
Los analistas Josh Birenbaum y Susan Soh advirtieron en un artículo publicado por el New York Post que la expansión de la minería ilegal de oro en Venezuela se ha convertido en una importante fuente de financiamiento para organizaciones criminales y grupos armados que operan en la región.
Los autores sostienen que el incremento del valor del oro ha impulsado una actividad que, según afirman, está vinculada a graves violaciones de derechos humanos, explotación laboral de menores y el fortalecimiento de redes delictivas transnacionales.
De acuerdo con el análisis, el comercio ilícito del mineral genera miles de millones de dólares al año y habría desplazado incluso al narcotráfico como una de las principales fuentes de ingresos para algunas organizaciones criminales en Sudamérica.
Birenbaum y Soh también señalan que sustancias como mercurio, cianuro y arsénico utilizadas en la extracción y procesamiento del oro representan un riesgo para comunidades enteras y contribuyen al deterioro ambiental en zonas mineras de la región.
Los autores sostienen que la combinación de corrupción, falta de control estatal y presencia de grupos armados ha convertido a Venezuela en un punto clave dentro de las rutas del comercio ilegal de oro que abastecen mercados internacionales.



