Dos meses después de los terremotos del pasado 24 de junio, algunos sobrevivientes en Venezuela intentan recuperar parte de la normalidad mediante pequeños emprendimientos instalados en refugios, viviendas afectadas y espacios improvisados. La tragedia dejó 6.500 muertos y más de 17.900 personas sin vivienda, mientras numerosas familias continúan enfrentando las consecuencias económicas y sociales de los sismos.
La Guaira, uno de los estados más afectados, registra una caída del 80 % en los ingresos del sector productivo, de acuerdo con un informe de la Cámara de Comercio local elaborado a partir de encuestas y compartido con EFE. El turismo, principal fuente de ingresos de la zona, permanece prácticamente paralizado debido a la remoción de escombros y a la disminución de visitantes, aunque actividades como la pesca y otros trabajos comienzan lentamente a reactivarse.
En medio de este panorama, algunos habitantes han optado por reinventarse. Jefferson Zavala, de 27 años, dejó su empleo en una barbería de Maiquetía y comenzó a atender clientes desde la entrada de su vivienda en Mare Abajo. Cobra cinco dólares por corte, frente a los diez que cobraba anteriormente, e incluso acepta lo que sus clientes puedan pagar. Su negocio funciona en una zona donde numerosas familias permanecen en tiendas de campaña después de que sus viviendas fueran inspeccionadas por las autoridades.
Otro ejemplo es Edwar Carpio, de 51 años, quien reconstruyó su puesto de frutas y verduras en una carpa de Mare Abajo apenas dos semanas después de la emergencia. Con tablas, una balanza y algunas cestas, volvió a vender productos que transporta desde Caracas y decidió mantener sus precios pese a la reducción de las ventas. Según explica, la actividad comercial comenzó a mejorar ligeramente durante la última semana, en momentos en que las ayudas y donaciones han disminuido.
En Caraballeda, Denis Carolina Tuberge también intenta mantener su fuente de ingresos en medio de un escenario marcado por los escombros y los negocios cerrados. La comerciante instala diariamente su puesto al aire libre y vende golosinas, cigarrillos y refrescos. Sin embargo, asegura que la situación es especialmente difícil porque buena parte de sus antiguos clientes eran niños de un complejo gubernamental que colapsó durante los terremotos.
Las historias de estos pequeños comerciantes reflejan el esfuerzo de los sobrevivientes por reconstruir sus medios de vida en medio de una tragedia que todavía afecta profundamente a las comunidades. Con negocios improvisados, precios reducidos y recursos limitados, buscan volver a generar ingresos mientras esperan la recuperación de las zonas afectadas.




