
Durante más de dos décadas, China y Rusia fueron pilares fundamentales para sostener al chavismo frente a presiones internacionales, sanciones económicas y crisis internas. Sin embargo, en el contexto actual —marcado por un despliegue militar estadounidense sin precedentes en el Caribe y una aguda pérdida de legitimidad del gobierno venezolano— ambas potencias parecen haber decidido limitar su apoyo a simples declaraciones diplomáticas.
Lo que alguna vez fue un eje geopolítico sólido, construido desde la llegada de Hugo Chávez en 1999, hoy se presenta debilitado, dejando a Nicolás Maduro frente a una crisis que enfrenta prácticamente en solitario.
De aliados imprescindibles a actores distantes
Cuando Maduro vivió su mayor crisis de legitimidad en 2019 tras unas elecciones denunciadas como fraudulentas, Pekín y Moscú rechazaron reconocer a Juan Guaidó como presidente interino y ofrecieron respaldo financiero y militar al mandatario venezolano. Ese apoyo incluyó asistencia técnica, préstamos millonarios y cooperación castrense.
No obstante, seis años después, la reacción es diametralmente distinta. Aunque ambos gobiernos han llamado a evitar la escalada y a mantener los cauces diplomáticos, no han demostrado intención de intervenir o brindar soporte directo que pueda modificar el escenario actual. Analistas consultados sostienen que, esta vez, Maduro enfrenta la coyuntura sin el amortiguador que antes representaban estas potencias.
Un contexto militar que altera los cálculos
La administración de Donald Trump ha desplegado unos 15.000 soldados y más de una quinta parte de la capacidad operativa de la Armada estadounidense frente a las costas venezolanas, bajo el argumento de combatir el narcotráfico. El operativo incluye al portaaviones más grande y moderno de Estados Unidos, lo que, según expertos, forma parte de una estrategia para aumentar la presión y precipitar un cambio de régimen en Venezuela.
Esta demostración de fuerza complica cualquier movimiento de China o Rusia para socorrer a Maduro. En 2018, Moscú llegó incluso a enviar bombarderos con capacidad nuclear y personal militar especializado; hoy, sus acciones se limitan a mensajes diplomáticos y expresiones de solidaridad.
Respaldo retórico frente a solicitudes no atendidas
Según documentos filtrados obtenidos por The Washington Post, Maduro pidió a China y Rusia asistencia militar para mejorar radares, reparar aviones Sukhoi y obtener misiles. Pero las respuestas han sido prudentes y vagas.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, evitó confirmar cualquier cooperación y se limitó a subrayar que mantienen “contacto constante” con Venezuela. María Zajárova, vocera del Ministerio de Exteriores ruso, reiteró su apoyo a la soberanía venezolana pero insistió en resolver el conflicto dentro de marcos legales.
Incluso declaraciones recientes del vicecanciller ruso Sergey Ryabkov, quien aseguró que su país camina “hombro con hombro” con Caracas, no se traducen en compromisos militares concretos.
En contraste, en circunstancias anteriores Rusia no dudó en desplegar personal y aeronaves para enviar un mensaje contundente a Washington.
Nuevas prioridades geopolíticas
Los analistas coinciden en que el escenario internacional ha cambiado de forma radical. Para Moscú, la guerra en Ucrania consume recursos financieros, capacidades militares y atención diplomática. Bajo ese desgaste, Venezuela se ha convertido en un asunto secundario.
China, por su parte, intenta estabilizar su relación con Estados Unidos ante tensiones comerciales persistentes. Tras una reunión considerada positiva entre Trump y Xi Jinping, Washington redujo parcialmente aranceles claves. Cualquier apoyo militar o económico a Maduro podría poner en riesgo esos avances.
Ambas potencias, además, buscan evitar sanciones adicionales o represalias comerciales que complicarían sus respectivas economías.
Pekín ajusta su estrategia con miras al futuro
Los préstamos chinos fueron esenciales para Venezuela entre 2005 y 2016, cuando recibió hasta 60.000 millones de dólares. Sin embargo, el colapso económico, el desplome petrolero y la incapacidad de pago llevaron a China a revaluar su relación con Caracas.
En los últimos años, Pekín ha reducido el flujo de créditos y se concentra en recuperar lo prestado. Analistas sostienen que China no desea comprometer sus intereses con un gobierno debilitado y busca mantener abiertos los canales con una eventual administración de transición. Apoyar en exceso a Maduro podría perjudicar sus relaciones futuras.
Elecciones cuestionadas y pérdida de legitimidad
La elección presidencial del año pasado —marcada por denuncias de fraude, falta de datos verificables y un resultado disputado por la oposición— debilitó aún más a Maduro ante la mirada internacional. Las actas difundidas por la oposición, liderada por María Corina Machado, señalaban a Edmundo González como ganador.
Esta pérdida de legitimidad interna, sumada al premio Nobel de la Paz otorgado a Machado, ha llevado a Moscú y Pekín a evaluar que Maduro ya no representa una apuesta sólida.
Un mandatario aislado en medio de una crisis creciente
El politólogo Vladimir Rouvinski resume la situación: “Maduro está completamente solo”. Aunque China y Rusia critican la intervención estadounidense, no están dispuestas a ofrecer apoyo decisivo.
El desenlace de esta crisis dependerá más de la capacidad del propio Maduro para resistir la presión externa y del alcance de las acciones de Trump, quien acusa al mandatario venezolano de liderar el Cartel de los Soles, ahora catalogado como organización terrorista.
El cambio de postura de Pekín y Moscú marca un punto de inflexión histórico en la política venezolana y deja claro que, esta vez, el mandatario enfrenta la tormenta sin los aliados que antes lo salvaron.
Con información de BBC Mundo



