
A un mes del atentado que casi le cuesta la vida al senador Miguel Uribe Turbay, su esposa, María Claudia Tarazona, ofreció su primer testimonio público. Con una mezcla de serenidad y emoción, compartió cómo vivió los momentos más angustiantes de su vida, y cómo ha encontrado en la fe, la esperanza y el amor familiar las fuerzas para sostenerse.
El momento del ataque y la lucha por sobrevivir
El atentado ocurrió el 7 de junio en el parque El Golfito, en el barrio Modelia. María Claudia rememora con claridad el instante en que supo que la vida de su esposo estaba en riesgo. Lo acompañó durante el traslado desde la clínica de Fontibón hasta la Fundación Santa Fe, rogando que resistiera.
“Fueron los 15 minutos más largos de mi existencia”, contó. Durante todo el trayecto sostuvo la cabeza de Miguel, repitiéndole que debía sobrevivir, que aún tenía mucho por vivir y que su hijo lo esperaba.
El diagnóstico inicial y la inesperada esperanza
Las primeras 48 horas tras la cirugía fueron devastadoras. Los médicos le advirtieron sobre un posible diagnóstico de muerte cerebral. Sin embargo, al llegar a la Fundación Santa Fe, el panorama cambió. El neurocirujano Fernando Hakim brindó una nueva luz: Miguel podía recuperarse.
Tarazona elogió al doctor con emoción: “Tiene bondad en sus ojos, firmeza en sus manos y un corazón inmenso. Fue quien nos dio la primera esperanza real en medio del caos”.
Sobre el sicario: ni odio ni venganza
Uno de los momentos más impactantes de la entrevista fue cuando María Claudia habló sobre el joven que atentó contra su esposo. Lejos de manifestar ira, reflexionó sobre el contexto social del país: “No siento rabia. Siento tristeza. Es un niño. El problema es cómo hemos permitido que menores terminen empuñando armas”.
Para ella, el caso no se resume en un atacante, sino en una sociedad que ha fallado al permitir que jóvenes sean usados como instrumentos de violencia.
La fe como sostén y el anhelo del reencuentro
María Claudia también compartió cómo la oración colectiva ha sido un pilar durante esta crisis. Asegura que el amor de los colombianos ha sostenido a su familia y que la fe ha sido determinante para la recuperación de Miguel.
“Me aferro a la esperanza de verlo caminar, tocar su piano, volver a casa como esposo, padre y amigo”, concluyó.



