
El estrés postraumático en niños damnificados por los terremotos del pasado 24 de junio se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las organizaciones humanitarias que trabajan en Venezuela. Plan International advirtió que, además de las pérdidas materiales y el desplazamiento de miles de familias, la emergencia ha dejado profundas secuelas emocionales en la infancia.
La organización pidió que la atención psicológica reciba la misma prioridad que la reconstrucción de viviendas y la recuperación de los servicios básicos, al considerar que la salud mental será determinante para superar las consecuencias del desastre.
Estrés postraumático en niños damnificados agrava la emergencia humanitaria
Casi un mes después del doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia, las consecuencias continúan afectando la vida cotidiana de miles de familias. Aunque las labores de rescate dieron paso a la reconstrucción de las comunidades más golpeadas, especialistas advierten que otra crisis avanza de manera silenciosa: el deterioro de la salud mental de niñas, niños y adolescentes.
Plan International, organización internacional con sede regional en Panamá, alertó que numerosos menores presentan síntomas compatibles con estrés postraumático como consecuencia de la experiencia vivida durante los sismos y las difíciles condiciones que enfrentan desde entonces.
La asesora regional de Protección de la Niñez en Acción Humanitaria de la organización, Yesica Serrano, explicó que identificar estas señales resulta tan importante como garantizar alimentos, refugio o atención médica. A su juicio, la recuperación integral solo será posible si las respuestas humanitarias incluyen programas especializados de apoyo emocional.
«Estar conscientes de estas señales y actuar sobre ellas, junto con la atención médica, es tan urgente como reconstruir un techo», señaló Serrano en un comunicado difundido por la organización.
Los terremotos registrados el 24 de junio devastaron amplias zonas del estado La Guaira, donde decenas de edificios colapsaron y miles de familias perdieron sus hogares. De acuerdo con las cifras oficiales, el desastre dejó al menos 5.208 personas fallecidas, mientras que la cantidad de desaparecidos continúa sin una cifra definitiva.
Sin embargo, las consecuencias del desastre no se limitan a las pérdidas humanas ni a la destrucción física. Las organizaciones que permanecen desplegadas en las comunidades afectadas sostienen que el impacto psicológico continúa creciendo conforme pasan las semanas y las familias intentan adaptarse a una nueva realidad marcada por la incertidumbre.
Condiciones de los refugios prolongan el impacto emocional en la infancia
Plan International explicó que la situación actual de miles de familias dificulta la recuperación emocional de los menores. Muchas personas continúan viviendo en campamentos temporales, rodeadas de escombros y enfrentando cambios drásticos en su rutina diaria.
Según datos citados por la organización, provenientes de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), actualmente 107 campamentos transitorios albergan a más de 23.800 personas, cifra que representa cerca del 86 % de su capacidad instalada. Además, más de 17.900 personas permanecen sin una vivienda permanente.
La ONG considera que estas condiciones incrementan la sensación de inseguridad en la niñez y dificultan el proceso de recuperación emocional.
Las organizaciones asociadas que trabajan directamente en las comunidades reportan un aumento progresivo de síntomas físicos sin causa médica aparente. Entre ellos destacan dolores de cabeza, molestias estomacales, dificultades para dormir, sobresaltos frecuentes y nerviosismo constante.
De acuerdo con Plan International, estos malestares suelen reflejar cuadros de ansiedad o estrés postraumático que los menores no logran expresar verbalmente.
Serrano explicó que muchos niños manifiestan su sufrimiento mediante cambios de comportamiento antes que con palabras. Los más pequeños pueden dejar de comer, llorar con facilidad, presentar alteraciones del sueño o reaccionar con miedo frente a ruidos fuertes que recuerdan el momento del terremoto.
En el caso de los adolescentes, la respuesta suele ser diferente. Algunos se aíslan, reducen la comunicación con sus familiares, muestran irritabilidad, responden con agresividad o prefieren mantenerse alejados de su entorno habitual.
La especialista recordó que cada etapa del desarrollo infantil responde de manera distinta ante una experiencia traumática, razón por la cual considera indispensable que padres, docentes y personal sanitario aprendan a identificar estas señales para intervenir de forma oportuna.
Además del trauma provocado por los movimientos telúricos, muchos menores enfrentan el duelo por la pérdida de familiares, amigos o vecinos, así como la desaparición de sus hogares, escuelas y espacios de recreación, factores que prolongan el impacto emocional.
Organizaciones humanitarias piden integrar la salud mental a la reconstrucción
Plan International insistió en que la atención psicológica debe formar parte de la respuesta humanitaria desde las primeras etapas de la emergencia y mantenerse durante todo el proceso de recuperación de las comunidades afectadas.
Yesica Serrano afirmó que el impacto de un terremoto no desaparece cuando concluyen las labores de rescate. Por el contrario, muchas secuelas permanecen durante meses o incluso años si los menores no reciben acompañamiento especializado.
«Cuando pasa el impacto inmediato del terremoto, el efecto no desaparece, se queda con niñas, niños y adolescentes, tanto en el cuerpo como en la mente», explicó la especialista.
La organización considera que el bienestar emocional no puede seguir tratándose como un aspecto secundario dentro de las operaciones de ayuda. En su evaluación, reconstruir viviendas e infraestructura resulta indispensable, pero también lo es atender las consecuencias psicológicas derivadas del desastre.
«La salud mental de la niñez ya no puede tratarse como una respuesta secundaria. Si no atendemos el bienestar físico y emocional en conjunto, la recuperación será imposible», sostuvo Serrano.
Actualmente, Plan International desarrolla junto con organizaciones locales diversos programas de apoyo psicosocial dirigidos a niñas, niños y adolescentes afectados por los terremotos. Estas iniciativas incluyen acompañamiento individual y grupal, actividades de contención emocional, fortalecimiento de los sistemas de protección infantil y asistencia a las familias para cubrir necesidades urgentes.
La organización también mantiene una atención especial hacia las niñas, debido a que en contextos de desplazamiento y emergencia suelen enfrentar mayores riesgos relacionados con la protección, la interrupción escolar y otras formas de vulnerabilidad.
Mientras continúan las labores de reconstrucción en las zonas más afectadas, las organizaciones humanitarias coinciden en que la recuperación no dependerá únicamente de levantar viviendas o restablecer servicios públicos. También exigirá atender las heridas invisibles que dejaron los terremotos en miles de menores, quienes todavía enfrentan miedo, ansiedad e incertidumbre. Para los especialistas, garantizar apoyo psicológico oportuno será tan importante como reconstruir las ciudades, ya que solo una recuperación física y emocional permitirá que la infancia recupere la estabilidad después de una de las mayores tragedias registradas en el país.
Con información de El Pitazo




