
Una semana después de la captura de Nicolás Maduro en Caracas durante la llamada Operación “Resolución Absoluta” (en inglés, Operation Absolute Resolve), una nueva pieza se instaló en el debate público: el testimonio atribuido a un miembro del anillo de seguridad que asegura que fuerzas estadounidenses emplearon un dispositivo “indescriptible” capaz de inutilizar sistemas, desorientar y causar síntomas físicos severos en cuestión de segundos.
La versión, amplificada en redes sociales por la portavoz de la Casa Blanca, convive con un hecho indiscutible: Washington ha ofrecido solo datos generales del despliegue y ha evitado referirse a herramientas específicas más allá de describir la misión como altamente coordinada.
Lo confirmado: una incursión compleja y un despliegue masivo
Hasta ahora, la información más sólida sobre el operativo coincide en varios puntos: se trató de una acción de fuerzas especiales, ejecutada de madrugada, con un componente aéreo amplio y una extracción rápida. De acuerdo con detalles divulgados en medios estadounidenses, la operación implicó más de 150 aeronaves lanzadas desde múltiples ubicaciones y derivó en un enfrentamiento intenso en el perímetro del complejo donde se encontraba Maduro, con decenas de muertos según evaluaciones conocidas por funcionarios.
También se ha señalado que las autoridades estadounidenses notificaron al Congreso después del operativo para evitar filtraciones, reforzando la idea de un diseño bajo estricta compartimentación.
El relato que encendió la polémica: “los radares se apagaron”
La controversia nace del testimonio reproducido por medios latinoamericanos, atribuido a un guardia presente durante la redada. Según esa narración, “de repente” los radares quedaron fuera de servicio, drones sobrevolaron la zona y un pequeño grupo de soldados —descritos como “tecnológicamente muy avanzados”— tomó control del área en minutos. En el tramo más dramático, el declarante afirma que se utilizó algo parecido a una “onda sonora” que provocó dolor agudo, sangrado nasal y colapso físico.
El problema central es la verificación: el testimonio circula como cita de redes y reconstrucciones periodísticas, pero no aparece respaldado por una confirmación técnica pública del Pentágono ni por una explicación oficial detallada.
Qué podría explicar un “apagón” de sensores sin recurrir a un “arma desconocida”
En operaciones modernas, la interrupción de radares o comunicaciones puede responder a varias causas, desde daños en infraestructura hasta acciones de guerra electrónica (interferencia o degradación de señales). Que existan capacidades para confundir o reducir la eficacia de sensores no equivale, por sí mismo, a la existencia de un artefacto “secreto” de naturaleza acústica.
Lo que sí es un dato relevante es que el Departamento de Defensa de Estados Unidos desarrolla y evalúa, desde hace años, tecnologías de energía dirigida (láseres y microondas de alta potencia, entre otras) para distintas misiones, de acuerdo con reportes públicos para el Congreso.
“Arma sónica”: entre sistemas reales y efectos discutidos
La expresión “arma sónica” suele usarse de forma amplia. Existen dispositivos acústicos de largo alcance (LRAD) que pueden emitir sonidos de alta intensidad para comunicación o disuasión, clasificados habitualmente como medios “menos letales” en ciertos contextos.
Sin embargo, los síntomas que describe el supuesto testigo —vómito con sangre, colapso generalizado inmediato— no son un patrón universalmente documentado en el debate público sobre sistemas acústicos de control. Además, antecedentes como el llamado “síndrome de La Habana” muestran que, cuando se atribuyen dolencias a “ataques sónicos”, la evidencia suele ser objeto de controversia y las conclusiones oficiales pueden descartar vínculos claros con armas de un adversario.
El silencio oficial y la batalla por el relato
La Casa Blanca y el Pentágono han preferido mantener el foco en la precisión del operativo, el volumen del despliegue y la rapidez de la extracción, sin entrar a detallar tecnologías específicas. Esa estrategia alimenta dos lecturas opuestas: para simpatizantes de la intervención, el hermetismo refuerza la idea de superioridad táctica; para críticos, abre un espacio fértil para versiones difíciles de comprobar.
Mientras tanto, lo único plenamente verificable es que Maduro y su esposa comparecieron ante un tribunal federal en Nueva York y se declararon no culpables, en un proceso que Washington enmarca dentro de cargos por narcotráfico y conspiración.
Una afirmación extraordinaria que exige pruebas extraordinarias
El testimonio sobre un supuesto dispositivo “nunca visto” añade dramatismo a una operación ya de por sí histórica y violenta. Pero, a falta de evidencia técnica independiente o confirmación oficial, su peso informativo sigue siendo el de una acusación no verificada.
En un escenario donde la guerra de narrativas se mueve más rápido que las investigaciones, la pregunta clave no es solo qué tecnología pudo existir, sino qué datos —medibles, auditables, contrastables— terminarán sosteniendo o desmintiendo la versión que hoy recorre titulares.
Con información de Infobae



