
El presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Carlos Ortega, dio a conocer el “Manifiesto del 23 de Enero de 2026”, un documento político, social y programático que recoge la visión del movimiento sindical democrático venezolano ante el nuevo momento histórico que vive el país.
En el texto, Ortega hace una profunda reflexión sobre el significado histórico del 23 de enero de 1958, destacando que no fue solo la caída de una dictadura, sino el triunfo de una conciencia nacional basada en la libertad, la democracia y la defensa permanente de la República. A partir de ese legado, el manifiesto plantea que Venezuela se encuentra nuevamente ante un umbral histórico que exige responsabilidad, firmeza y un proyecto nacional compartido.
El autor valora el inicio de un proceso de transición política tras la captura del jefe del régimen, prófugo de la justicia internacional, con apoyo decisivo de los Estados Unidos, así como el liderazgo de María Corina Machado y el respaldo de la comunidad internacional democrática. No obstante, advierte que la democracia no puede construirse sobre un solo liderazgo ni mediante actos aislados de fuerza, sino sobre instituciones sólidas, libertades plenas, participación social organizada y un auténtico pacto nacional.
Uno de los ejes centrales del manifiesto es la exigencia de la liberación total, inmediata y no condicionada de todos los presos políticos, así como la restitución plena de la libertad de expresión para todos los ciudadanos. Ortega subraya que no puede hablarse de transición democrática mientras existan detenciones por razones políticas ni libertades administradas de forma parcial.
Desde la perspectiva de los trabajadores, el documento reivindica el papel histórico y protagónico del movimiento sindical en la reconstrucción nacional, exigiendo la restitución de las libertades sindicales, la rehabilitación de los líderes laborales perseguidos y el renacimiento de un sindicalismo democrático moderno, basado en la cogestión tripartita entre trabajadores, empresarios y Estado.
El manifiesto también propone un nuevo modelo de Estado: facilitador, ágil, transparente y garante de derechos, alejado del intervencionismo improductivo. Asimismo, plantea la necesidad de relanzar el aparato productivo nacional y de construir un nuevo Pacto Nacional democrático, inspirado en el espíritu del Pacto de Puntofijo de 1958, pero adaptado a los desafíos del presente.
En su llamado final, Carlos Ortega afirma que Venezuela no necesita salvadores, sino ciudadanos libres, instituciones fuertes, trabajo, libertad verdadera, reconciliación con justicia y un proyecto nacional compartido. El manifiesto concluye con una exhortación a convertir el espíritu del 23 de enero en una conducta permanente y a asumir, como en 1958, la responsabilidad histórica de reconstruir la República.



