
En medio de una ciudad marcada por el dinamismo y los contrastes sociales, una casa de apariencia sencilla se ha convertido en un punto de transformación para cientos de venezolanos que buscan rehacer sus vidas en Colombia. Lejos de los reflectores institucionales, este espacio alberga una iniciativa que apuesta por la autosuficiencia, la creatividad y el fortalecimiento económico de familias migrantes.
Allí funciona la Fundación Juntos Se Puede, una organización que ha evolucionado desde la asistencia humanitaria hasta la construcción de oportunidades sostenibles. Su más reciente apuesta, un centro de innovación, pretende cambiar la narrativa de la migración: pasar de la urgencia a la autonomía, del auxilio inmediato al desarrollo a largo plazo.
Un refugio convertido en motor de oportunidades
Lo que a simple vista parece una vivienda común, en su interior alberga un ecosistema de ideas, aprendizaje y trabajo colaborativo. El centro no solo ofrece infraestructura, sino también acompañamiento técnico para que los participantes conviertan sus iniciativas en proyectos productivos.
Este modelo apuesta por la corresponsabilidad: la organización brinda herramientas, pero son los beneficiarios quienes impulsan sus propios negocios. En ese proceso, la confianza en sí mismos juega un papel fundamental.
Actualmente, decenas de propuestas lideradas principalmente por mujeres han comenzado a consolidarse. Muchas de ellas, jefas de hogar, encontraron en este espacio una alternativa frente a las barreras del empleo formal.
Historias que nacen desde la resiliencia
Entre las voces que dan vida al proyecto está la de Alya, una mujer que llegó a Colombia en busca de estabilidad. Ante la dificultad de acceder a un trabajo fijo, decidió emprender en el sector gastronómico.
Su experiencia refleja el impacto del programa: no solo adquirió conocimientos técnicos, sino que logró estructurar su idea y proyectarla como un negocio sostenible. Hoy, su actividad genera ingresos y le permite sostener a su familia.
Casos como el suyo se repiten en distintas áreas. Desde confección hasta creación de contenido, los participantes encuentran en el centro un lugar donde desarrollar habilidades y materializar aspiraciones.
Espacios para crear, producir y crecer
El lugar ha sido acondicionado para responder a diversas necesidades. Existen áreas destinadas a la elaboración de prendas, donde las participantes pueden diseñar, fabricar y comercializar sus productos.
También hay ambientes pensados para actividades intelectuales y creativas, como la escritura, la investigación o la producción digital. Esta diversidad permite que personas con distintos perfiles encuentren una vía para desarrollarse.
Uno de los primeros resultados visibles ha sido la publicación de una revista que recoge testimonios de migrantes. Este proyecto editorial no solo documenta experiencias, sino que también fortalece la identidad colectiva de quienes han atravesado procesos de desplazamiento.
De la asistencia a la autonomía
La iniciativa tiene sus raíces en 2019, cuando sus fundadores llegaron a Bogotá y enfrentaron las mismas dificultades que hoy buscan mitigar. En ese momento, las acciones se centraban en cubrir necesidades básicas, como alimentación o apoyo a comunidades vulnerables.
Con el paso del tiempo, comprendieron que la ayuda puntual no era suficiente. La solución debía ir más allá de la emergencia y enfocarse en generar capacidades.
Así nació el enfoque actual, basado en la formación y el emprendimiento. La idea es que las personas no dependan permanentemente de la asistencia, sino que construyan sus propios medios de sustento.
Un modelo integral de atención
El centro funciona bajo un esquema que aborda múltiples dimensiones de la vida de los migrantes. Además de formación empresarial, ofrece servicios de salud, asesoría legal y acompañamiento en procesos de regularización.
Este enfoque integral busca responder a las complejidades de la migración, entendida no solo como un fenómeno económico, sino también social y humano.
La organización ha ampliado su alcance y actualmente genera empleo, al tiempo que fortalece redes de apoyo entre los participantes.
Incidencia y nuevos desafíos
Más allá del trabajo comunitario, la fundación ha participado en espacios de análisis y discusión sobre la migración. A partir de la información recopilada en territorio, ha contribuido a visibilizar problemáticas relacionadas con los pasos fronterizos y la seguridad de los migrantes.
En los últimos años, también ha puesto atención en riesgos menos visibles, como la situación de personas perseguidas por razones políticas. Esto evidencia la necesidad de abordar el fenómeno migratorio desde múltiples perspectivas.
El derecho a comenzar de nuevo
El centro de innovación surge en un contexto en el que millones de venezolanos buscan integrarse en Colombia. La propuesta plantea que la migración no debe entenderse únicamente como una crisis, sino como una oportunidad para generar desarrollo.
El objetivo es claro: brindar herramientas para que las personas reconstruyan su proyecto de vida con dignidad y autonomía.
Aún quedan retos importantes, como la regularización de miles de migrantes y la reducción de la vulnerabilidad económica. Sin embargo, iniciativas como esta demuestran que es posible avanzar hacia soluciones sostenibles.
Una apuesta por el futuro
En un escenario donde la incertidumbre ha marcado la experiencia de millones de personas, este espacio representa una alternativa concreta para transformar realidades.
La combinación de formación, acompañamiento y oportunidades productivas ha permitido que muchas familias encuentren un nuevo propósito.
Más que un centro de emprendimiento, se trata de un lugar donde se reconstruyen historias, se recupera la confianza y se proyecta un futuro distinto. En cada proyecto que nace entre sus paredes, se refleja la capacidad de reinventarse y seguir adelante.
Con información de El Espectador


