
La ayuda humanitaria en Venezuela continúa siendo una necesidad urgente tres semanas después de los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el país el pasado 24 de junio. Catholic Relief Services (CRS), una de las principales organizaciones internacionales que participa en la respuesta a la emergencia, advirtió que la magnitud de la destrucción superó las previsiones iniciales y que miles de familias aún enfrentan condiciones extremadamente difíciles.
Robyn Fieser, coordinadora de comunicaciones de emergencia de CRS en Venezuela, pidió a la comunidad internacional mantener a los venezolanos «en sus corazones», al considerar que el proceso de recuperación apenas comienza y que las necesidades humanitarias siguen creciendo, tanto en el plano material como en el emocional.
Ayuda humanitaria en Venezuela enfrenta una emergencia mayor de la prevista
Robyn Fieser llegó a Venezuela el pasado 9 de julio para integrarse a las labores de coordinación de Catholic Relief Services sobre el terreno. Lo que encontró, según explicó en declaraciones a OSV News, superó ampliamente las expectativas que tenía antes de arribar al país.
La representante de la organización describió barrios enteros completamente destruidos, con edificios derrumbados unos sobre otros y calles convertidas en enormes montañas de escombros.
«La destrucción era enorme en varias manzanas. Parecía una zona de guerra», relató al describir el panorama observado en las zonas más afectadas por los terremotos.
Los movimientos sísmicos, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia, provocaron una de las mayores tragedias naturales registradas en la historia reciente de Venezuela.
Miles de personas perdieron sus hogares y numerosas familias continúan buscando a familiares desaparecidos mientras los equipos de rescate mantienen las labores de recuperación entre las estructuras colapsadas.
Fieser recordó el testimonio de un habitante que, apenas sintió el terremoto, corrió hasta su vivienda, se colocó los zapatos y salió inmediatamente para ayudar a otras personas atrapadas entre los escombros.
Historias como esa, explicó, reflejan la solidaridad que ha surgido entre los propios venezolanos durante la emergencia.
Sin embargo, la representante de CRS insistió en que la magnitud de la crisis exige mantener el apoyo internacional durante un período prolongado.
La organización trabaja en estrecha coordinación con Cáritas Venezuela, institución con la que comparte la red humanitaria de Cáritas Internationalis, para distribuir asistencia en las comunidades más afectadas.
Desde el inicio de la emergencia, ambas organizaciones han entregado cientos de kits de alimentos, productos de higiene, mantas y lonas destinadas a servir como refugio temporal para las familias que perdieron sus viviendas.
La infraestructura básica también sufrió graves afectaciones.
Los daños en los sistemas de agua potable, electricidad y saneamiento dificultan el acceso de miles de personas a servicios esenciales y complican las condiciones sanitarias en numerosos sectores.
Según CRS, la prioridad inmediata consiste en garantizar alimentos, agua potable, artículos de higiene y refugio mientras continúa la fase inicial de recuperación.
Organizaciones humanitarias responden a necesidades que siguen aumentando
La asistencia desplegada por CRS y Cáritas Venezuela busca responder tanto a las necesidades derivadas directamente de los terremotos como a las condiciones de vulnerabilidad que ya existían antes del desastre.
La propia organización recordó que, antes de los sismos, aproximadamente 7,9 millones de venezolanos requerían algún tipo de ayuda humanitaria debido a las dificultades económicas, la inseguridad alimentaria y las limitaciones de los servicios públicos.
Los terremotos agravaron ese escenario y ampliaron considerablemente el número de personas que dependen de la asistencia internacional.
Fieser explicó que muchas familias viven actualmente en tiendas de campaña improvisadas porque perdieron completamente sus viviendas.
Entre ellas conoció a tres enfermeras que instalaron un pequeño campamento junto a una iglesia después de quedarse sin hogar.
A pesar de esa situación, las profesionales continúan acudiendo diariamente a sus puestos de trabajo para atender a los heridos y colaborar con la respuesta sanitaria.
