
El premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado el pasado 10 de octubre ha desencadenado una nueva ola de represión política en Venezuela.
Desde ese día, los cuerpos de seguridad del Estado han intensificado las detenciones arbitrarias, allanamientos sin orden judicial y desapariciones forzadas, dirigidas principalmente contra militantes, periodistas y líderes sociales vinculados a la oposición.
La organización Vente Venezuela (VV), liderada por Machado, denunció que al menos 30 personas han sido detenidas en operativos simultáneos en siete estados del país. De ellas, solo tres fueron liberadas; las demás permanecen bajo custodia en condiciones desconocidas.
Una cronología del miedo
El 13 de octubre, tres días después del anuncio del Nobel, fue arrestada Xiomara Ortiz, coordinadora de Vente Venezuela en la parroquia Juan de Villegas, estado Lara. Según la denuncia, agentes encapuchados ingresaron sin orden judicial a su vivienda, se llevaron objetos personales y la trasladaron a un destino no revelado.
Al día siguiente, el 14 de octubre, fueron detenidos Rafael Mendoza, secretario político de la organización, y su esposa Mirla Catire, en un procedimiento del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) que irrumpió violentamente en su hogar frente a su hija de 11 años.
El patrón se repitió el 16 de octubre, cuando los hermanos José y Omario Daniel Castellanos, junto a su madre Blanca de Loaiza, fueron arrestados por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim).
Omario, periodista del portal @soylarensecom, fue despojado de sus equipos de trabajo y no ha sido presentado ante tribunales, denunció el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP).
Desapariciones forzadas y persecución religiosa
El 18 de octubre, durante una ceremonia religiosa en honor a la canonización del Dr. José Gregorio Hernández, fue detenido Yorbin García, líder social y colaborador del medio Palpitar Trujillano. Testigos aseguran que agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) lo capturaron dentro del Santuario Niño Jesús de Isnotú, en Trujillo. Desde entonces, no se conoce su paradero.
Un día después, la dirigente Aracelis Balza, de Vente Venezuela, fue secuestrada por funcionarios no identificados tras participar en actividades vinculadas a la canonización. “Isnotú, tierra del primer santo venezolano, se ha convertido en un símbolo de persecución política”, denunció la organización opositora, que exigió la liberación inmediata de sus militantes.
Ataques contra la sociedad civil
El cerco represivo se amplió el 20 de octubre, cuando fue detenido el doctor Pedro Fernández en el estado Mérida. Según el Comité por la Libertad de los Presos Políticos, un grupo de hombres encapuchados ingresó sin orden judicial a su consultorio y lo trasladó a un destino desconocido.
Fernández, reconocido por su defensa de los derechos del personal sanitario, se convierte así en el más reciente preso de conciencia de un sistema que criminaliza la disidencia.
La ONG calificó el hecho como “un nuevo golpe contra quienes, desde la fe y el servicio público, se niegan a rendirse ante la injusticia”.
Un país bajo vigilancia
Según datos del Foro Penal Venezolano, existen actualmente 845 presos políticos en el país: 742 hombres y 103 mujeres.
Las organizaciones defensoras de derechos humanos advierten que las detenciones se incrementaron tras el Nobel de la Paz concedido a Machado, lo que interpretan como una respuesta del régimen de Nicolás Maduro ante la exposición internacional de su autoritarismo.
Familiares y activistas se han movilizado en distintas ciudades del mundo. El 18 de octubre, un grupo de exiliados se reunió en Roma, cerca del Vaticano, para pedir la libertad de los presos políticos, en vísperas de la canonización de los primeros santos venezolanos.
Reacciones internacionales
Desde la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, expresó su preocupación por la situación de derechos humanos en Venezuela y exhortó a Caracas a “abrir las prisiones injustas y liberar a los oprimidos”.
Su mensaje, pronunciado durante una misa de acción de gracias por los nuevos santos venezolanos, fue interpretado como una llamada moral al régimen de Maduro para cesar las detenciones arbitrarias.
Mientras tanto, organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch preparan nuevos informes sobre la represión en el país, señalando que los recientes arrestos configuran una escalada represiva sin precedentes desde las protestas de 2017.
La fe como resistencia
En medio del miedo y la persecución, los familiares de los detenidos se aferran a la fe.
En templos y plazas, rezan por su liberación y encienden velas con la imagen del Dr. José Gregorio Hernández, símbolo nacional de esperanza y justicia.
La coincidencia entre la canonización de los santos venezolanos y la nueva ola de arrestos ha generado un poderoso contraste: mientras el mundo celebra la santidad, en Venezuela se multiplican los presos por pensar distinto.
Con información de El Pitazo



