
La captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores el 3 de enero de 2026 marcó un punto de quiebre en la historia reciente de Venezuela. Más allá del impacto político, el episodio dejó al descubierto la fragilidad de un sistema de defensa que, durante años, fue presentado como un bastión infranqueable.
Un alto oficial de la Aviación Militar Bolivariana, en una entrevista concedida a la periodista Sebastiana Barráez, ofreció un testimonio detallado sobre cómo Estados Unidos logró desmantelar la defensa aérea venezolana mediante una combinación de tecnología avanzada, planificación prolongada y fallas estructurales que se acumularon sin corrección. Su relato describe una operación de alta complejidad, ejecutada con exactitud milimétrica y apoyada en la superioridad informacional.
Una operación diseñada para extraer objetivos clave
Según el oficial, la denominada Operación Resolución Absoluta tuvo un propósito claro: la extracción con vida de los dos objetivos de mayor valor estratégico del régimen. La misión, explicó, se insertó dentro de un marco más amplio identificado como Lanza del Sur, en el que participaron unidades de élite estadounidenses, con apoyo de agencias de inteligencia.
La planificación no fue improvisada. Durante semanas —e incluso meses— se ejecutaron acciones previas orientadas a reconocer, medir y anticipar la respuesta del sistema defensivo venezolano. El resultado fue una incursión breve, silenciosa y eficaz, que redujo al mínimo la exposición de las fuerzas involucradas.
El corredor crítico y la neutralización del escudo
El foco de las acciones se concentró en un corredor sensible que abarca Miranda, Aragua, La Guaira y Falcón, una franja que debía estar resguardada por el Sistema Multicapa de Protección de Caracas. Allí operaban baterías de misiles de alcance medio Buk-M2E y plataformas antiaéreas desplegadas en puntos estratégicos como Higuerote, La Carlota, la Meseta de Mamo y zonas costeras.
De acuerdo con el testimonio, esas posiciones fueron neutralizadas o inutilizadas mediante ataques de precisión y técnicas de interferencia electromagnética. “Se despejó completamente el espacio aéreo”, afirmó el militar, lo que permitió el ingreso y salida de helicópteros con fuerzas especiales sin enfrentar una respuesta coordinada.
Radares expuestos y patrones previsibles
Uno de los aspectos más reveladores del relato apunta a la vulnerabilidad de los radares de origen chino empleados por Venezuela. Sistemas como el JYL-1, JH-12 y JY-27A, este último con tecnología AESA, presentaron debilidades que fueron explotadas de forma sistemática.
El problema, sostuvo el oficial, no fue un fallo aislado, sino una suma de errores estructurales: dependencia de arquitecturas exportadas, librerías de amenazas desactualizadas y una doctrina rígida que limitó la adaptación operativa. Los equipos emitían patrones repetitivos, con escasa rotación de modos y un control de emisiones prácticamente inexistente, lo que facilitó la captura de firmas espectrales completas por parte de Estados Unidos.
Sensores desconectados y mando fragmentado
El sistema defensivo, explicó, funcionaba como un conjunto de sensores aislados, sin integración real entre radares, guerra electrónica y mando y control. Esa desconexión impidió una respuesta flexible ante un adversario que combinó engaños temporales, cambios de firma y saturación cognitiva.
La falta de cohesión se agravó por deficiencias en el entrenamiento, escasa simulación realista y una dependencia crítica de técnicos extranjeros que no se encontraban en el país. El factor humano terminó siendo tan determinante como la tecnología.
El dominio del espectro electromagnético
A juicio del militar, el elemento decisivo fue el control total del entorno electromagnético. Estados Unidos logró mapear zonas de solapamiento, identificar huecos de cobertura y anticipar perfiles de operación. Con ese conocimiento, ejecutó una supresión progresiva de defensas sin activar una red adaptativa capaz de responder en tiempo real.
La operación demostró que, en conflictos contemporáneos, la información y la guerra electrónica pesan tanto como los misiles. “No se trató de fuerza bruta, sino de conocimiento”, resumió el oficial.
El testimonio del alto mando aéreo dibuja un escenario incómodo para la narrativa oficial: la caída del escudo defensivo venezolano no fue producto de un solo golpe, sino de años de decisiones mal corregidas. La captura de Maduro expuso un sistema rígido frente a un adversario flexible, preparado y paciente. Más allá del desenlace político, el episodio deja una lección estratégica: en la era del dominio del espectro y la precisión quirúrgica, la adaptación constante es tan vital como el armamento.
Con información de El Nacional



