Dos semanas después del doble terremoto que sacudió el norte del país, Venezuela comienza a medir el verdadero alcance de la tragedia. De acuerdo con estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), los sismos dejaron alrededor de 17 millones de toneladas de escombros, un desafío que marcará el inicio de la fase de reconstrucción.
Mientras las labores de rescate dan paso a las tareas de recuperación y evaluación de daños, el balance oficial supera los 3.300 fallecidos, aunque las autoridades reconocen que aún permanecen cuerpos bajo las estructuras colapsadas. La remoción de escombros se ha convertido en una prioridad para avanzar tanto en la búsqueda de víctimas como en la recuperación de las zonas afectadas.
Un informe de la ONU estima que los daños materiales ascienden a 37.000 millones de dólares, casi el triple de las primeras proyecciones realizadas tras la emergencia. Paralelamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene la alerta por el riesgo de brotes de enfermedades en refugios y campamentos donde permanecen miles de damnificados.
Las evaluaciones realizadas mediante imágenes satelitales del programa europeo Copernicus identificaron 606 edificaciones completamente destruidas y otras 448 con daños, tras analizar una superficie de 337 kilómetros cuadrados en las áreas más afectadas.
Según las cifras oficiales, 15.866 personas perdieron sus viviendas por completo, mientras que 28.380 aún no pueden regresar a sus hogares debido al riesgo de colapso estructural o por las inspecciones técnicas que continúan desarrollándose en distintas zonas del país.



