Terremotos en Guarenas y Guatire: el doloroso despertar de las familias que perdieron sus hogares

Los daños estructurales obligaron a desalojar decenas de edificios y viviendas en los municipios Plaza y Zamora. Mientras esperan evaluaciones técnicas, ayudas oficiales o materiales para reconstruir, los afectados intentan recuperar algo más que paredes: la tranquilidad de volver a sentirse en un hogar

Los terremotos en Guarenas y Guatire sacudieron con fuerza el eje mirandino el pasado 24 de junio de 2026, transformando por completo la cotidianidad de sus habitantes y reduciendo a escombros certezas que parecían inalterables. Para Yendry González, su residencia constituyó durante años el espacio idóneo donde la rutina familiar hallaba descanso y armonía. Sin embargo, un violento movimiento telúrico de apenas 39 segundos desvaneció aquel panorama seguro.

Hoy, al contemplar la estructura colapsada, la mirada de esta ciudadana tropieza con fragmentos de su antigua realidad: un lavamanos destrozado, retratos familiares y la caja que resguardaba el árbol de Navidad. Esta dura estampa refleja la crítica situación de centenares de familias en el estado Miranda, quienes subsisten lejos de sus propiedades, distribuidas entre campamentos improvisados, refugios gestionados por organizaciones benéficas, o el cobijo solidario de parientes y vecinos que vigilan día y noche para evitar hurtos en los recintos declarados inhabitables.

La tragedia urbana muestra un balance desolador en el municipio Zamora, donde las autoridades reportaron el deceso de tres personas, incluidos dos menores de edad, y más de cien heridos. Protección Civil Zamora coordinó más de 600 inspecciones técnicas, determinando el colapso total de un inmueble y daños severos en otras 11 edificaciones. Entre las estructuras más comprometidas destaca el Edificio Ángela, ubicado en el Casco Central de Guatire, cuyas columnas basales sufrieron fallas estructurales insalvables que forzaron una evacuación de emergencia a la espera de su inminente demolición. Asimismo, unas 219 viviendas particulares registraron deterioros que van de leves a moderados.

A pocos kilómetros de allí, en la jurisdicción de Ambrosio Plaza (Guarenas), el panorama técnico revela que más de un 70% de los 21 edificios evaluados carecen de condiciones mínimas de seguridad para albergar personas, afectando incluso a reconocidos centros comerciales como el Buenaventura, Vista Place y el recién inaugurado Megacenter, los cuales exhiben graves daños en su mampostería.

Terremotos en Guarenas y Guatire y el drama de perderlo todo en segundos

El inicio del temblor concedió escaso margen de maniobra a los ciudadanos. Yendry González concentró todos sus esfuerzos en evacuar a su progenitor, un hombre con movilidad reducida debido a un accidente cerebrovascular previo. Mientras empujaba la pesada silla de ruedas por el pasillo del tercer piso en el Bloque 9 de la Urbanización Oropeza Castillo, los muros comenzaron a fracturarse masivamente. En medio del pánico, la mujer solicitó a la fisioterapeuta que asistía a su padre que escoltara a su madre hacia la salida pública de forma inmediata.

La progresión del sismo provocó la caída de la primera pared hacia el interior del apartamento, seguida instantáneamente por una réplica telúrica de mayor intensidad que desestabilizó el suelo y fracturó un enorme panal oculto en la infraestructura, liberando un enjambre de abejas furiosas que atacó sin piedad a la familia atrapada.

La afectada ingresó de urgencia a un centro asistencial con más de 50 aguijones incrustados en su cuerpo y un cuadro severo de asfixia debido a la reacción alérgica. Tras recibir el alta médica inicial, un medicamento le causó un segundo shock que paralizó su respiración durante casi un minuto dentro de un vehículo particular, obligando a los médicos a reanimarla. Yendry sobrevivió milagrosamente al sismo, a las picaduras masivas y al colapso definitivo de la mitad de su bloque residencial, el cual se desplomó el 27 de junio, pocos minutos después de que ella lograra retirar sus últimos enseres.

A pesar de agradecer esta triple oportunidad de vivir, la damnificada confiesa el enorme dolor psicológico que supone asimilar el fin de su hogar, un espacio que albergó décadas de memorias y celebraciones familiares.

Una vivencia similar comparte Iris Leal, quien habitaba dos pisos más abajo en la misma estructura residencial. Ella acababa de asearse y se disponía a descansar cuando el movimiento telúrico sacudió su cama con violencia inusitada. Al notar que la multitud bloqueaba las escaleras comunitarias en un intento desesperado por salir, Iris tomó la drástica decisión de saltar desde el primer piso junto a su hijo.

