
En las últimas semanas, el Kremlin ha vivido un golpe a su política exterior con la pérdida de figuras aliadas estratégicas, lo que deja a Rusia en una posición más aislada frente a los acontecimientos globales.
Entre los eventos más significativos está la muerte del líder supremo de Alí Jamenei en medio de ataques militares coordinados por fuerzas estadounidenses e israelíes, que Putin calificó como un “asesinato” y una “violación cínica de todas las normas de derecho internacional”.
Esta muerte representa el más reciente de varios reveses para Moscú. En enero, el líder venezolano Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas de Estados Unidos, y previamente Rusia había visto la caída de otros aliados como el expresidente sirio Bashar al-Assad.
Aunque el Kremlin ha expresado condolencias y condenas, hasta ahora no ha ofrecido apoyo militar concreto a Irán ni ha podido contrarrestar estas pérdidas, lo que según analistas expone la fragilidad de sus alianzas internacionales.



