
El gendarme argentino Nahuel Gallo, liberado el domingo después de más de 15 meses detenido en Venezuela, llegó a primeras horas del lunes 2 de marzo a Buenos Aires, donde fue recibido con emoción por su familia y representantes del Gobierno nacional.
El regreso fue posible gracias a un avión privado fletado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que transportó al cabo primero desde Caracas hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. La llegada marcó el final de una larga odisea que fue seguida con atención mediática y diplomática en Argentina y en la región.
Un regreso esperado por la familia y el Estado
La escena en Ezeiza fue de profunda emoción y alivio. Gallo, quien estuvo recluido en Venezuela desde el 8 de diciembre de 2024, fue recibido por su esposa, María Alexandra Gómez, y su hijo, en un encuentro que simbolizó el fin de una separación angustiante. Los primeros momentos del reencuentro —aun sin declaraciones públicas del gendarme— se vivieron entre abrazos y lágrimas, con cámaras registrando la llegada a distancia por respeto a la privacidad familiar.
Las autoridades argentinas esperaron su arribo junto a la familia. Entre los funcionarios presentes estuvieron el canciller Pablo Quirno, la senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich, la ministra actual de la misma cartera Alejandra Monteoliva y el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, provincia natal de Gallo. Su presencia marcó el peso institucional que el caso adquirió a lo largo de los meses de detención.
El papel de la AFA y la trayectoria del vuelo
La Asociación del Fútbol Argentino jugó un papel clave en la logística del regreso. Fue la primera entidad en anunciar la liberación del gendarme y organizar el avión privado que lo trajo a Argentina, con paradas técnicas en Guayaquil (Ecuador) y Arica (Chile) antes de arribar a Buenos Aires. En un comunicado difundido el domingo, la AFA destacó que “el fútbol” actuó “como un puente humanitario” para facilitar el retorno del efectivo.
La liberación de Gallo se concretó en el contexto de excarcelaciones y negociaciones diplomáticas en Venezuela tras cambios políticos recientes, que incluyeron la aprobación de una ley de amnistía y la salida de varios presos políticos. Su caso, sin embargo, había estado rodeado de incertidumbre y tensiones bilaterales entre Argentina y Venezuela, llevando al Gobierno argentino a denunciar que se trataba de una detención arbitraria y una “desaparición forzada”.
Antecedentes y contexto del caso
Gallo fue detenido al ingresar a Venezuela por tierra desde Colombia —cruzando el Puente Internacional Francisco de Paula Santander— con la intención de reunirse con su pareja e hijo pequeño, lo que su familia y autoridades argentinas han repetido como motivo legítimo de su viaje. Desde su arresto por parte de fuerzas venezolanas en diciembre de 2024, estuvo recluido sin acceso regular a asistencia consular ni procesos judiciales transparentes, lo que provocó reclamos formales por parte de Buenos Aires ante organismos internacionales.
Durante su detención, organizaciones de derechos humanos y el propio gobierno argentino denunciaron que el gendarme fue mantenido en condiciones que violaban sus derechos, calificando su situación como arbitraria y parte de un patrón de detenciones políticas en Venezuela. En diversas instancias, funcionarios de Argentina exigieron su liberación ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros foros multilaterales.
Reacciones oficiales y mensaje social
La recepción de Gallo en Buenos Aires no solo fue un momento familiar, sino también político. Las declaraciones de figuras como la secretaria del Foro Argentino para la Defensa de la Democracia, Elisa Trotta, quien celebró el retorno en redes sociales, reflejan el amplio apoyo ciudadano que cobró el caso durante su detención. Trotta escribió en X: “Ya Nahuel Gallo está en la Argentina… su templanza es tremenda. Bienvenido a casa.”
El Gobierno, por su parte, ha sido explícito en sus esfuerzos diplomáticos para conseguir el retorno de Gallo desde hace meses, utilizando canales formales e informales de diálogo con autoridades venezolanas y aliados internacionales para presionar por su liberación.
Un símbolo de disputa diplomática y humanidad
El caso de Nahuel Gallo trascendió el simple regreso de un ciudadano. Su situación durante los 15 meses de detención se convirtió en un símbolo de reclamo por la protección de los derechos humanos y el respeto al debido proceso, generando atención de la sociedad civil, organismos internacionales y medios de comunicación regionales.
La forma en que fue recibido —por su familia, funcionarios estatales y activistas— destaca la dimensión humana detrás de un hecho que partió de una historia de separación forzada y culminó con un reencuentro emotivo en Argentina. En un momento en que la política y el deporte se entrelazaron para facilitar su retorno, el caso pone de relieve cómo diferentes actores pueden converger cuando se trata de una causa humana de amplio impacto.
La llegada de Nahuel Gallo a Buenos Aires marca el cierre de un capítulo intenso y doloroso tanto para él como para su familia y para los sectores que siguieron el caso con atención durante más de un año. La combinación de gestiones diplomáticas, presión internacional y la participación de organizaciones como la AFA posibilitó su regreso tras 15 meses de detención, ofreciendo no solo alivio a sus seres queridos sino también una historia de perseverancia y solidaridad que resonó más allá de las fronteras.
Con información de El Pitazo
Así fue el primer abrazo entre Nahuel Gallo, @gg_alexand95764 y su hijo Víctor. pic.twitter.com/DBKIzSf1pa
— Elisa Trotta (@EliTrotta) March 2, 2026



