A un mes de los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, La Guaira continúa enfrentando las consecuencias de una de las mayores tragedias registradas en el país en más de un siglo. Miles de personas permanecen en refugios temporales, mientras esperan respuestas sobre el futuro de sus viviendas.
Uno de esos refugios funciona en el Polideportivo José María Vargas, donde cientos de familias viven desde el 24 de junio. Allí reciben alimentación, atención médica y apoyo para los niños, quienes asisten a una escuela improvisada dentro del complejo deportivo.
Según el más reciente balance oficial, 107 campamentos albergan a más de 23.000 personas, mientras cerca de 18.000 permanecen sin vivienda tras los sismos.
Muchas familias abandonaron edificios que aún permanecen en pie, pero temen regresar debido a los daños estructurales y a las continuas réplicas. Para evaluar las edificaciones afectadas, las autoridades implementaron un sistema de clasificación que determina si los inmuebles pueden volver a ser habitados.
Además de las pérdidas materiales, el impacto emocional continúa afectando a los sobrevivientes. Veruska Isasis, una de las damnificadas, relató que tanto ella como su hija reciben apoyo psicológico debido a la ansiedad y el miedo que les dejó el terremoto.
Mientras avanzan las labores de recuperación y distribución de ayuda humanitaria, miles de familias siguen viviendo con la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares y comenzar una nueva etapa.




