
La frontera entre Venezuela y Colombia continúa siendo uno de los territorios más complejos y peligrosos de la región, marcada por el narcotráfico, grupos armados y redes ilegales que imponen control mediante el miedo y el silencio. Así lo advirtió el abogado y defensor de derechos humanos Juan Bautista García Escalona, citado en un reportaje publicado recientemente.
Según el análisis, en zonas fronterizas operan estructuras criminales que manejan rutas clandestinas para el tráfico de drogas, combustible, armas y personas, generando alianzas entre mafias, grupos irregulares y actores locales. García Escalona alertó que el problema no solo afecta la seguridad, sino también la vida cotidiana de miles de ciudadanos que conviven bajo amenazas y economías ilegales.
El reportaje también señala que organizaciones como las disidencias de las FARC, el ELN y otras bandas criminales han logrado consolidar presencia en corredores estratégicos de la frontera, aprovechando la debilidad institucional y la corrupción.
Para el defensor de derechos humanos, la situación ha convertido amplias zonas limítrofes en territorios donde el narcotráfico dicta reglas, controla rutas y condiciona el comportamiento de las comunidades, mientras crece la preocupación por la falta de acciones efectivas para recuperar el control estatal.