El impacto contra el suelo le ocasionó raspaduras diversas y una luxación dolorosa en el hombro, pero le permitió alejarse de la mampostería que caía de la fachada. Al llegar al estacionamiento, el mismo enjambre de avispas que afectó a Yendry arremetió contra los sobrevivientes en medio de la oscuridad provocada por el corte eléctrico masivo, prolongando la angustia de Iris durante 24 horas hasta que logró confirmar el bienestar del resto de sus hijos.

El colapso histórico y la incertidumbre económica en el casco central

En el corazón de Guatire, Marisela Donis contempla a diario las enormes grietas que fracturan la propiedad donde habitó durante 38 años junto a sus hermanos y sus cuatro hijos. Las tuberías internas colapsaron por la presión geológica, inundando los espacios con aguas servidas, mientras que el techo amenaza con desplomarse por completo.

Los ingenieros de Protección Civil recomendaron la demolición total de esta vivienda situada en la calle Monagas, una resolución que no solo afecta a esta familia, sino que borra una pieza invaluable del patrimonio arquitectónico local, pues la edificación poseía más de dos siglos de antigüedad. Actualmente, el grupo familiar permanece alojado temporalmente en la sede de la Fundación Parranda de San Pedro, donde reciben alimentación y asistencia humanitaria.

Donis, una respetada educadora del ámbito cultural en el municipio Zamora, reconoce la inmensa complejidad de iniciar la reconstrucción desde cero en un entorno económico complejo. Los salarios actuales dificultan la adquisición de materiales de construcción básicos y obligan a los ciudadanos a priorizar diariamente entre la compra de alimentos, el pago de servicios públicos o la adquisición de medicinas esenciales. La catástrofe modificó drásticamente la dinámica social de Guarenas y Guatire; las charlas vecinales abandonaron los tópicos habituales sobre empleo o educación para centrarse exclusivamente en términos técnicos como ingenieros patólogos, etiquetas de seguridad, subsidios estatales y cubicaciones de cemento.

Solidaridad vecinal y el largo camino técnico hacia la reconstrucción

La realidad en el edificio El Doral, también ubicado en la calle Monagas, presenta un matiz diferente pero idéntica dosis de angustia. Olinda Pinto, presidenta de la junta de condominio, explica que los apartamentos del noveno piso muestran daños estéticos menores y sus columnas estructurales resistieron el impacto de forma óptima. Pese a ello, una etiqueta amarilla restringe el acceso permanente a las viviendas, permitiendo únicamente ingresos breves hasta que un ingeniero patólogo emita un dictamen definitivo. Pinto gestiona diariamente la frustración de los copropietarios, recordándoles que cualquier reparación apresurada o realizada por personal no calificado podría desestabilizar la edificación y generar responsabilidades civiles o penales severas.

Por su parte, Alejandra Medina revive con lágrimas el pánico que experimentó al observar desde el estacionamiento cómo las Residencias La Hacienda, en la calle Zamora de Guatire, se balanceaban peligrosamente mientras sus tres hijos permanecían en el interior. Aunque la infraestructura no colapsó, los niveles inferiores sufrieron daños severos de mampostería. Tras constatar que su familia se encontraba a salvo, Medina coordinó labores de rescate para desalojar a los vecinos atrapados por puertas trabadas. Hoy, la comunidad de urbanizaciones aledañas asiste activamente a los damnificados proveyendo alimentos, ropa y agua potable, demostrando un profundo sentido de fraternidad frente a las pérdidas materiales.

Finalmente, en las Residencias Guatire Plaza III, el desalojo afectó a cerca de 250 familias, obligando a ciudadanos como Wilson Camacho a improvisar zonas de pernocta comunitarias a la intemperie dentro del propio urbanismo para atender a niños y adultos mayores. Aunque la ayuda inicial de iglesias y comercios locales alivió la emergencia, las donaciones disminuyen con el paso de las semanas. Ante este escenario, la campaña municipal denominada «Dona un Bloque», impulsada por el alcalde de Zamora, Raziel Rodríguez, busca canalizar el apoyo del sector privado y civil. Hasta la fecha, la iniciativa acumula más de 36.000 bloques donados y la adquisición gubernamental de 1.120 sacos de cemento, herramientas indispensables para que cientos de mirandinos recuperen la seguridad perdida y puedan pronunciar nuevamente, con absoluta certeza, la frase: «Ya estamos en casa».

Con información de El Nacional

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