Las labores de demolición de edificios gravemente afectados por los terremotos del 24 de junio han generado preocupación entre familiares de desaparecidos y equipos de rescate, quienes advierten que la remoción de estructuras podría dificultar la recuperación de las víctimas que aún permanecen bajo los escombros.
Uno de los testimonios más impactantes es el de Glenda Viloria, quien continúa buscando a su sobrino de tres años, Mateo, desaparecido tras el colapso del complejo residencial OPPE 27, en Caraballeda, estado La Guaira.
Hasta ahora, Viloria ha logrado recuperar los cuerpos de seis familiares, entre ellos su madre y su hermana, pero asegura que no abandonará el lugar hasta encontrar al niño.
Seis semanas después del desastre, las autoridades avanzan en la demolición de edificaciones consideradas de alto riesgo. El pasado 30 de julio fue derribada de forma controlada una torre residencial en Catia La Mar, la primera de varias estructuras que podrían ser demolidas como parte del proceso de recuperación.
Sin embargo, la medida ha generado inquietud entre quienes aún esperan localizar a sus familiares, ya que el retiro de escombros modifica las condiciones de búsqueda.
El presidente de Search and Rescue México, Froylan Gerardo Robles, explicó que actualmente la prioridad de los equipos especializados es recuperar los cuerpos que permanecen atrapados bajo las estructuras colapsadas.
Según indicó, cuando la maquinaria detecta posibles restos humanos, las labores se detienen inmediatamente y la recuperación continúa de forma manual para preservar la evidencia y evitar daños adicionales.
Robles reconoció que, en algunos casos, la demolición controlada es la única alternativa para acceder a zonas que resultan imposibles de alcanzar debido al deterioro estructural de los edificios.
Mientras avanzan las tareas de remoción y reconstrucción, decenas de familias permanecen en las zonas afectadas con la esperanza de recuperar a sus seres queridos y darles una sepultura digna.