La representante de CRS considera que este tipo de acciones refleja el compromiso mostrado por numerosas comunidades frente a la tragedia.
Las organizaciones humanitarias distribuyen alimentos, agua potable, pañales, mantas, kits de higiene y otros productos esenciales para ayudar a las familias desplazadas.
Los voluntarios también entregan lonas que sirven como refugios temporales para quienes permanecen en espacios abiertos.
La prioridad consiste en cubrir las necesidades básicas mientras se desarrollan programas de reconstrucción y rehabilitación de las zonas afectadas.
Fieser señaló que muchas personas llegan a los puntos de distribución sin prácticamente ninguna pertenencia.
Por esa razón, la ayuda incluye desde artículos de primera necesidad hasta elementos básicos para la higiene diaria.
La coordinación entre CRS y Cáritas Venezuela permite ampliar el alcance de estas entregas y fortalecer la presencia humanitaria en las comunidades con mayores dificultades.
No obstante, la organización reconoce que las necesidades continúan siendo muy superiores a los recursos disponibles y que será necesario mantener el respaldo internacional durante los próximos meses.
El impacto emocional se convierte en otro gran desafío para la recuperación
Además de la destrucción material, Catholic Relief Services advierte que el trauma psicológico constituye una de las consecuencias más profundas de la emergencia.
Robyn Fieser aseguró que todas las personas con las que conversó durante su recorrido por las zonas afectadas manifestaron algún grado de afectación emocional.
Muchas continúan viviendo con miedo debido a las constantes réplicas registradas desde el 24 de junio.
La representante explicó que algunos sobrevivientes no pueden cerrar la puerta del baño por temor a quedar atrapados durante un nuevo terremoto.
Otros duermen cerca de la puerta principal de sus viviendas para facilitar una posible evacuación.
También relató el caso de una mujer que, tras abandonar su edificio durante los terremotos, observó personas cubiertas de polvo y víctimas tendidas en las calles mientras sonaban las alarmas de los teléfonos móviles.
Desde entonces, cualquier sonido similar a una alarma le provoca un intenso estado de ansiedad.
Fieser considera que el acompañamiento psicológico resulta tan importante como el suministro de alimentos o agua potable.
A su juicio, muchas personas necesitan apoyo profesional para afrontar las experiencias vividas y comenzar un proceso de recuperación emocional.
La representante también reconoció que en algunas zonas todavía permanece el olor de los cuerpos que continúan bajo los escombros, una situación que incrementa el impacto psicológico sobre las comunidades.
Pese a ello, destacó que existe un fuerte espíritu de solidaridad entre los sobrevivientes.
Las familias comparten alimentos, colaboran en las tareas de limpieza y apoyan a quienes atraviesan situaciones más difíciles.
Las tres enfermeras que conoció constituyen, según explicó, un ejemplo de esa actitud.
Aunque perdieron sus hogares, regresaron inmediatamente a trabajar para atender a los pacientes afectados por los terremotos.
Fieser afirmó que muchas personas encuentran alivio precisamente al ayudar a otros durante esta etapa tan compleja.
Antes de concluir su mensaje, pidió a la comunidad internacional no olvidar la situación que enfrenta Venezuela.
«Necesitamos que mantengan a los venezolanos en sus corazones», expresó al insistir en que la recuperación será un proceso largo y que las necesidades humanitarias continuarán durante mucho tiempo.
Las declaraciones de Catholic Relief Services ponen de relieve que la emergencia provocada por los terremotos va mucho más allá de los daños materiales. La pérdida de viviendas, el colapso de servicios esenciales, el impacto psicológico y la persistencia de miles de familias desplazadas mantienen activa una crisis humanitaria que exige una respuesta sostenida. Mientras organizaciones como CRS y Cáritas Venezuela continúan distribuyendo alimentos, agua, refugios y artículos básicos, también insisten en la importancia de acompañar emocionalmente a los sobrevivientes y de mantener el respaldo internacional para que el proceso de recuperación pueda avanzar en los próximos meses.
Con información de EFE



