
Una investigación de CNN reveló que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) realizó un ciberataque secreto contra el sistema de inteligencia venezolano durante el primer mandato del expresidente Donald Trump.
De acuerdo con cuatro fuentes vinculadas a la operación, la ofensiva informática logró inutilizar los sistemas del servicio secreto de Nicolás Maduro, en lo que los agentes calificaron como “un éxito rotundo”.
El ataque, hasta ahora desconocido, se desarrolló en el marco de la política de “máxima presión” de Washington hacia Caracas y representa una de las acciones encubiertas más agresivas ejecutadas por EE. UU. contra el régimen chavista en la última década.
Una ofensiva digital para evitar una guerra abierta
Según el informe, la orden partió directamente de Trump, quien exigía a su equipo acciones concretas para derrocar a Maduro, aunque el Pentágono y la CIA se oponían a cualquier intervención militar directa.
Fuentes consultadas por CNN explicaron que el objetivo era “satisfacer las demandas del presidente sin cruzar la línea de la guerra convencional”.
La entonces directora de la agencia, Gina Haspel, habría descartado el uso de personal de campo en operaciones de cambio de régimen, recordando los fracasos de la CIA en América Latina durante la Guerra Fría, pero permitió una acción cibernética que desactivó temporalmente las comunicaciones del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).
El ciberataque dejó fuera de operación centros de comando y vigilancia del aparato de inteligencia venezolano durante varios días, dificultando el rastreo de opositores y las comunicaciones internas de seguridad del Estado.
Paralelamente, EE. UU. intervino comunicaciones del grupo Wagner
La operación encubierta no se limitó a Venezuela.
Fuentes de seguridad indicaron que, de forma simultánea, el Cibercomando del Departamento de Defensa interrumpió las comunicaciones de mercenarios del grupo Wagner, presentes en territorio venezolano, como parte de la estrategia para aislar militarmente al régimen.
Aunque se consideraron otras medidas, como sabotear una represa hidroeléctrica, estas no se ejecutaron por el riesgo de provocar víctimas civiles o una escalada diplomática.
El exdiplomático Jimmy Story, jefe de la misión estadounidense para Venezuela entre 2018 y 2023, explicó que “Trump quería resultados inmediatos” y que los asesores “intentaban apaciguarlo con operaciones de bajo perfil, pero de alto impacto”.
La “máxima presión” y el control del Caribe
El reportaje destaca que Estados Unidos mantiene actualmente más de 10.000 efectivos militares desplegados en el Caribe y el Pacífico, además de un portaaviones y flotas aéreas realizando maniobras cerca de las costas venezolanas.
Aunque oficialmente estas operaciones se enmarcan en la lucha contra el narcotráfico, analistas citados por CNN afirman que su magnitud apunta a una posible campaña de desestabilización o de presión política.
El secretario de Estado Marco Rubio, una de las figuras más radicales del trumpismo, habría asumido el liderazgo de la estrategia hacia Caracas.
“Los halcones tomaron el control, y la presión máxima se ha intensificado”, señaló Story.
Rubio, defensor de la “doctrina Monroe” y partidario de sanciones más duras, impulsa una línea que busca forzar la salida de Maduro mediante bloqueo económico y aislamiento militar.
Fracaso del plan Guaidó y el giro hacia la confrontación directa
El nuevo enfoque de Washington surge tras el fracaso del intento de instalar a Juan Guaidó como presidente interino en 2019.
Aunque más de 50 países reconocieron su legitimidad, la falta de respaldo militar dentro de Venezuela y el colapso del plan de levantamiento dejaron a la oposición debilitada.
“Ni la oposición tenía un plan claro, ni nosotros sabíamos cómo sostenerlo”, admitió a CNN un exalto funcionario de la Casa Blanca.
Desde entonces, el discurso de Trump se ha endurecido.
El expresidente ha confirmado públicamente que autorizó nuevas operaciones encubiertas de la CIA y no descartó ataques directos en territorio venezolano.
Estas declaraciones, junto con la presencia de fuerzas estadounidenses en el Caribe, han elevado la tensión diplomática con Caracas, que acusa a Washington de “acciones ilegales y hostiles”.
¿Una nueva etapa en la guerra fría del siglo XXI?
La revelación del ciberataque marca un punto de inflexión en la relación entre EE. UU. y Venezuela.
Mientras la Casa Blanca justifica sus acciones en la “defensa de la seguridad nacional”, el gobierno de Maduro sostiene que se trata de una agresión imperialista que busca su derrocamiento.
Expertos en seguridad internacional advierten que, aunque Venezuela no es un país productor ni un corredor clave de narcóticos hacia Norteamérica, el discurso antidrogas ha servido como pretexto para justificar operaciones militares y de inteligencia.
El ataque cibernético, ejecutado desde servidores externos y con tecnología de última generación, demuestra que la guerra moderna no solo se libra con misiles, sino también con códigos y algoritmos.
Y aunque fue presentado como un “éxito técnico”, sus repercusiones políticas aún se sienten: la tensión entre Washington y Caracas se reaviva en un tablero geopolítico cada vez más volátil y peligroso.
Con información de Semana



