Empleo formal cae en Colombia

Empleo formal en Colombia muestra señales de deterioro pese a la baja tasa de desempleo registrada en marzo de 2026

El empleo formal en Colombia muestra señales de deterioro, pese a que la tasa de desempleo de marzo de 2026 llegó al 8,8 %, el registro más bajo para ese mes desde 2001.

Aunque el Gobierno celebró la cifra como un avance histórico, varios indicadores del Dane, el Banco de la República y analistas económicos muestran un panorama más complejo: el trabajo por cuenta propia crece, la industria pierde puestos, el agro retrocede y el sector público gana participación dentro de la ocupación nacional.

Empleo formal bajo presión tras el aumento del mínimo

El mercado laboral colombiano atraviesa una paradoja. La desocupación baja, pero la calidad del trabajo se debilita. En los últimos 12 meses, el país generó cerca de 650.000 empleos. Sin embargo, 457.000 corresponden a trabajadores por cuenta propia. Esto significa que siete de cada diez nuevos ocupados no ingresaron a una empresa con contrato laboral, prestaciones y estabilidad, sino que salieron a buscar ingresos por su cuenta.

Ese dato cambia la lectura del 8,8 % de desempleo. La cifra no necesariamente refleja una expansión sólida del empleo privado. También puede mostrar que muchas personas encontraron alguna actividad económica para sobrevivir, aunque esa ocupación no les garantice protección social ni ingresos estables.

El aumento del salario mínimo de 23 % aparece como uno de los factores que más debate genera entre economistas y analistas. Algunos sostienen que la medida elevó los costos laborales y redujo la capacidad de contratación de las empresas. Según esa mirada, el beneficio inmediato llegó a quienes ya ganaban el mínimo, pero el costo se trasladó a quienes buscaban un empleo formal o dependían de sectores con baja productividad.

Mateo Castaño, magíster en Finanzas de Eafit, ordenó cuatro datos que, según su análisis, muestran el impacto de ese incremento. El primero aparece en las 13 principales ciudades, donde se concentra buena parte del empleo empresarial. Allí, la tasa de desempleo desestacionalizada pasó de 8,1 % en diciembre a 9,0 % en marzo. Ese movimiento sugiere un deterioro urbano que todavía no se ve con la misma fuerza en la cifra nacional.

El segundo indicador golpea directamente la formalidad. La tasa de trabajadores que ganan al menos un salario mínimo y cotizan a salud y pensión cayó de 40 % a 34 % en apenas tres meses. Franz Hamann-Salcedo, investigador del Banco de la República, calculó que esa caída llevó la formalidad a su nivel más bajo desde febrero de 2022. Para varios expertos, ese retroceso no representa una variación menor, sino una pérdida rápida de avances laborales acumulados.

Juan Carlos Guataquí, economista de la Universidad Nacional, añadió un matiz importante. Explicó que esas cifras no miden únicamente empleo asalariado, sino ocupados con seguridad social que además superan el salario mínimo legal vigente. También advirtió que la evasión al mínimo ya alcanzaba niveles altos antes del aumento. En otras palabras, la informalidad no nació con el alza salarial, pero el nuevo costo pudo acelerar una tendencia que ya venía debilitando el mercado.

Industria, agro y empresas pierden dinamismo

La composición del empleo revela otro problema. Mientras el trabajo por cuenta propia aumenta, sectores productivos como la industria manufacturera y el agro pierden fuerza. La manufactura destruyó 166.000 puestos y el sector agropecuario redujo 242.000 empleos. Estos rubros suelen generar encadenamientos, exportaciones, demanda de insumos y mayor productividad. Por eso, su caída preocupa más que una simple variación estadística.

César Tamayo, economista de Eafit e investigador de Valor Público, advirtió que el primer trimestre de 2026 registró la peor creación de empleo asalariado particular en la historia reciente del país, con excepción del confinamiento por covid-19. Su lectura apunta a un quiebre desde enero, cuando el empleo en empresas empezó a alejarse de la tendencia anterior.

La frase “se está destruyendo la buena economía” resume esa inquietud. El país no solo necesita ocupación; necesita puestos de trabajo con contrato, productividad, cotización, capacitación y estabilidad. Cuando una economía sustituye empleos empresariales por rebusque, reduce la calidad del ingreso y debilita la seguridad social.

