
El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue escenario de un intenso debate diplomático este miércoles, evidenciando la profunda fractura regional frente a la estrategia de seguridad impulsada por la administración de Donald Trump hacia Venezuela.
A través de varios medios de comunicación se conoció que el punto de discordia fue el despliegue de una flota naval estadounidense en el Caribe y el Pacífico oriental con el objetivo de bloquear las operaciones del narcotráfico, presuntamente ligadas al gobierno de Nicolás Maduro.
La representación de Colombia, liderada por el embajador Luis Ernesto Vargas y bajo instrucciones directas del presidente Gustavo Petro, expresó su rechazo a lo que calificó como «ataques unilaterales».
Además, Vargas sostuvo que la lucha contra el crimen transnacional debe abordarse desde la aplicación de la ley y la cooperación judicial, no mediante escenarios de guerra.
«Las respuestas militarizadas y descoordinadas no reducen el poder del crimen organizado; por el contrario, aumentan la violencia y ponen en riesgo a la población civil», argumentó el diplomático, marcando distancia de la política de «mano dura» de Washington.
Colombia advierte en la OEA sobre ataques de EEUU a embarcaciones en el caribe: “La lucha contra el narcotráfico no autoriza a ningún estado a actuar al margen del derecho internacional”. @LEVargasSilva pic.twitter.com/x3FioP9YuQ
— Maria Molina (@MariaMolinaDC) November 20, 2025
EE.UU. defendió los ataques: Legítima defensa
Por su parte, la respuesta estadounidense no se hizo esperar. Kimberley Penland, representante alterna de EE.UU., defendió las operaciones navales argumentando legítima defensa.
Citando al Secretario de Estado, Marco Rubio, Penland afirmó que su país está siendo «atacado por narcoterroristas criminales» y que las organizaciones como el Cartel de los Soles amenazan la estabilidad hemisférica, justificando así la necesidad de desmantelar estas redes con fuerza militar.
Por otro lado, el debate también mostró las alianzas geopolíticas en la región. Argentina, a través de su embajador Carlos Cherniak, se alineó con la postura estadounidense, denunciando que ciertos Estados actúan como plataformas de protección para grupos criminales como el Tren de Aragua.
Brasil rechazó ataques militares de EE.UU.
Mientras que, Brasil intentó mediar con una postura más cauta, criticando tanto el «populismo» como el uso de nuevas nomenclaturas sobre terrorismo para justificar intervenciones extranjeras, reflejando la complejidad de consensuar una política común frente a la crisis venezolana.
Con información de Infobae



