
El nuevo pasaporte colombiano comenzó a operar oficialmente desde el 1 de abril, marcando un cambio significativo en el modelo de expedición de este documento clave para la movilidad internacional. El nuevo pasaporte colombiano, ahora bajo la responsabilidad directa del Estado a través de la Imprenta Nacional y con el apoyo técnico de Portugal, busca modernizar un sistema que, según el Gobierno, había quedado rezagado en términos de seguridad y tecnología.
Sin embargo, el inicio de esta nueva etapa no ha estado exento de cuestionamientos. Persisten dudas sobre su funcionamiento, los tiempos de transición y la capacidad operativa del nuevo esquema, lo que ha generado inquietud entre usuarios y expertos sobre la implementación real del modelo.
Nuevo pasaporte colombiano y el cambio de modelo estatal
El principal cambio en el sistema radica en la eliminación del modelo de tercerización que durante años estuvo en manos de la empresa Thomas Greg & Sons. Con la entrada en vigor del nuevo esquema, el Estado colombiano asume el control directo de la producción y personalización de los pasaportes.
De acuerdo con la gerente de la Imprenta Nacional, Viviana León, este cambio busca fortalecer la soberanía tecnológica y garantizar mayor control sobre un documento estratégico. La nueva estructura se basa en cooperación internacional con la Casa de la Moneda de Portugal, lo que permitirá transferencia de conocimiento y modernización progresiva.
El argumento central del Gobierno es que el modelo anterior presentaba deficiencias en materia de seguridad y actualización tecnológica. Según las autoridades, el pasaporte vigente no había sido renovado en una década, lo que lo convertía en un documento vulnerable frente a estándares internacionales.
Tecnología y seguridad en el nuevo pasaporte colombiano
Uno de los elementos más destacados del nuevo pasaporte colombiano es la incorporación de tecnología avanzada. Las nuevas libretas incluirán microchips, sistemas de lectura electrónica, tinta metálica, fotografías con efectos de seguridad y diseños gráficos integrados.
Estas características buscan reforzar la autenticidad del documento y reducir riesgos de falsificación. Además, los elementos visuales incorporan referencias a la biodiversidad, la historia y la cultura del país, lo que también le otorga un componente simbólico.
Sin embargo, a pesar de la implementación tecnológica, estos nuevos pasaportes aún no están siendo entregados al público. El Gobierno ha decidido agotar primero el inventario existente, compuesto por aproximadamente 60.000 libretas producidas bajo el modelo anterior.
Esta decisión forma parte de un proceso de transición que se extenderá durante varios años, lo que implica que ambos modelos convivirán temporalmente en el sistema.
Dudas sobre la operación del nuevo modelo
A pesar de los avances anunciados, el nuevo pasaporte colombiano enfrenta interrogantes importantes en su fase inicial. Uno de los principales puntos de preocupación tiene que ver con la ausencia de aseguradoras dispuestas a asumir los riesgos asociados al contrato de expedición.
Esta situación ha generado incertidumbre sobre la estabilidad del proceso y la capacidad de respuesta ante posibles fallas. Además, se han reportado contratiempos en la logística de entrega, lo que podría afectar la eficiencia del servicio.
Otro elemento que añade complejidad es la existencia de procesos legales en curso. La demanda presentada por la Procuraduría General, y la oposición del Gobierno a su resolución en ciertas instancias, introduce un factor de tensión institucional que podría incidir en el desarrollo del modelo.
Estas condiciones reflejan que, aunque el sistema ya está en funcionamiento, aún enfrenta desafíos que deben resolverse para garantizar su consolidación.
Capacidad operativa y apoyo internacional
El nuevo esquema cuenta con el respaldo técnico de Portugal, que ha aportado maquinaria y conocimiento especializado. Actualmente, la Imprenta Nacional dispone de tres máquinas capaces de personalizar entre 600 y 700 pasaportes por hora.
Esta capacidad representa un avance en términos de producción, ya que permite reducir la dependencia de proveedores externos. Además, el objetivo es que, en un plazo de diez años, Colombia logre autonomía total en la emisión de pasaportes.
El acompañamiento internacional será clave durante este periodo de transición, especialmente en procesos técnicos como almacenamiento, encuadernación y personalización de las libretas.
No obstante, el éxito del modelo dependerá de la capacidad del Estado para mantener la eficiencia operativa y garantizar la continuidad del servicio sin interrupciones.
Trámite y atención al público en la transición
El Ministerio de Relaciones Exteriores ha confirmado que el servicio de expedición de pasaportes continuará operando con normalidad durante el mes de abril. Los ciudadanos podrán realizar sus trámites en los horarios habituales, tanto en días hábiles como los sábados en jornada parcial.
Sin embargo, se han establecido algunas excepciones, como la suspensión del servicio durante los días festivos de Semana Santa. Estas medidas buscan organizar la transición sin afectar de manera significativa a los usuarios.
A pesar de estas garantías, la percepción pública se mantiene cautelosa. La coexistencia de dos modelos y las dudas sobre la implementación generan incertidumbre entre quienes requieren el documento de forma urgente.
Implicaciones del nuevo pasaporte colombiano en el largo plazo
Más allá de los retos iniciales, el nuevo pasaporte colombiano representa una apuesta por fortalecer la capacidad del Estado en la gestión de documentos oficiales. La transición hacia un modelo autónomo podría tener implicaciones positivas en términos de seguridad, eficiencia y soberanía.
Además, la modernización tecnológica posiciona al país en línea con estándares internacionales, lo que podría facilitar procesos migratorios y mejorar la percepción global del documento.
Sin embargo, este proceso también implica desafíos significativos. La inversión en infraestructura, la capacitación del personal y la resolución de problemas operativos serán determinantes para el éxito del proyecto.
El inicio del nuevo pasaporte colombiano marca un cambio estructural en la forma en que el país gestiona uno de sus documentos más importantes. La transición hacia un modelo estatal con apoyo internacional representa una oportunidad para modernizar el sistema y fortalecer su seguridad.
No obstante, las dudas sobre su funcionamiento y los retos operativos evidencian que el proceso aún está en una fase de ajuste. La capacidad del Gobierno para resolver estos desafíos será clave para garantizar la confianza de los ciudadanos y la estabilidad del servicio.
En un contexto donde la movilidad internacional sigue siendo una necesidad creciente, el nuevo pasaporte colombiano deberá demostrar que puede responder a las exigencias actuales y futuras, consolidándose como una herramienta eficiente, segura y confiable.
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Con información de El Colombiano




