
La economía venezolana volvió a encender todas las alarmas apenas días después de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. La segunda semana de enero cerró con una inflación semanal cercana al 10 %, el registro más elevado desde 2022, según cálculos de economistas independientes.
El dato, lejos de ser un episodio aislado, refleja la fragilidad estructural del sistema económico y el impacto inmediato que los acontecimientos políticos generan sobre los precios, el tipo de cambio y el poder adquisitivo de la población. En un país acostumbrado a convivir con la volatilidad, el reciente repunte confirma que la estabilidad sigue siendo una meta lejana.
Un salto inflacionario que rompe la tendencia reciente
El economista Asdrúbal Oliveros fue quien puso cifras concretas a la preocupación generalizada. A través de sus análisis, advirtió que la inflación registrada tras la incursión estadounidense y la captura de Maduro superó el umbral del 10 % en apenas una semana, un comportamiento que no se observaba desde hace casi tres años. Para los especialistas, este salto abrupto es una señal clara de que el mercado reaccionó con nerviosismo ante la incertidumbre política y la falta de referencias claras en el ámbito económico.
Oliveros subrayó que el fenómeno no puede entenderse únicamente como un efecto coyuntural. A su juicio, el repunte confirma que, mientras no se normalice el flujo de divisas hacia el mercado cambiario, cualquier intento de control de precios está condenado al fracaso. La inflación, explicó, responde de manera casi automática a la escasez de dólares y a la desconfianza en la moneda local.
El dólar paralelo como referencia dominante
Durante los días posteriores a la captura de Maduro, muchos comerciantes y proveedores optaron por fijar precios tomando como guía la cotización del USDT en la plataforma Binance, una referencia que llegó a superar los 800 bolívares por dólar, más del doble de la tasa oficial del Banco Central de Venezuela. Esa brecha generó un desorden inmediato: productos marcados a valores que cambiaban varias veces en un mismo día y consumidores incapaces de prever cuánto costaría una compra básica.
Aunque para el 13 de enero la cotización del USDT descendió y se movió entre 560 y 590 bolívares, los precios ya habían quedado anclados a los niveles más altos. El ajuste hacia abajo no se trasladó a los anaqueles, consolidando un fenómeno conocido para los venezolanos: los precios suben con rapidez, pero rara vez retroceden al mismo ritmo.
Advertencias sobre la estabilidad cambiaria
Para Oliveros, normalizar el mercado de divisas es una condición necesaria, pero no suficiente. Incluso con mayor oferta de dólares, advirtió, la inflación seguirá golpeando con fuerza si no se corrigen otros desequilibrios estructurales. El economista alertó que los sectores más vulnerables son los que pagan el costo más alto de estos episodios, al no contar con mecanismos de protección frente a la pérdida acelerada del valor del ingreso.
En paralelo, la tasa oficial del dólar ha mostrado un aumento sostenido durante los últimos diez meses. El 14 de enero se ubicó en 336,4 bolívares, confirmando una tendencia ascendente que alimenta las expectativas inflacionarias y refuerza la indexación informal de precios al tipo de cambio.
Precios por las nubes y salarios rezagados
En los mercados y supermercados, la percepción ciudadana coincide con los datos técnicos. Los consumidores denuncian incrementos abruptos en los alimentos básicos. En los últimos días, el kilo de carne se ha vendido entre 16 y 20 dólares, la leche ronda los 16 dólares, el queso blanco se acerca a los 9 dólares y medio cartón de huevos supera los 3,5 dólares. Para millones de familias, estas cifras resultan simplemente inalcanzables.
El deterioro se agrava por la continua devaluación del bolívar, que reduce día a día la capacidad de compra de los salarios. La canasta alimentaria, que en abril de 2025 ya se ubicaba por encima de los 500 dólares, permanece fuera del alcance de la mayoría de los hogares, especialmente en un contexto donde las estadísticas oficiales son escasas y las organizaciones independientes operan bajo presión.
Riesgo de una nueva espiral inflacionaria
El economista José Guerra, exdirector del Banco Central de Venezuela, ha advertido que el país podría estar entrando en la antesala de un nuevo ciclo hiperinflacionario. Según sus estimaciones, el dólar oficial podría cerrar enero entre 355 y 360 bolívares, siguiendo un ritmo de aumento diario cercano al 1,1 %. En términos anuales, explicó, ese comportamiento implica un crecimiento explosivo del tipo de cambio, con efectos directos sobre los precios.
Guerra recordó que en Venezuela existe una relación casi mecánica entre el dólar y el costo de los productos: cada incremento del 10 % en la divisa se traduce en un aumento similar en los bienes y servicios. Esa dinámica, sumada a la incertidumbre política y a la fragilidad institucional, crea un terreno fértil para una nueva espiral inflacionaria.
La inflación de dos dígitos registrada tras la captura de Nicolás Maduro no es un hecho aislado, sino el síntoma de una economía extremadamente sensible a los sobresaltos políticos y al desorden cambiario. Precios disparados, salarios pulverizados y expectativas negativas conforman un escenario complejo que amenaza con profundizar el deterioro social.
Sin reformas de fondo, normalización del mercado de divisas y señales claras de estabilidad, la economía venezolana seguirá atrapada en un ciclo donde cada crisis política se traduce, casi de inmediato, en una crisis en el bolsillo de la gente.
La semana siguiente a la incursión de Estados Unidos en Venezuela, la inflación semanal superó el 10%, el peor registro desde 2022.
El repunte evidencia que sin normalizar el flujo de divisas hacia el mercado cambiario, será imposible aspirar a estabilidad de precios.
Esa…
— Asdrúbal R. Oliveros (@aroliveros) January 14, 2026
Con información de El Pitazo



