
El régimen de Delcy Rodríguez elevó este lunes una protesta formal contra el secretario general de la ONU, António Guterres, luego de que el diplomático portugués sugiriera que la operación militar estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro contó con “grandes complicidades” dentro del sistema político venezolano.
Caracas calificó esas palabras como impropias de su investidura y acusó al jefe de Naciones Unidas de apartarse de los principios de objetividad, prudencia e imparcialidad que exige su cargo.
Delcy Rodríguez rechaza señalamientos de la ONU
La reacción de Caracas llegó a través de un comunicado difundido por la Cancillería venezolana. El texto expresó una “firme protesta” ante las declaraciones de Guterres y sostuvo que el secretario general incurrió en afirmaciones inaceptables para una autoridad llamada a actuar con neutralidad en los asuntos internacionales.
El pronunciamiento no se limitó a rechazar la tesis de una posible complicidad interna. También buscó cuestionar la gestión global de Guterres al frente de la ONU. El gobierno venezolano acusó al funcionario de mantener silencio o ambigüedad frente a conflictos como la situación en Palestina y frente a la aplicación de medidas coercitivas unilaterales. Con esa línea argumental, Caracas intentó restar autoridad moral al interlocutor y trasladar el debate desde el caso Maduro hacia el papel político de Naciones Unidas.
La frase que generó el choque surgió durante una rueda de prensa en Nairobi, Kenia. Según reportes de prensa, Guterres afirmó que en Venezuela se produjo una operación militar contra Maduro, pero añadió que tenía la impresión de que existieron grandes complicidades dentro del propio sistema político venezolano. El secretario general usó esa idea para diferenciar el caso venezolano del cubano y señaló que no veía posible repetir en Cuba un escenario similar, debido a la cohesión que atribuye a la cúpula de La Habana.
El comentario tocó una fibra sensible para el nuevo poder en Caracas. Si la captura de Maduro no ocurrió únicamente por capacidad militar estadounidense, sino también por fracturas internas, la operación revelaría un quiebre profundo dentro del chavismo. Esa lectura afecta la narrativa oficial, porque sugiere que sectores del aparato político, militar o institucional pudieron facilitar el desenlace de enero.
Por eso, el comunicado venezolano apuntó contra el lenguaje de Guterres y no solo contra el contenido. Al calificar sus palabras como impropias, el gobierno buscó presentar la declaración como una falta diplomática. Al mencionar la Carta de las Naciones Unidas, intentó ubicar la controversia en el terreno institucional y no únicamente en el debate político.
La captura de Maduro reabre dudas internas
La operación del 3 de enero sigue marcando la política venezolana. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses abrió una etapa inédita, en la que el chavismo perdió a su figura central, pero conservó parte del control estatal bajo el mando de Delcy Rodríguez. Desde entonces, la pregunta sobre quién facilitó, toleró o no pudo impedir la operación aparece como una sombra permanente sobre la nueva administración.
Las palabras de Guterres aumentan esa presión. Si el secretario general de la ONU observa signos de complicidad interna, el tema deja de circular solo en análisis políticos o rumores y entra en el discurso de una figura internacional de alto nivel. Aunque Guterres no presentó nombres ni pruebas públicas en las frases reseñadas, su interpretación basta para alimentar el debate sobre la vulnerabilidad del sistema venezolano.
Caracas respondió con dureza porque esa hipótesis puede afectar la legitimidad de la transición encabezada por Rodríguez. Si el antiguo círculo de poder se fracturó antes, durante o después de la operación, el nuevo gobierno tendría que enfrentar sospechas desde distintos frentes: antiguos aliados de Maduro, sectores militares, opositores y actores internacionales.
La comparación con Cuba también intensificó el malestar. Guterres planteó que el caso cubano no puede compararse con el venezolano porque la estructura de poder en La Habana mantiene una cohesión distinta. Esa afirmación sugiere que el chavismo mostró grietas que el régimen cubano, al menos según esa lectura, no exhibe con la misma claridad. Para Caracas, esa diferenciación coloca a Venezuela como un sistema más frágil y expuesto.
