Sueños rotos: migrantes venezolanos regresan con deudas y temores

◉ Millones de personas han abandonado el país suramericano en los últimos años. Pero muchos no han podido cumplir su sueño americano

Miles de venezolanos que vendieron sus bienes para emigrar hacia Estados Unidos regresan hoy a su país con las manos vacías, sumidos en deudas y expuestos a las mismas amenazas que los impulsaron a huir. La combinación de medidas migratorias más estrictas, deportaciones y una crisis económica nacional en aumento ha dejado a familias enteras atrapadas en un ciclo de precariedad y temor.

Historias de un regreso forzado

Yosbelin Pérez, artesana de 30 años, pasó años fabricando budares de aluminio, símbolo de la tradición culinaria venezolana. En agosto decidió vender su vivienda, vehículo y herramientas para financiar el viaje hacia el norte junto a su esposo y sus cinco hijos.

Sin embargo, tras meses varados en México y un cambio en la política migratoria estadounidense, optó por regresar en marzo. Ahora vive en casa de sus suegros, con una deuda de 5.000 dólares y un negocio que apenas sobrevive gracias al apoyo familiar.

El contexto migratorio y sus giros

Desde 2013, más de 7,7 millones de venezolanos han abandonado su país, la mayoría hacia otras naciones latinoamericanas. Tras la pandemia, Estados Unidos se convirtió en el nuevo destino aspiracional, pero recientes decisiones del Gobierno norteamericano endurecieron el acceso y aceleraron las deportaciones.

Bajo presión, Caracas aceptó nuevamente recibir a ciudadanos expulsados, quienes llegan en vuelos oficiales o de la aerolínea estatal.

Obstáculos económicos y sociales al retorno

Los migrantes que regresan se enfrentan a una Venezuela con un salario mínimo de apenas 1,02 dólares mensuales, congelado desde 2022, y precios que hacen inalcanzables los productos básicos. Para cubrir gastos, muchos realizan varios trabajos simultáneos o dependen de préstamos con intereses elevados.

Pérez, por ejemplo, destina gran parte de sus ingresos a pagar un crédito de 1.000 dólares con una tasa del 40% mensual.

El peso de la deuda y la violencia

La precariedad económica se suma a la inseguridad. Pérez relata que abandonó Maracaibo en 2024 tras ser extorsionada por un funcionario policial que exigía 1.000 dólares para permitirle seguir trabajando.

A su regreso, enfrentó nuevas demandas de pago por parte de otros agentes. La amenaza constante obliga a destinar parte de sus limitados recursos a sobornos para evitar represalias.

Sobrevivir en medio de la adversidad

Otros retornados, como David Rodríguez, intentan rehacer su vida con oficios informales, desde mototaxistas hasta repartidores. Rodríguez, quien atravesó el Tapón del Darién y varios países antes de ser deportado, ahora lucha por saldar una deuda adquirida para comprar su motocicleta. Sus ingresos semanales oscilan entre 50 y 150 dólares, dependiendo de la demanda.

El retorno, para muchos, no es un punto final sino una pausa forzada antes de considerar una nueva migración. Entre deudas, extorsiones y salarios insuficientes, la esperanza se mantiene frágil, pero persistente.

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