El drama de los cuerpos extraviados tras los terremotos mantiene en vilo a decenas de familias

Veinte días después de los devastadores terremotos que golpearon el norte de Venezuela, decenas de familias continúan enfrentando una dolorosa incertidumbre: saber dónde están los cuerpos de sus seres queridos.

Uno de esos casos es el de Liliana Figueroa, quien regresó desde Brasil tras conocer la tragedia que afectó a La Guaira. Su hija, Angelina Guerra, de 16 años, y su expareja quedaron atrapados bajo los escombros del edificio donde vivían.

Antes del sismo, Angelina había enviado a su madre un video contándole cómo transcurría la tarde. Horas después, el edificio colapsó.

Tras un viaje de más de 40 horas, Liliana llegó a Venezuela y comenzó una búsqueda que aún no termina. En la morgue improvisada en los silos del Puerto de La Guaira encontró fotografías de ambos cuerpos y los números con los que habían sido registrados.

Sin embargo, cuando localizó las bolsas identificadas con esos números, descubrió que los cuerpos pertenecían a otras personas.

Según relató, trabajadores del lugar le explicaron que, durante las primeras horas de la emergencia, la falta de un sistema adecuado de identificación y las lluvias habrían provocado que muchos números se borraran o que los cuerpos fueran mezclados.

«Todos merecemos un cierre a esta tragedia«, expresó Liliana, quien continúa buscando a su hija y al padre de la adolescente mientras intenta afrontar un duelo sin respuestas.

La situación no sería aislada. Otras familias también denuncian inconsistencias en la identificación de víctimas, mientras el Gobierno no ha actualizado públicamente el número de personas desaparecidas.

En el cementerio de emergencia de La Esperanza ya han sido sepultados cientos de cuerpos sin identificación definitiva, mientras las autoridades aseguran que continúan los procesos forenses para lograr la identificación de las víctimas.

Para muchas familias, la tragedia no terminó con el terremoto. La incertidumbre sobre el paradero de sus seres queridos sigue siendo una de las heridas más profundas que dejó el desastre.

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