
El análisis del exfuncionario estadounidense Brett McGurk, publicado por CNN, reabrió un debate que parecía enterrado: si la crisis venezolana podría encajar en el modelo que permitió la intervención militar en Panamá en 1989 y el derrocamiento de Manuel Noriega. McGurk, quien trabajó para cuatro administraciones distintas, sostiene que Venezuela cumple varias de las condiciones que justificaron la acción armada de entonces, aunque advierte sobre diferencias estructurales que harían inviable reproducir aquel operativo sin consecuencias imprevisibles.
Su revisión llega en medio del despliegue del 15 % del poderío naval estadounidense frente a las costas venezolanas, incluido el más moderno portaviones de la flota norteamericana, en una operación que eleva tensiones y aumenta la especulación internacional.
Paralelismos históricos: Noriega y Maduro bajo comparación
La reflexión de McGurk parte de un punto central: las similitudes entre el régimen panameño de 1989 y el gobierno venezolano actual. En aquel momento, la Casa Blanca argumentó que Noriega era un narcotraficante acusado que había invalidado elecciones y representaba un riesgo directo para ciudadanos estadounidenses. Ese contexto permitió justificar la operación que terminó con su captura y la instalación de un gobierno democrático.
Tres décadas después, Nicolás Maduro enfrenta un conjunto aún más amplio de cargos ante tribunales estadounidenses, desde narcoterrorismo hasta corrupción y tráfico de drogas. Washington lo vincula con el Cártel de los Soles, recientemente calificado como Organización Terrorista Extranjera, y ha ofrecido una recompensa millonaria por información que facilite su arresto. Paralelamente, gran parte de la comunidad internacional reconoce como liderazgo legítimo a la oposición encabezada por María Corina Machado, un factor que, según McGurk, revive el debate sobre la legitimidad democrática, como ocurrió con Panamá.
Además, el analista recuerda que Estados Unidos acusa al gobierno venezolano de poner en riesgo a ciudadanos norteamericanos, incluso utilizando detenciones como herramientas de presión diplomática. Estos elementos refuerzan el paralelismo histórico que hoy gana presencia en la discusión estratégica de Washington.
Advertencias cruciales: diferencias que podrían frenar una operación
A pesar de las similitudes, McGurk subraya que las diferencias son determinantes. Venezuela es un país diez veces más grande que Panamá, con una geografía más difícil y con estructuras de poder fragmentadas. Esa escala implicaría la necesidad de una fuerza militar mucho mayor que la desplegada en 1989, lo que convertiría cualquier campaña en un desafío de alto costo político, económico y humano.
Otra preocupación es el comportamiento de las autoridades locales tras una hipotética salida de Maduro. A diferencia del panorama panameño, no hay garantías de que las instituciones venezolanas acataran automáticamente un nuevo gobierno, lo que podría generar disputas territoriales o abrir espacios para que grupos criminales controlen regiones completas.
El entorno internacional también es más complejo. En 1989, Estados Unidos operaba sin rivales estratégicos relevantes. Hoy, Rusia y China respaldan al gobierno venezolano, y cualquier movimiento militar norteamericano podría ser utilizado por Moscú o Pekín para legitimar sus propios avances en Ucrania o Taiwán. Esto, según McGurk, eleva el costo geopolítico de cualquier acción.
El despliegue de Trump: poder naval y señales ambiguas
La administración Trump ha posicionado un grupo de ataque encabezado por el portaviones más avanzado del arsenal estadounidense frente a Venezuela. La operación, denominada Lanza del Sur, se presenta como una campaña contra el narcoterrorismo y el tráfico de drogas, sin mencionar explícitamente la restauración democrática o el derrocamiento del gobernante venezolano.
Aunque Trump ha declarado que los días de Maduro están “contados”, McGurk considera improbable que la Casa Blanca busque un cambio de régimen mediante una invasión directa. Sin embargo, el alcance del despliegue sugiere objetivos que pueden ir más allá del mensaje oficial y que incluyen presión sostenida sobre la cúpula del poder venezolano.
Opciones recomendadas: presión estratégica sin invasión
Ante este escenario, McGurk propone utilizar la acumulación de fuerza para exigir concesiones concretas: entrega de capos del narcotráfico, suspensión de reclamos territoriales sobre Guyana, garantías para unas elecciones verificables y, eventualmente, el exilio negociado de Nicolás Maduro hacia un país aliado como Rusia.
El analista insiste en que antes de tomar cualquier decisión intervencionista, el Congreso de Estados Unidos debe abrir un debate formal sobre los beneficios y riesgos de una operación de tal magnitud. Considera que el poder militar ya desplegado puede emplearse para objetivos diplomáticos sin necesidad de repetir un escenario bélico como el de Panamá.

Con información de El Nacional