El comunicado oficial intentó revertir esa imagen. En lugar de explicar si hubo o no rupturas internas, la Cancillería acusó al secretario general de actuar sin prudencia. Esa estrategia evita entrar en detalles sobre la operación y desplaza la discusión hacia la conducta del funcionario. Sin embargo, el fondo del problema permanece: la captura de Maduro no solo cambió el liderazgo del país, también dejó preguntas sobre el nivel de lealtad dentro del aparato que lo sostuvo durante años.
La nueva administración enfrenta un reto delicado. Debe mostrar continuidad institucional ante sus aliados, autoridad frente a sus adversarios y control interno ante una sociedad que observa señales contradictorias. Cada insinuación sobre traiciones, acuerdos ocultos o fracturas dentro del chavismo puede debilitar esa imagen de mando.
Caracas eleva el tono diplomático
La protesta contra Guterres confirma que la relación entre el gobierno venezolano y parte del sistema internacional atraviesa un momento de tensión. La ONU, que históricamente ha sido un espacio de denuncia, mediación y presión diplomática sobre Venezuela, vuelve ahora al centro del conflicto por una frase que el oficialismo interpreta como intervención política.
El Ejecutivo venezolano acusó a Guterres de contribuir al deterioro de la credibilidad de Naciones Unidas. Esa acusación busca conectar la molestia venezolana con críticas más amplias contra el organismo internacional. El comunicado plantea que la ONU ha perdido confianza ante los pueblos del mundo y que su Secretaría General no actúa con la firmeza ni la imparcialidad necesarias en distintas crisis globales.
Ese lenguaje revela una ofensiva diplomática calculada. Caracas no solo responde a una declaración puntual; intenta colocar a Guterres en el banquillo político y presentarlo como un actor parcial. De esa manera, el gobierno busca protegerse de futuras críticas sobre la captura de Maduro, la transición interna o la situación de derechos humanos.
Sin embargo, la controversia también deja un costo. Al reaccionar con tanta fuerza, el gobierno de Rodríguez mantiene vivo el tema de las presuntas complicidades. En vez de cerrar el debate, la protesta lo amplifica y obliga a nuevos actores a preguntarse qué ocurrió dentro del sistema venezolano antes de la operación estadounidense.
La discusión llega, además, en un momento de alta exposición internacional para Rodríguez. Su gobierno intenta proyectar autoridad en escenarios diplomáticos, defender la soberanía venezolana en debates regionales y sostener contactos con gobiernos que observan con cautela la etapa posterior a Maduro. En ese contexto, cualquier señal de fragilidad interna puede tener efectos sobre negociaciones, reconocimientos y alianzas.
La figura de Guterres también pesa. El secretario general de la ONU ocupa el cargo desde 2017 y su mandato actual se extiende hasta diciembre de 2026, según información oficial de Naciones Unidas. Su voz no representa una opinión cualquiera dentro del sistema multilateral, aunque sus declaraciones políticas puedan generar rechazo entre gobiernos señalados.
La protesta de Caracas, por tanto, cumple dos objetivos. Primero, intenta defender la imagen del gobierno de Delcy Rodríguez frente a la idea de una traición interna a Maduro. Segundo, busca advertir a organismos internacionales que cualquier lectura sobre la operación de enero recibirá una respuesta dura si el Ejecutivo la considera lesiva para su narrativa.
El choque deja una conclusión clara: la captura de Maduro continúa como un episodio abierto en la política venezolana. La operación militar terminó, pero sus consecuencias siguen produciendo disputas diplomáticas, sospechas internas y lecturas contrapuestas sobre el poder real en Caracas. Guterres abrió una pregunta incómoda al hablar de grandes complicidades. Delcy Rodríguez respondió con una protesta formal. Y Venezuela vuelve a quedar en el centro de una pugna donde la soberanía, la legitimidad y las fracturas del chavismo pesan tanto como la diplomacia.
#Comunicado 📢 La República Bolivariana de Venezuela expresa su firme protesta ante las declaraciones, relativas al Estado venezolano, del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, por considerar que contienen afirmaciones impropias de su… pic.twitter.com/akbfj5Zh0r
— Yvan Gil (@yvangil) May 11, 2026
Con información de EFE




