A casi dos semanas de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio, un grupo de aproximadamente 200 mineros artesanales provenientes del sur del país ha dejado atrás las galerías donde extraían oro para sumarse a las labores de recuperación de víctimas entre los escombros de La Guaira, la zona más golpeada por la tragedia.
Los trabajadores llegaron a la región desde el 25 de junio y permanecen distribuidos en distintos puntos de Caraballeda, Catia La Mar y otras localidades afectadas, colaborando junto a familiares, voluntarios y cuerpos de rescate en la búsqueda de personas desaparecidas.
Acostumbrados a trabajar en túneles estrechos y estructuras inestables, los mineros han aplicado sus conocimientos para abrir accesos seguros entre los edificios colapsados, estabilizar zonas de riesgo y avanzar hacia espacios donde aún podrían encontrarse víctimas.
Aarón Reyes, uno de los integrantes del grupo, relató que en uno de los edificios donde trabajaban lograron localizar a un niño de 12 años con vida, luego de que equipos especializados internacionales habían descartado la existencia de sobrevivientes. Tras ubicarlo, notificaron nuevamente a los rescatistas, quienes realizaron el rescate con el equipo adecuado.
Antes de ingresar a las estructuras destruidas, los mineros colocan soportes de madera para evitar nuevos desplomes y descienden utilizando cuerdas, una técnica similar a la que emplean diariamente en las minas.
Sin embargo, aseguran que trabajar entre los restos de edificios representa un desafío aún mayor.
«En las minas uno diseña el espacio donde trabaja; aquí todo puede moverse en cualquier momento», explicó Reyes al describir el peligro constante que enfrentan mientras remueven toneladas de concreto.
Las condiciones también se han vuelto más difíciles con el paso de los días. El avanzado estado de descomposición de muchas víctimas obliga a los equipos a guiarse por señales como la humedad del terreno, la presencia de insectos y otros indicios que permiten localizar los cuerpos.
El apoyo que agradecen las familias
Para los familiares de las víctimas, la presencia de los mineros ha sido fundamental en momentos donde la ayuda internacional ha comenzado a disminuir.
Juan Andrade, quien busca a varios familiares entre los escombros, aseguró que el trabajo de estos voluntarios ha permitido avanzar mucho más rápido en zonas donde él mismo no tenía experiencia para remover estructuras.
En numerosos edificios, la búsqueda de desaparecidos recae principalmente sobre los mineros y los propios familiares, mientras los bomberos brindan apoyo técnico y supervisan las operaciones debido al alto riesgo de nuevos colapsos.
La búsqueda continúa
Aunque las probabilidades de encontrar sobrevivientes son cada vez menores, los mineros afirman que permanecerán en La Guaira mientras haya familias esperando respuestas.
Según el último balance oficial, los terremotos han dejado al menos 3.535 fallecidos y 16.740 heridos. Sin embargo, las autoridades aún no han informado una cifra oficial de personas desaparecidas, mientras iniciativas ciudadanas continúan registrando miles de casos de familiares cuyo paradero sigue siendo desconocido.
Para estos trabajadores, la misión ya no consiste en encontrar oro bajo tierra, sino en ayudar a que cientos de familias puedan recuperar a sus seres queridos y darles una despedida digna.



