
Al menos tres migrantes perdieron la vida y una cuarta persona resultó gravemente herida tras el naufragio de una embarcación en el Caribe panameño, en una ruta que muchos utilizan para regresar a Sudamérica desde Centroamérica. El accidente ocurrió este martes 10 de febrero en aguas de la comarca indígena de Guna Yala, cerca de la frontera con Colombia, cuando una lancha con 16 personas a bordo volcada en el mar durante su travesía hacia Puerto Obaldía.
La embarcación partió desde el puerto de Miramar, un punto costero del Caribe de Panamá utilizado frecuentemente por quienes emprenden el denominado flujo migratorio inverso: personas que regresan al sur tras ver frustrado su intento de llegar a Estados Unidos u otros destinos en el norte del continente.
Víctimas y sobrevivientes del vuelco
Las autoridades tradicionales de la región, reunidas en el Congreso General Guna Yala, informaron que entre los fallecidos se encontraban dos mujeres venezolanas y un hombre colombiano, mientras que otra mujer originaria de Venezuela fue rescatada con vida pero en estado reservado de salud y trasladada a un centro médico en la ciudad de Panamá.
Personal local y organismos de rescate trabajaron en el sitio para extraer a los migrantes que quedaron atrapados debajo de la embarcación tras el vuelco. Doce de los ocupantes lograron ser salvados, en medio de un escenario de oleaje y condiciones marítimas que dificultaron las operaciones.
La Autoridad Marítima de Panamá (AMP) confirmó las muertes y el grave estado de la cuarta persona, aunque no especificó detalles sobre la identidad de los sobrevivientes. Las investigaciones para esclarecer las causas del accidente y establecer responsabilidades ya han sido iniciadas por esa entidad.
Una ruta cada vez más utilizada
El trayecto marítimo entre Panamá y Colombia, aunque peligroso, es ahora una alternativa que muchos migrantes eligen para evitar las severas condiciones de la selva del Darién, el estrecho corredor de bosque que divide ambos países por tierra. La travesía terrestre se ha vuelto extremadamente difícil por las políticas restrictivas en Estados Unidos y las medidas implementadas por Panamá para cerrar pasos en esta región selvática, lo que ha desviado el flujo hacia la vía marítima en el Caribe.
Migrantes que no lograron continuar su camino hacia el norte después de largos meses de viaje comienzan a pagar por pasajes en embarcaciones privadas o, en algunos casos, en los denominados “barcos humanitarios”, facilitados por autoridades panameñas para facilitar el retorno a Sudamérica. Sin embargo, estas lanchas suelen ser pequeñas y vulnerables a los cambios meteorológicos y a las fuertes corrientes marinas en la zona.
El fenómeno de la migración inversa
La cifra total de migrantes que llegaron a Panamá en 2025 en este fenómeno de retorno ascendió a 22.833 personas, según cifras oficiales, y más del 90 % eran de nacionalidad venezolana, seguidos por ciudadanos provenientes de Colombia, Perú y Ecuador.
Esta tendencia contrasta con el dramático descenso de viajeros que cruzan la selva del Darién en dirección norte hacia Estados Unidos. En 2023, alrededor de 520.000 personas realizaron ese cruce, mientras que en 2024 la cifra se situó en más de 300.000, datos que reflejan la magnitud del fenómeno migratorio regional antes de los cambios en las políticas de inmigración y las restricciones implementadas por las autoridades estadounidenses y panameñas.
Se atribuye esta disminución significativa de cruces hacia el norte a la política migratoria rígida impulsada por la administración de Donald Trump, que incluyó deportaciones masivas y fuertes limitaciones internas, además de medidas fronterizas en Panamá diseñadas para bloquear rutas terrestres en la selva del Darién.
Peligros en la travesía por mar
Pese a que muchos migrantes consideran la ruta marítima como una opción menos arriesgada que atravesar la selva, la realidad demuestra que el Caribe panameño puede ser igualmente traicionero. Los botes en los que viajan no siempre cuentan con las medidas de seguridad necesarias, están a merced del clima y muchas veces operan sin regulaciones claras, exponiendo a quienes los abordan a consecuencias trágicas.
La comunidad indígena de Guna Yala, donde se produjo este naufragio, ha observado un aumento de embarcaciones con personas que buscan llegar a puertos fronterizos en Colombia, lo que ha sobrecargado recursos locales y generado llamados a las autoridades de Panamá y a organismos internacionales para mejorar la gestión y seguridad en estas rutas.
Un llamado a la atención internacional
El incidente de este martes se suma a otros casos que ponen en evidencia los riesgos de los movimientos migratorios no regulados. Aunque algunos sobreviven para narrar sus experiencias, las pérdidas humanas resaltan la urgencia de políticas que ofrezcan rutas seguras y gestionadas para aquellos que, tras intentos frustrados por entrar a Estados Unidos, buscan retornar a sus países de origen.
Esta tragedia en el mar recuerda que, detrás de las cifras de migración internacional, hay vidas humanas dispuestas a correr riesgos extremos en busca de seguridad, estabilidad o simplemente el regreso a casa. La comunidad internacional, gobiernos y organizaciones humanitarias enfrentan el desafío de abordar tanto las causas profundas de estas migraciones como las medidas necesarias para prevenir más tragedias como la registrada en el Caribe panameño.
Con información de EFE


