es “la esclavitud más profunda del ser humano”.

Por eso, Venezuela necesita un proceso de justicia transicional completo, serio y digno:

• que investigue;
• que revele la verdad;
• que sancione los crímenes de lesa humanidad;
• que repare a las víctimas;
• que cierre las heridas desde la justicia, no desde la venganza.

Porque como advirtió Kant:
“La justicia, si perece, ya nada queda que tenga valor en la vida humana.”

Pero también debemos afirmar, con igual fuerza, que:
sin perdón no hay sanación, y sin sanación no hay futuro.

No el perdón ingenuo que exonera sin responsabilidad,
sino el perdón espiritual que libera al pueblo del veneno del odio.
Ese perdón que Cristo predicó como camino a la libertad interior,
y que los estoicos entendieron como el acto supremo de dominio propio.

IV. Un llamado directo al liderazgo venezolano e internacional

Esta exhortación también está dirigida al liderazgo que está llamado a conducir la transición en Venezuela.
Un llamado firme, respetuoso y esperanzador a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia, al nuevo liderazgo republicano, a la Fuerza Armada Nacional, a los poderes públicos que renacerán y a la comunidad internacional que acompañará este proceso:

La responsabilidad histórica de este liderazgo es monumental.
El país no puede reconstruirse desde la revancha.
Debe reconstruirse desde la verdad, la justicia, la ética y el espíritu.

Como enseñó Gandhi:
“No hay camino para la paz; la paz es el camino.”

Y como advertía Hannah Arendt:
“El poder surge cuando los hombres actúan juntos, no cuando se destruyen entre sí.”

Venezuela no puede repetir los ciclos de destrucción que han desangrado a otras naciones.
Nuestro camino debe ser distinto:
un camino espiritual, democrático, justo, moralmente elevado.

V. Hacia un manifiesto de reconciliación nacional:

La reconciliación no es olvidar.
No es negar lo ocurrido.
No es absolver sin responsabilidad.

La reconciliación es, como diría Nelson Mandela:
“Liberar el alma del miedo y del odio.”

Venezuela necesita liberar su alma.
Necesita recuperar su grandeza espiritual.
Necesita reencontrarse consigo misma.

Por ello este llamado es:

A Venezuela:

Para que renuncie al resentimiento y escoja el camino de la justicia sanadora.

Al mundo:

Para que abandone la lógica de la guerra y abrace la lógica de la dignidad humana.

A los líderes globales:

Para que recuerden que el poder político solo es legítimo si sirve a la paz.

A los venezolanos de la diáspora:

Para que sigan siendo testimonio de resiliencia, no de odio.

A las víctimas:

Para que encuentren justicia, reparación y verdad.

A quienes han cometido delitos graves:

Para que enfrenten su responsabilidad ante la ley, pero reciban un trato humano, sin linchamientos morales ni sociales.

VI. Conclusión: Solo la justicia con amor nos hará libres;

Venezuela está llamada a inaugurar un nuevo paradigma en el mundo:
la paz con justicia y con espíritu,
la reconciliación sin impunidad,
la verdad sin odio,
el perdón sin olvido,
la justicia sin venganza.

Como escribió Dostoyevski:
“La belleza salvará al mundo.”
Y esa belleza es el amor, la verdad y la dignidad humana.

Como proclamó Cristo:
“La verdad los hará libres.”

Como enseñó Marco Aurelio:
“La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella.”

Y como afirmó San Pablo:
“Vence el mal con el bien.”

Que estas palabras sirvan como luz en un tiempo de sombras.
Como puente entre el dolor y la esperanza.
Como llamado a la conciencia de los líderes del mundo.
Como plegaria espiritual para la humanidad.
Como exhortación histórica a Venezuela, para que renazca desde su alma.

Porque solo la justicia sin impunidad y con amor libera.
Solo el perdón sana.
Solo la verdad construye.

Y solo la paz , la verdadera, la profunda, la espiritual,
es capaz de inaugurar un nuevo destino para Venezuela

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