
Las fuerzas militares de Estados Unidos mantienen una vigilancia constante sobre la llamada “flota oscura” que opera en Venezuela, un grupo de buques petroleros que, según Washington, estaría evadiendo sanciones internacionales.
De acuerdo con reportes recientes, el jefe del Comando Sur de EE.UU. confirmó ante el Senado que estas embarcaciones están siendo monitoreadas de forma permanente, debido a su presunta participación en el transporte de crudo venezolano fuera de los canales legales.
La llamada “flota oscura” se caracteriza por utilizar tácticas para ocultar su actividad, como apagar sistemas de rastreo, cambiar nombres de barcos o navegar sin bandera, lo que dificulta su identificación en aguas internacionales.
Este seguimiento forma parte de una estrategia más amplia de Estados Unidos para controlar el flujo de petróleo venezolano y frenar operaciones que considera ilegales o vinculadas a financiamiento ilícito.
En los últimos meses, la presión ha aumentado. Operaciones navales han permitido incluso la intercepción de buques en el Caribe, lo que evidencia un mayor nivel de control y presencia militar en la región.
El tema no es menor: el movimiento de esta flota se ha convertido en un punto clave dentro del tablero geopolítico, en medio de tensiones entre Washington y Caracas, y en un contexto donde el petróleo vuelve a ser un factor estratégico global.




