
La migración venezolana atraviesa un nuevo momento de incertidumbre después de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el pasado 24 de junio, que provocaron miles de fallecidos, dejaron a decenas de miles de personas sin vivienda y agravaron la emergencia humanitaria en varias regiones del país. Aunque el flujo migratorio había mostrado signos de estabilización durante los últimos años e incluso algunos venezolanos comenzaban a considerar un eventual retorno, el desastre natural amenaza con modificar nuevamente esa tendencia.
Para el sociólogo Tomás Páez, presidente del Observatorio de la Diáspora Venezolana, todavía resulta prematuro determinar el alcance del impacto migratorio, pero considera que la tragedia añade un nuevo factor de presión sobre una población que ya enfrentaba profundas dificultades económicas, sociales e institucionales.
Migración venezolana podría experimentar nuevos desplazamientos tras la emergencia
Durante los últimos años, la movilidad de los venezolanos había mostrado un comportamiento distinto al observado durante el período de mayor éxodo registrado entre 2015 y 2019.
Si bien miles de personas continuaban saliendo del país, el ritmo disminuyó en comparación con los años de mayor intensidad migratoria.
Al mismo tiempo, algunos venezolanos residentes en el exterior empezaban a evaluar la posibilidad de regresar motivados por la reunificación familiar, mejores perspectivas económicas o la intención de emprender nuevos proyectos en su país de origen.
Sin embargo, los terremotos ocurridos el 24 de junio modificaron ese escenario.
Tomás Páez considera que el desastre natural incorpora un nuevo elemento de incertidumbre para miles de familias que ya vivían en condiciones de vulnerabilidad.
El especialista explicó que, antes de analizar un posible aumento de la migración internacional, es necesario observar el fenómeno del desplazamiento interno.
Miles de personas perdieron completamente sus viviendas, mientras otras permanecen fuera de ellas a la espera de inspecciones técnicas que determinen si podrán regresar.
Como consecuencia, numerosas familias comenzaron a trasladarse temporalmente hacia casas de familiares, refugios o espacios públicos habilitados para atender a los damnificados.
«Esto va a originar un desplazamiento interno, en primer lugar», señaló el sociólogo al referirse a las primeras consecuencias del desastre.
El interrogante, según explicó, consiste en determinar si esos movimientos internos terminarán convirtiéndose posteriormente en una nueva ola migratoria hacia otros países.
Páez considera que todavía no existen datos suficientes para responder con precisión a esa pregunta.
El Observatorio de la Diáspora Venezolana espera analizar durante los próximos meses la información que publiquen distintos países sobre el comportamiento de los flujos migratorios después de los terremotos.
Mientras tanto, el especialista sostiene que resulta razonable prever algún incremento en la movilidad internacional, especialmente desde las regiones donde la destrucción fue más severa y las posibilidades de recuperación resultan más complejas.
El desastre modifica las expectativas de quienes pensaban regresar al país
Además de influir sobre quienes actualmente residen en Venezuela, los terremotos también afectan las decisiones de miles de ciudadanos que viven en el extranjero.
Durante los últimos años, el Observatorio de la Diáspora Venezolana identificó un cambio gradual en la percepción de algunos migrantes respecto a un eventual retorno.
Diversos estudios elaborados por esa institución señalaban que parte de la población venezolana en el exterior comenzaba a contemplar esa posibilidad si mejoraban determinadas condiciones.
Entre los factores más mencionados figuraban la seguridad ciudadana, la existencia de oportunidades laborales y el funcionamiento adecuado de los servicios públicos.
Según Tomás Páez, los terremotos deterioraron nuevamente esos elementos.
La destrucción de hospitales, viviendas, sistemas eléctricos, redes de agua potable y otras infraestructuras esenciales incrementó las dificultades que ya enfrentaba el país antes del desastre.
En consecuencia, muchas personas que evaluaban regresar podrían posponer esa decisión.
El especialista sostiene que la reconstrucción requerirá importantes inversiones y un proceso prolongado para restablecer servicios básicos e infraestructura.
Ese panorama influye directamente sobre las expectativas de quienes analizaban volver para reunirse con sus familias o desarrollar actividades económicas.
Páez considera que el terremoto no crea una nueva crisis migratoria desde cero.
A su juicio, acelera un fenómeno que nunca desapareció completamente.
Desde la pandemia, explica, la migración venezolana continuó desarrollándose de manera constante, aunque con una intensidad menor que durante los años del mayor éxodo.
En ese contexto, el desastre natural introduce nuevos elementos que podrían modificar nuevamente el comportamiento de los flujos migratorios tanto internos como internacionales.
Las condiciones que miles de migrantes consideraban indispensables para regresar hoy aparecen más alejadas debido al impacto generado por los terremotos.
La diáspora fortalece la ayuda mientras persisten dudas sobre las políticas migratorias
Otro de los aspectos destacados por Tomás Páez corresponde a la rápida respuesta de las comunidades venezolanas residentes en el exterior.
Pocas horas después de los terremotos comenzaron a organizarse campañas para recolectar alimentos, medicamentos, ropa, productos de higiene y otros insumos destinados a las zonas afectadas.
Organizaciones civiles y redes de voluntarios coordinaron mecanismos para canalizar esa ayuda hacia Venezuela mediante diferentes iniciativas humanitarias.
El sociólogo considera que esta reacción refleja el alto nivel de organización alcanzado por la diáspora durante los últimos años.
No obstante, advierte que la asistencia inmediata representa únicamente el inicio de un proceso mucho más amplio.
En su opinión, la recuperación del país requerirá varios años de trabajo sostenido y un esfuerzo permanente por parte de distintos sectores nacionales e internacionales.
Consultado sobre la posibilidad de que algunos países adopten nuevas medidas migratorias para favorecer a los venezolanos afectados por los terremotos, Páez distinguió dos escenarios.
Respecto a España, recordó que las decisiones relacionadas con determinados mecanismos de protección responden a políticas comunes de la Unión Europea y señaló que continúan existiendo otras vías legales de regularización para ciudadanos venezolanos.
En relación con Estados Unidos, consideró menos probable la adopción de cambios significativos en el corto plazo.
Aunque algunos legisladores plantearon la posibilidad de reactivar mecanismos extraordinarios de protección después de los terremotos, el especialista estima que la política migratoria estadounidense mantiene actualmente un enfoque restrictivo.
Más allá de esas consideraciones, Tomás Páez destacó el comportamiento mostrado por la sociedad venezolana durante la emergencia.
Según explicó, la solidaridad demostrada tanto dentro como fuera del país constituye uno de los elementos más alentadores en medio de la tragedia.
Las campañas de recolección de ayuda, el trabajo de voluntarios y la organización de redes de apoyo reflejan, a su juicio, una capacidad colectiva para enfrentar situaciones de enorme dificultad.
El sociólogo sostiene que esa respuesta representa un motivo para mantener la esperanza sobre el futuro del país.
Mientras los terremotos continúan modificando la realidad de miles de familias venezolanas, el comportamiento de la migración venezolana seguirá siendo uno de los principales indicadores para comprender las consecuencias sociales de la tragedia. La combinación de desplazamientos internos, posibles nuevas salidas hacia el exterior y el aplazamiento de los planes de retorno configura un escenario que todavía evoluciona y cuyo verdadero alcance podrá medirse en los próximos meses. Entretanto, la solidaridad de la diáspora, la asistencia humanitaria y los esfuerzos por reconstruir las comunidades afectadas aparecen como factores determinantes para acompañar a una población que enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
Con información de El Nacional



