
María Gabriela de Faría se ha ganado un lugar en el competitivo universo de Hollywood, pero su llegada no fue cuestión de suerte. Desde niña, sentía que su destino estaba ligado a los grandes escenarios, aunque el miedo y las dudas también la acompañaran. Hoy, tras su participación en Superman, dirigida por James Gunn, interpreta a “La Ingeniera”, una villana con peso propio en la saga de DC Comics. Esta nueva etapa confirma lo que ella intuía: su carrera está diseñada para ir más allá.
Entre Caracas y Los Ángeles: una apuesta de vida
Criada entre cámaras y guiones, De Faría construyó su trayectoria desde muy joven. Su papel en Isa TKM marcó una generación en América Latina, pero fue solo el inicio.
Decidió mudarse a Los Ángeles convencida de que había más para ofrecer. “Uno se muda porque se ve allí”, asegura, evidenciando que su fe en el futuro fue lo que impulsó cada paso.
De audiciones dudosas a villana destacada
Cuando recibió la convocatoria para interpretar a Angela Spica, no lo sintió como una oportunidad, sino como una trampa del ego. El síndrome del impostor la hizo dudar incluso de presentarse. Fue su esposo quien la empujó a confiar en el proceso y asistir al casting.
Lo que siguió fue una serie de pruebas, lecturas y ajustes que la llevaron a asumir con fuerza un rol protagónico dentro del universo DC.
Colaborar con James Gunn: libertad creativa con dirección firme
Trabajar con Gunn no fue simplemente ejecutar órdenes. Fue construir, sugerir, proponer. María Gabriela destaca que el director tiene una visión clara pero permite explorar, abrir el espacio para que el actor participe en la creación del personaje.
Así nació su interpretación de “La Ingeniera”, que combina vulnerabilidad, determinación y poder físico y emocional.
Visualizar el éxito: entre disciplina y delirio positivo
Para María Gabriela, la clave no es solo el talento. También hay que imaginarse triunfando y prepararse para cuando la oportunidad llegue.
Cree en la energía, en proyectarse, en decir que sí a lo que suma y no perder el enfoque. “Siempre pensé que podía hacer esto, incluso cuando no lo pensé”, confiesa. Esa frase resume su historia: una mezcla de intuición, trabajo constante y decisiones valientes.
Una bandera que brilla en Hollywood
En la alfombra roja del Chinese Theater, con la bandera venezolana en alto y un vestido que evocaba a su personaje, María Gabriela se mostró luminosa. Ya no es solo la niña de las telenovelas: es una actriz internacional que pisa fuerte. Su camino apenas comienza, pero ya marca una huella clara. Quizás, en un futuro no muy lejano, su nombre también resplandezca en el Paseo de la Fama. Porque ella siempre supo —aunque a veces no lo pensara del todo— que ese lugar le pertenece.
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