Familias reclaman respuestas por miles de desaparecidos en la frontera entre Colombia y Venezuela

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) calcula que el departamento tiene un universo aproximado de 5.524 personas desaparecidas

Los familiares de miles de desaparecidos en la frontera entre Colombia y Venezuela se reunieron este domingo en el malecón de Cúcuta para reclamar respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. La concentración conmemoró el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas y convirtió las fotografías, las sillas vacías y las prendas blancas en símbolos de una espera que se prolonga durante décadas.

Hombres y mujeres llevaron imágenes de quienes un día salieron de sus hogares y nunca regresaron. A su lado, los parientes sostuvieron banderas de Colombia, pronunciaron sus nombres y narraron las circunstancias en las que perdieron contacto con ellos.

Cada caso refleja una historia individual, pero también forma parte de una tragedia colectiva vinculada con el conflicto armado que golpea desde hace años a Norte de Santander. La presencia de guerrillas, grupos paramilitares y bandas criminales ha dejado numerosas familias atrapadas entre la violencia, el silencio y la falta de información.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) calcula que el departamento tiene un universo aproximado de 5.524 personas desaparecidas. La cifra muestra la magnitud de una emergencia humanitaria que todavía exige búsquedas, investigaciones forenses e identificación de cuerpos.

Desaparecidos en la frontera dejan familias atrapadas en la incertidumbre

Para Aída María Pérez, la búsqueda comenzó en 2001. Su hijo, Jhon Jairo Useche Pérez, tenía 15 años cuando salió de Cúcuta para visitar a una tía en El Tarra, municipio ubicado en la región del Catatumbo.

El adolescente llegó a su destino, pero su familia perdió el rastro durante el regreso. La única versión que Aída logró conocer señala que un grupo paramilitar lo interceptó durante la noche en las calles de Tibú.

Desde entonces, ninguna información le ha permitido establecer qué ocurrió. Ante la falta de avances institucionales y las dificultades ocasionadas por el conflicto, Aída viajó sola en varias oportunidades a Tibú para buscar respuestas.

Cada recorrido terminó sin noticias sobre Jhon Jairo. Aun así, la mujer mantiene su búsqueda después de un cuarto de siglo y conserva el deseo de volver a ver a su hijo.

El caso de Ida Rosa Ortega presenta otra dimensión de la violencia fronteriza. Su hijo, Wilmer Eliécer Parra Ortega, desapareció hace 12 años en La Parada mientras trabajaba como mototaxista.

La Parada forma parte de una zona caracterizada por el constante movimiento de personas entre Colombia y Venezuela. En ese lugar, la familia perdió el contacto con Wilmer y comenzó una espera que todavía no termina.

Doris Martínez Velandia también participó en la concentración. Sentada debajo de un árbol, mostró cuadros bordados con los que recuerda a las madres buscadoras que murieron sin conocer el destino de sus familiares.

Mientras honra a esas mujeres, Doris continúa buscando a su hermana Nelly Martínez, vista por última vez en 2018 en el caserío de El Escobal. Sus bordados unen la memoria de quienes desaparecieron con la de quienes dedicaron su vida a encontrarlos.

Nidia Milena Delgado llevó a la jornada una ausencia de 34 años. Su padre, Luis Delgado Amaya, comerciante de Ocaña, desapareció en 1991 cuando viajaba entre Santa Marta y Maicao, en el norte de Colombia.

Las historias abarcan lugares y momentos diferentes, pero comparten la falta de una respuesta definitiva. Para estas familias, el paso del tiempo no cierra el caso ni elimina la necesidad de saber qué ocurrió.

El Catatumbo concentra la mayor cantidad de casos registrados

La UBPD organiza su trabajo en Norte de Santander mediante tres planes regionales. Sonia Rodríguez Torrente, coordinadora de la institución en el departamento, explicó que cada uno responde a las características y necesidades de diferentes territorios.

El plan del Catatumbo reúne el mayor impacto, con un estimado de 2.658 personas desaparecidas. Esta región ha soportado durante décadas la presencia de actores armados y la disputa por corredores estratégicos.

