Las últimas horas de Maduro en el poder: confianza, errores de cálculo y una captura fulminante

The New York Times conoció detalles de lo que sucedió antes de que empezara la 'Operación Resolución Absoluta' que terminó con la captura de Maduro

En la madrugada del 3 de enero, una operación militar de Estados Unidos puso fin al mandato de Nicolás Maduro en Venezuela. Aviones de combate ingresaron al espacio aéreo, atacaron instalaciones estratégicas y neutralizaron el anillo de seguridad presidencial antes de capturar al entonces mandatario y a su esposa, Cilia Flores.

Dos días después, el líder chavista comparecía ante un tribunal en Nueva York para escuchar cargos por narcotráfico. Un extenso reportaje de The New York Times, basado en entrevistas con altos funcionarios, aliados cercanos y fuentes estadounidenses, reconstruyó los días previos a la llamada “Operación Resolución Absoluta” y reveló un cuadro marcado por confianza excesiva, tensiones internas y cálculos errados sobre Donald Trump.

Una calma que anticipaba la tormenta

Según el diario estadounidense, mientras el Pentágono ultimaba detalles logísticos y una flota militar se posicionaba en el Caribe, Maduro celebraba el fin de año con serenidad en su residencia en Caracas. Compartió hallacas y pan de jamón con familiares y allegados, escuchó gaitas y envió mensajes de Año Nuevo a su círculo político.

Para el líder venezolano, el despliegue militar norteamericano formaba parte de una estrategia de presión diplomática y no de una ofensiva real. Interpretó la presencia de buques y aeronaves como un movimiento disuasivo destinado a forzar negociaciones, no como el preludio de una intervención.

La llamada con Trump: dos lecturas opuestas

El 21 de noviembre de 2025, Maduro y Trump sostuvieron una conversación telefónica de entre cinco y diez minutos. Fue el único contacto directo conocido entre ambos. Según personas familiarizadas con el intercambio, el tono fue cordial. Trump incluso invitó al mandatario venezolano a Washington, propuesta que este rechazó por temor a una emboscada, sugiriendo un encuentro en territorio neutral.

La conversación terminó sin acuerdos ni advertencias explícitas. No obstante, cada líder extrajo conclusiones distintas. Maduro creyó que aún existía margen para negociar y que el presidente estadounidense no ordenaría un ataque. Trump, en cambio, consideró que su interlocutor ignoraba el ultimátum para abandonar el poder.

Esa divergencia marcó el rumbo de los acontecimientos. Mientras Washington avanzaba en planes militares, Caracas confiaba en que el conflicto se resolvería mediante acuerdos económicos o diplomáticos.

Ofertas de exilio y advertencias ignoradas

Días después de la llamada, Maduro recibió un mensaje transmitido por el empresario brasileño Joesley Batista, quien había conversado con el secretario de Estado, Marco Rubio. La advertencia fue clara: debía abandonar el cargo.

El líder chavista desestimó el aviso. El 23 de diciembre llegó una propuesta final, gestionada por intermediación turca: Estados Unidos no lo procesaría judicialmente ni confiscaría bienes si aceptaba exiliarse. No se especificó destino. La oferta fue rechazada.

Funcionarios estadounidenses sostienen que tuvo múltiples oportunidades para negociar una salida. Sin embargo, el mandatario interpretó cada mensaje como una táctica de intimidación más que como una determinación irreversible.

Desconfianza en el entorno cercano

Mientras la presión externa aumentaba, el círculo íntimo de Maduro se tornaba más hermético. Según el reportaje, desconfiaba cada vez más de su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, a quien consideraba pragmática y con creciente poder tras asumir simultáneamente responsabilidades en Petróleo y Finanzas.

El temor a infiltraciones se extendió al ámbito militar y político. Un allegado relató que, a finales de diciembre, el mandatario recomendó no responder llamadas de números desconocidos, convencido de que existían “espías” operando en su entorno. Redujo reuniones sociales, canceló actos públicos y recurrió a mensajes pregrabados para radio y televisión.

La operación y el desenlace

En la madrugada del 3 de enero, el operativo se ejecutó con rapidez. Rodríguez se encontraba de vacaciones en Margarita cuando comenzaron los bombardeos selectivos. Tras la captura, funcionarios estadounidenses exigieron cooperación bajo la advertencia de nuevos ataques si no se confirmaba que Maduro seguía con vida.

La vicepresidenta voló a Caracas y asumió como presidenta interina. En cuestión de horas, el poder cambió de manos.

El cálculo final

Hasta el último momento, según fuentes citadas por el periódico, Maduro creyó que podía ofrecer a Trump un incentivo económico suficiente para evitar su caída. No asumió que la Casa Blanca lo considerara el principal obstáculo para una nueva etapa política en Venezuela.

La combinación de confianza excesiva, mensajes malinterpretados y desconfianza interna terminó por aislarlo en los días previos a su captura. El desenlace, abrupto y decisivo, puso fin a un ciclo político que durante años pareció inamovible.

El reportaje deja al descubierto no solo los movimientos estratégicos de Washington, sino también los errores de percepción que marcaron el ocaso del líder chavista en el poder.

Con información de EFE

 

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