Andrés Langebaek, economista de la Universidad de los Andes, reforzó ese diagnóstico con otro indicador. El promedio móvil de la variación anual de ocupados en las 13 principales ciudades pasó de 3,7 % en diciembre de 2025 a 1,1 % en marzo de 2026. La desaceleración resulta visible y afecta sectores como construcción, comercio, alojamiento, servicios de comida e industria manufacturera.

La paradoja se hace más fuerte cuando se observa el crecimiento del sector público ampliado. Administración pública, defensa, educación y salud sumaron 369.000 ocupados. Esto implica que uno de cada seis nuevos trabajadores del último año se ubicó en áreas vinculadas al Estado. Ese aumento puede reducir el desempleo en el corto plazo, pero no siempre refleja una mejora sostenible del empleo privado.

Juliana Morad, directora del Departamento Laboral de la Javeriana, explicó que parte de esa ocupación puede corresponder a contratos de prestación de servicios. Estos acuerdos cuentan como ocupación, pero no equivalen necesariamente a empleos laborales formales con estabilidad, prestaciones y protección plena.

El rebusque gana espacio en el mercado laboral

El crecimiento del trabajo por cuenta propia muestra cómo muchas personas responden a la falta de oportunidades formales. Cuando alguien pierde su empleo o no consigue una vacante en una empresa, busca alternativas: vende productos, presta servicios por horas, trabaja por días, asesora clientes o realiza actividades informales para generar ingresos inmediatos.

Ese comportamiento reduce la tasa de desempleo, pero no mejora de forma automática la calidad de vida. Un trabajador independiente puede aparecer como ocupado en las estadísticas, aunque no tenga ingresos fijos, cotización regular, vacaciones, prima, cesantías ni estabilidad. Por eso, la discusión laboral no puede limitarse a cuántas personas trabajan; también debe preguntar en qué condiciones lo hacen.

Isabel Cristina Rincón, directora del Doctorado en Ciencias Administrativas de la Udes, planteó tres factores estructurales detrás de esta situación. El primero es la caída de la productividad en sectores como industria y manufactura. El segundo es el autoempleo como salida ante la falta de plazas formales. El tercero es el bajo crecimiento económico, que limita la capacidad del sector privado para contratar y sostener nóminas.

Germán Machado, profesor de Economía de la Universidad de los Andes y el Cesa, también alertó sobre el deterioro. Según su análisis, en 2026 se han perdido miles de empleos diarios en empresas. Además, señaló que la reforma laboral y el aumento del salario mínimo elevan los costos de contratación y reducen los incentivos para generar plazas formales.

El problema también aparece en los empleadores. Jorge Rodríguez Alarcón, profesor de la Universidad Nacional, calculó que el número de empresarios y profesionales que contratan asalariados cayó de forma sostenida desde comienzos de la década de 2010. El país tenía entonces cerca de 948.000 empleadores; hoy registra casi 250.000 menos. Además, una parte importante de quienes aún contratan opera en la informalidad.

El caso del Valle de Aburrá muestra que incluso las regiones con buen desempeño pueden perder impulso. En 2025, el área metropolitana vivió un ciclo positivo, con más trabajadores dependientes formales y menos cuentapropistas informales. Sin embargo, en el primer trimestre de 2026, la ocupación cayó 1 % frente al mismo periodo anterior y la población desocupada aumentó 33 %. La excepción regional empezó a desaparecer.

El panorama deja una advertencia clara: Colombia puede mostrar una tasa de desempleo baja y, al mismo tiempo, enfrentar un deterioro en la estructura del trabajo. El país necesita mirar más allá del porcentaje general y evaluar la calidad de los empleos que crea. Si el crecimiento se concentra en el rebusque, los contratos temporales y el gasto público, la economía perderá capacidad para construir estabilidad laboral.

El reto para los próximos meses consiste en recuperar el dinamismo empresarial, evitar más pérdidas en sectores productivos y diseñar políticas que no castiguen la contratación formal. De lo contrario, la baja desocupación podría esconder una realidad más frágil: menos empresas contratando, más trabajadores sin protección y una economía que ofrece ocupación, pero no siempre progreso.

Con información de El Colombiano

 

 

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad