Cuando gobernar se convierte en un espectáculo | Por Miguel Eduardo Mundo

El autor es periodista venezolano residenciado en Estado Unidos

Entre anuncios contradictorios, discursos que cambian de un día para otro y una política diseñada para generar impacto antes que soluciones, la ciudadanía corre el riesgo de acostumbrarse a la confusión. Y cuando eso ocurre, la democracia comienza a pagar un precio muy alto.

LA POLÍTICA DEL IMPACTO INMEDIATO

Vivimos una época en la que la política parece competir con las plataformas de entretenimiento. Cada día trae una declaración más escandalosa que la anterior, una nueva polémica, un nuevo enemigo, un nuevo titular diseñado para monopolizar la conversación pública durante apenas unas horas… hasta que llega el siguiente.

La velocidad con la que se consume la información ha terminado influyendo también en la forma de gobernar.

Ya no basta con administrar bien. Ahora parece necesario mantener permanentemente cautiva la atención del público.

Y ese fenómeno tiene consecuencias.

Durante los últimos días hemos visto anuncios sobre inmigración que se contradicen en cuestión de horas. Se anuncian supuestos cambios de estrategia, se generan expectativas y, poco después, todo vuelve al punto de partida. Mientras tanto, miles de familias continúan viviendo bajo el mismo temor de siempre: salir de casa sin saber si podrán regresar.

CUANDO LA INCERTIDUMBRE TAMBIÉN GOBIERNA

La incertidumbre termina convirtiéndose en una herramienta política, pero no ha sido el único ejemplo.

También hemos escuchado repetidas afirmaciones sobre conflictos internacionales que supuestamente habían terminado… mientras los propios acontecimientos demostraban exactamente lo contrario.

Cuando la realidad deja de importar más que el discurso, la política entra en un terreno peligroso.

No porque un gobernante se equivoque, todos pueden hacerlo, el verdadero problema aparece cuando la contradicción deja de generar sorpresa y comienza a verse como algo normal.

Entonces ya no discutimos hechos, discutimos narrativas. Y las narrativas, por definición, siempre encuentran una manera de justificar cualquier cambio de versión.

EL PELIGRO DE VIVIR ENTRE NARRATIVAS

Quizá por eso recordábamos esta semana a Don Quijote.

No porque sea un personaje ridículo, sino porque representa la enorme capacidad del ser humano para convencerse de que los molinos son gigantes cuando decide ignorar la realidad.

La diferencia es que, en la literatura, las fantasías terminan afectando únicamente al protagonista; en la política, las fantasías afectan a millones de personas.

Especialmente cuando se traducen en decisiones que impactan la economía, la migración, la seguridad internacional o los derechos civiles.

LAS TRAGEDIAS QUE DESAPARECEN DEMASIADO RÁPIDO

Mientras tanto, la tragedia continúa golpeando a otros pueblos.

Venezuela sigue intentando levantarse después de una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente. Miles de familias continúan enfrentando pérdidas irreparables y reconstruyendo sus vidas lejos de los reflectores internacionales.

Sin embargo, las grandes discusiones políticas parecen durar mucho más que el interés por quienes realmente necesitan ayuda.

Esa también es una forma de espectáculo, nos indignamos durante unas horas, compartimos algunas publicaciones y rápidamente aparece un nuevo tema que desplaza al anterior.

DEMOCRACIA O ESPECTÁCULO

Quizá ese sea uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

No permitir que el ruido sustituya a la reflexión, no aceptar que la contradicción se convierta en normalidad, no dejar que la política se reduzca a una sucesión interminable de titulares diseñados para captar atención.

Porque gobernar no debería consistir en producir el próximo espectáculo.

Debería consistir en resolver los problemas de la gente.

Y cuando una democracia comienza a premiar más el impacto que la verdad, más el escándalo que los resultados y más la confrontación que las soluciones, todos terminamos perdiendo, independientemente de nuestra ideología o del candidato por el que hayamos votado.

La política puede ser apasionante, pero jamás debería convertirse en un simple show.

@miguelmundo

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad