
Los devastadores terremotos del pasado 24 de junio no solo dejaron miles de víctimas y una profunda crisis humanitaria en Venezuela, sino que también reabrieron el debate sobre la calidad de las edificaciones construidas bajo la Gran Misión Vivienda Venezuela, uno de los programas más emblemáticos del chavismo.
En Playa Grande, estado La Guaira, decenas de edificios del urbanismo Hugo Chávez quedaron severamente dañados o colapsaron, dejando escenas de destrucción y dolor entre sus habitantes.
Una de ellas es Karolyn Sánchez, de 37 años, quien aún intenta recuperar algunas pertenencias del apartamento donde vivía junto a su familia. Su edificio quedó inclinado sobre los escombros tras el sismo, obligándola a escalar por ventanas y estructuras inestables para rescatar ropa, utensilios de cocina y otros objetos.
«Murieron siete personas en este edificio», relató entre lágrimas, recordando que fueron los propios vecinos y familiares quienes, durante horas e incluso días, realizaron labores de rescate antes de la llegada de ayuda especializada.
Los daños registrados en numerosos complejos habitacionales construidos por la Gran Misión Vivienda han generado cuestionamientos sobre los materiales utilizados y los estándares de construcción aplicados durante la ejecución del programa impulsado por Hugo Chávez.
Mientras miles de familias permanecen desplazadas y continúan las evaluaciones estructurales en las zonas afectadas, el colapso de estas edificaciones ha puesto bajo escrutinio uno de los proyectos sociales más representativos del chavismo.