El segundo plan cubre el área metropolitana de Cúcuta y la frontera, donde la Unidad registra aproximadamente 2.171 casos. La movilidad entre ambos países y las dinámicas propias de los pasos fronterizos añaden dificultades a las investigaciones.

Los municipios del centro y sur del departamento conforman el tercer ámbito de búsqueda, con 183 registros de desaparición, según las cifras comunicadas por la funcionaria.

Los tres datos regionales suman 5.012 casos, una cantidad inferior al universo departamental aproximado de 5.524 personas mencionado por la UBPD. La información proporcionada no explica la diferencia de 512 registros ni precisa si corresponden a casos pendientes de clasificación territorial u otra categoría.

Esta distinción resulta importante para presentar las estadísticas con claridad. El universo general ofrece una estimación sobre la magnitud del problema, mientras los planes muestran cómo la entidad distribuye parte de su trabajo en el territorio.

Las cifras tampoco representan únicamente expedientes. Cada registro corresponde a una persona cuya familia espera una respuesta y necesita conocer qué acciones desarrollan las autoridades.

La búsqueda en una región fronteriza exige reconstruir recorridos, consultar archivos y recopilar testimonios. También requiere coordinación entre instituciones cuando existen indicios de que una persona pudo cruzar hacia Venezuela o atravesar varios municipios.

El paso de los años aumenta las dificultades. Los testigos pueden desplazarse o morir, los lugares cambian y algunos documentos desaparecen. Por eso, conservar los relatos familiares y contrastarlos con otras fuentes constituye una parte esencial de la investigación.

El Cementerio Central de Cúcuta representa un desafío forense

Uno de los principales focos de la labor forense se encuentra en el Cementerio Central de Cúcuta. El lugar cuenta con medidas cautelares debido a la complejidad de sus fosas, según explicó Rodríguez Torrente.

Los equipos forenses han revisado cerca de 12.000 estructuras óseas. De ese conjunto, presumen que 679 corresponden a personas desaparecidas durante el conflicto armado.

Hasta la fecha, las autoridades recuperaron 589 cuerpos, identificaron 54 y entregaron 24 a sus familias de manera digna, de acuerdo con el balance comunicado por la coordinadora regional.

La diferencia entre recuperación, identificación y entrega muestra las etapas de un proceso técnico que puede prolongarse. Recuperar restos constituye un primer paso; después, los especialistas deben analizarlos, establecer una posible identidad y confirmar la relación con los familiares.

El balance indica que 535 de los 589 cuerpos recuperados todavía no cuentan con una identificación informada. También muestra que 30 de los 54 identificados no figuran entre los entregados hasta el momento. La información suministrada no explica las razones de esas diferencias.

Las comparaciones ayudan a dimensionar el trabajo pendiente, pero no permiten establecer cuánto tiempo necesitarán los equipos para completar cada caso. La identificación depende del estado de los restos, los registros disponibles y la posibilidad de obtener muestras de familiares.

Para las personas que participaron en la jornada de Cúcuta, estas labores representan una esperanza, aunque también recuerdan la magnitud de la tragedia. Cada resultado puede poner fin a años de incertidumbre, pero con frecuencia confirma una pérdida que las familias temieron durante mucho tiempo.

La conmemoración no se limitó a recordar a las víctimas. También exigió que el Estado mantenga las búsquedas, fortalezca las investigaciones y comunique los avances sin abandonar los casos más antiguos.

Las sillas vacías instaladas en el malecón mostraron la ausencia de quienes no pudieron acompañar a sus familias. Las fotografías ocuparon simbólicamente esos lugares mientras los presentes repetían el llamado que identifica su lucha: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

En Norte de Santander, la desaparición forzada sigue presente en hogares que llevan años esperando. Mientras no aparezcan respuestas, los parientes continuarán buscando en calles, carreteras, archivos y cementerios de una frontera donde miles de historias permanecen inconclusas.

Con información de EFE

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