
Con el calendario electoral de 2026 acercándose y en medio de un país golpeado por disputas armadas, economías ilegales y tensiones políticas, el presidente Gustavo Petro anunció una nueva reconfiguración en la cúpula de las Fuerzas Militares. El mandatario justificó los cambios como una decisión orientada a garantizar la seguridad y proteger la democracia durante el año decisivo en el que Colombia elegirá nuevo Congreso y Presidente. El anuncio, hecho a través de un extenso mensaje en su cuenta de X, marca el tercer ajuste en el Comando General que Petro realiza desde que llegó al poder.
La medida ocurre tras una gestión que ha insistido en mostrar resultados frente al narcotráfico y grupos armados, mientras enfrenta cuestionamientos por el deterioro del orden público en varias regiones. Con la llegada de nuevos mandos, el Gobierno busca enviar una señal de control institucional y de preparación frente a un ciclo electoral que, históricamente, ha estado acompañado por violencia, intimidación y presiones ilegales sobre la ciudadanía.
Una decisión con el 2026 como horizonte
Petro enmarcó el relevo bajo una idea central: la prioridad será la seguridad electoral. En un país donde los comicios se disputan no solo en las urnas, sino también en territorios donde la presencia armada impone reglas de miedo, la reorganización del alto mando adquiere lectura política y estratégica.
Colombia celebrará elecciones legislativas el 8 de marzo de 2026, y posteriormente tendrá la primera vuelta presidencial el 31 de mayo. Si ningún candidato logra la mayoría requerida, la segunda vuelta se realizará el 21 de junio. Es un ciclo de alta exposición institucional, donde las Fuerzas Militares se convierten en actor clave para garantizar el libre ejercicio del voto en zonas históricamente amenazadas por estructuras ilegales.
Tercer remezón en la línea de mando bajo el Gobierno Petro
Este no es un movimiento aislado. Petro ya había realizado un cambio drástico al inicio de su mandato en 2022, cuando retiró a 40 almirantes y generales de las Fuerzas Armadas, una decisión que reconfiguró profundamente el liderazgo militar y generó debate sobre el criterio y las motivaciones de esa purga.
Posteriormente, en mayo de 2024, el mandatario volvió a intervenir la cúpula en respuesta a la crisis de seguridad en el departamento del Cauca, uno de los puntos más convulsos del suroccidente colombiano, donde grupos armados y disidencias disputan rutas del narcotráfico y control territorial.
Ahora, en el cierre de 2025, Petro repite el gesto con un objetivo declarado: fortalecer el control, blindar la democracia y evitar que el proceso electoral sea sometido por amenazas armadas.
La nueva cúpula: nombres y relevos en cada fuerza
En su anuncio, Petro informó que el general Hugo Alejandro López Barreto asumirá como comandante general de las Fuerzas Militares, reemplazando al almirante Francisco Cubides. Este nombramiento representa un giro significativo en el liderazgo conjunto.
Como jefe de Estado Mayor Conjunto llega el vicealmirante Harry Ernesto Reyna, mientras que el mayor general Royer Gómez será el nuevo comandante del Ejército, acompañado por el mayor general Jaime Galindo como segundo comandante.
En la Armada, el almirante Juan Ricardo Rozo se mantendrá como comandante, con el vicealmirante Orlando Grisales Franceschi como segundo comandante y jefe de Estado Mayor Naval.
La Fuerza Aeroespacial Colombiana —nombre actualizado que subraya la dimensión estratégica del dominio aéreo y espacial— será dirigida por el mayor general Carlos Fernando Silva Rueda, con el mayor general Alfonso Lozano Ariza como segundo comandante y jefe de Estado Mayor.
El balance de los salientes: operaciones destacadas y cifras contra el narcotráfico
Petro no anunció los cambios sin acompañarlos de un reconocimiento a la gestión de los comandantes salientes. En su mensaje habló de “grandes operaciones”, mencionando como ejemplo la recuperación del corregimiento El Plateado, en el municipio de Argelia (Cauca), donde —según su versión— se expulsó a más de un centenar de integrantes de la estructura ligada a alias “Mordisco”, sin afectar a los más de 8.000 campesinos que habitan la zona.
El Presidente presentó esa operación como un avance hacia la legalidad y como un golpe contra la “esclavitud del narcotráfico”, un término que suele emplear para describir la dependencia económica de comunidades rurales respecto a las economías ilícitas.
También destacó que 2025 cerrará con un “récord histórico” en incautación de cocaína, con una proyección de alcanzar 1.000 toneladas decomisadas, una cifra que busca reforzar la narrativa de eficacia institucional frente al crimen organizado.
Adicionalmente, el mandatario afirmó que la ofensiva militar aumentó un 27 % en comparación con el año anterior, y que se logró la neutralización de más de 4.400 integrantes de los carteles de narcotráfico más peligrosos. En materia de armas, sostuvo que este año se registró la mayor incautación de armamento de la última década, un dato utilizado como indicador de capacidad operativa.
Seguridad, democracia y la lectura política del relevo
El cambio en la cúpula militar, aunque presentado como una reestructuración técnica, también se interpreta en clave política. En Colombia, los movimientos en la comandancia reflejan tanto el enfoque de seguridad del gobierno como su necesidad de tener mandos alineados con prioridades estratégicas. En la antesala de unas elecciones decisivas, el control territorial, la seguridad de candidatos y la protección del voto serán asuntos centrales.
Petro cerró su mensaje con una frase que sintetiza su apuesta: avanzar “de la mano del pueblo” para proteger la vida y alcanzar la paz. Sin embargo, la realidad del país plantea un reto enorme: garantizar que el proceso electoral transcurra sin violencia, sin intimidaciones y sin interferencia de actores armados, en un escenario donde los conflictos regionales siguen activos y la disputa por rentas ilegales no se ha detenido.
La nueva cúpula llega con una misión clara: no solo continuar la lucha contra el narcotráfico, sino blindar la democracia en el año en que Colombia volverá a decidir su rumbo político. En ese terreno, las Fuerzas Militares no solo operan con fusiles: también cargan la responsabilidad de sostener la institucionalidad en un momento de alta tensión nacional.
Con información de DW



