
Trump y elecciones en Colombia se cruzan en el tramo final de la campaña presidencial, en medio de un escenario marcado por la polarización, la seguridad y un empate técnico entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, según el sondeo citado.
La medición atribuye a Cepeda el 39,1 % de la intención de voto y a De la Espriella el 38,9 %, una diferencia mínima que deja abierta la disputa de cara a la primera vuelta del 31 de mayo de 2026, fecha confirmada por la Registraduría Nacional para elegir presidente y vicepresidente.
Trump y elecciones en Colombia: un factor externo en la campaña
El eventual respaldo de Donald Trump a Abelardo de la Espriella aparece como uno de los puntos más llamativos del estudio. De acuerdo con la encuesta mencionada, el 48 % de los votantes consultados afirmó que un apoyo del presidente estadounidense aumentaría su probabilidad de votar por el candidato colombiano. En contraste, el 19 % dijo que ese respaldo reduciría esa posibilidad y el 26 % aseguró que no cambiaría su decisión.
Ese dato introduce un elemento poco común en una elección presidencial colombiana: la influencia directa de una figura extranjera en la preferencia de los votantes. Trump conserva un peso importante en sectores conservadores, de derecha y de opinión pública internacional por su discurso de seguridad, migración, economía y confrontación con la izquierda. Por eso, una señal explícita a favor de De la Espriella podría reforzar la narrativa de orden, autoridad y alineamiento con Washington que el candidato intenta proyectar.
Sin embargo, ese respaldo también podría generar rechazo en otros sectores. En Colombia, la relación con Estados Unidos siempre despierta lecturas divididas. Para algunos votantes, el apoyo de un presidente estadounidense puede representar cercanía diplomática, cooperación en seguridad y afinidad ideológica. Para otros, puede sugerir injerencia externa, pérdida de autonomía o una campaña demasiado dependiente de símbolos internacionales.
La encuesta se realizó entre el 8 y el 11 de mayo de 2026, con 1.000 votantes probables y un margen de error de más o menos 3 puntos porcentuales, según los datos aportados en el texto base. Ese margen resulta clave para interpretar el empate técnico. La diferencia entre Cepeda y De la Espriella no permite hablar de una ventaja consolidada. Más bien muestra una competencia abierta, donde cualquier movimiento, alianza o error de campaña puede alterar el resultado.
El factor Trump, entonces, no aparece como un detalle anecdótico. Puede convertirse en un elemento movilizador dentro de una elección muy ajustada. Si el respaldo aumenta la participación de votantes afines a De la Espriella, podría inclinar sectores indecisos de derecha. Pero si activa resistencia en el centro o en votantes moderados, también podría producir el efecto contrario.
Seguridad nacional domina la disputa presidencial
La campaña colombiana llega a su recta decisiva con la seguridad como uno de los temas centrales. El ataque atribuido a disidencias de las FARC en abril, que dejó 19 personas fallecidas, elevó la presión sobre los candidatos y debilitó la confianza en las estrategias de negociación con grupos armados. Reportes de prensa ubicaron el hecho en Cauca y señalaron que un artefacto explosivo impactó a civiles en la vía Panamericana.
Ese episodio golpeó el debate sobre la política de “paz total” impulsada por Gustavo Petro durante su gobierno. El presidente apostó por abrir diálogos con estructuras armadas y criminales, pero los resultados contradictorios, los ataques recientes y los incumplimientos denunciados han fortalecido a quienes proponen una respuesta más dura frente a las disidencias.
Según el sondeo citado, De la Espriella aparece como el candidato mejor posicionado para gestionar la crisis de seguridad. El 35 % de los encuestados lo eligió como la figura con mayor capacidad para enfrentar el problema, frente al 24 % que mencionó a Cepeda y el 18 % que escogió a Paloma Valencia.
Ese indicador ayuda a explicar el avance de De la Espriella. Su campaña ha construido un discurso centrado en autoridad, lucha contra el crimen y rechazo a las concesiones frente a grupos armados. En un ambiente de temor, indignación y cansancio ciudadano, ese mensaje puede conectar con votantes que consideran insuficiente la estrategia de negociación.
Cepeda, en cambio, representa la continuidad de una visión más cercana al diálogo político y a la implementación de acuerdos de paz. Su fórmula con Aida Quilcué intenta sostener una agenda progresista, territorial y de derechos, pero la campaña enfrenta el desafío de responder a la preocupación por la violencia sin quedar atrapada en la defensa automática del gobierno saliente.
Paloma Valencia ocupa un tercer lugar en el sondeo, con 20 % de intención de voto. Aunque esa cifra la deja rezagada frente a los dos punteros, su caudal puede resultar decisivo si la elección pasa a segunda vuelta. La Registraduría contempla una eventual segunda ronda el 21 de junio de 2026 si ningún candidato supera el 50 % de los votos válidos en primera vuelta.
Alianzas y segunda vuelta pueden redefinir el tablero
El escenario electoral colombiano no depende solo de los porcentajes actuales. También pesan las alianzas, los respaldos regionales, la transferencia de votos y la capacidad de cada campaña para mantener cohesión en una eventual segunda vuelta. En una competencia tan cerrada, los apoyos de partidos, clanes políticos y figuras internacionales pueden adquirir un peso superior al habitual.
En los últimos días, De la Espriella recibió señales de apoyo desde sectores tradicionales. El País informó que el clan Char decidió respaldar su candidatura en el Caribe, una región clave por su peso electoral y por la disputa entre fuerzas de derecha, izquierda y estructuras políticas locales.
Cepeda también ha sumado adhesiones relevantes. Luis Gilberto Murillo, excanciller y exembajador en Estados Unidos, anunció su respaldo a la candidatura de Cepeda y Aida Quilcué, lo que fortaleció la apuesta de la izquierda por ampliar su base más allá del núcleo del Pacto Histórico.
Paloma Valencia, por su parte, conserva un papel estratégico. Aunque el sondeo la ubica en tercer lugar, sus votantes podrían definir una segunda vuelta. El Espectador reseñó que Cepeda y Valencia cuentan con apoyos de varias colectividades, mientras De la Espriella ha construido una campaña que combina discurso independiente con guiños de sectores políticos tradicionales.
La pregunta central es cómo se moverán esos electores si la contienda queda entre Cepeda y De la Espriella. Una parte del voto de Valencia podría inclinarse hacia el candidato más cercano en seguridad y agenda ideológica. Pero otro sector podría evaluar experiencia, gobernabilidad, alianzas y capacidad de negociación institucional.
Allí vuelve a entrar el posible respaldo de Trump. Para De la Espriella, una bendición política desde Washington podría reforzar su imagen de candidato alineado con una derecha internacional fuerte. Para Cepeda, ese mismo gesto podría servir como argumento para defender una campaña basada en soberanía, autonomía y distancia frente a la política exterior estadounidense. Para Valencia, podría presionar a sus votantes a decidir entre afinidad ideológica y cálculo electoral.
La elección presidencial colombiana entra así en una fase donde cada señal importa. El ataque de abril cambió el tono de la discusión sobre seguridad. Las alianzas regionales movieron el tablero territorial. Los respaldos de figuras nacionales reordenan bloques partidistas. Y el nombre de Trump introduce una variable externa que puede movilizar, dividir o consolidar votos.
El 31 de mayo medirá algo más que la intención de voto de los candidatos. También mostrará qué narrativa pesa más en el electorado: la continuidad de una agenda de paz, la promesa de mano dura, la experiencia de los partidos tradicionales o la influencia de una derecha internacional que observa a Colombia como una pieza clave de la región.
Con información de Infobae




