Jaime Andrés Uribe asume la gerencia del Fondo Milagro para dirigir la reconstrucción tras el terremoto en Colombia

La designación se conoce mientras el país continúa recaudando fondos para atender los daños causados por el terremoto del pasado 10 de agosto. Las estimaciones rondan los 30 billones de pesos

Jaime Andrés Uribe asumirá la gerencia del Fondo Milagro, el mecanismo creado por el Gobierno colombiano para administrar los recursos y coordinar la reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto. El empresario antioqueño afrontará el reto de convertir las donaciones nacionales e internacionales en viviendas, infraestructura y soluciones concretas para las comunidades damnificadas.

El ministro del Interior, Rodrigo Lara, confirmó este viernes el nombramiento. La decisión llega en un momento crítico, mientras el país continúa calculando la magnitud de los daños y recaudando dinero para atender una emergencia que dejó pérdidas materiales estimadas preliminarmente en cerca de 30 billones de pesos.

Uribe había asumido en julio la presidencia de ProColombia, entidad encargada de promover las exportaciones, atraer inversión extranjera y fortalecer el turismo. Ahora pasará a dirigir un fondo cuya responsabilidad operativa y financiera tendrá un impacto directo sobre miles de familias.

El presidente Abelardo de la Espriella advirtió que las contribuciones recibidas hasta el momento todavía representan menos del 10 % del monto necesario para completar la recuperación de los territorios golpeados por el movimiento telúrico. Esa diferencia entre los recursos disponibles y las necesidades reales obliga al Gobierno a buscar nuevas fuentes de financiación y establecer prioridades claras.

El Fondo Milagro concentrará los aportes de ciudadanos, compañías, empresarios y gobiernos extranjeros. También coordinará la ejecución de proyectos y articulará el trabajo entre las instituciones nacionales, las administraciones territoriales, el sector privado y las comunidades.

La tarea exige transparencia, rapidez y conocimiento técnico. El nuevo gerente deberá evitar la dispersión de las ayudas, identificar las obras urgentes y garantizar que cada inversión responda a una necesidad comprobada. Además, tendrá que separar los daños cubiertos por pólizas de seguros de aquellos que requieren dinero público o aportes solidarios.

Jaime Andrés Uribe comienza la evaluación de los daños

El nuevo gerente ofreció sus primeras declaraciones desde Cali, donde acompañó al Gobierno durante un Puesto de Mando Unificado instalado para revisar las consecuencias del terremoto. En la reunión también participaron el ministro Rodrigo Lara y el alcalde de la ciudad, Alejandro Eder.

Uribe explicó que el Ejecutivo trabaja inicialmente en dos frentes. El primero consiste en terminar la estructuración jurídica del Fondo Milagro para que el mecanismo pueda recibir, administrar y ejecutar recursos. El segundo busca consolidar información precisa sobre las pérdidas y las necesidades de cada localidad.

“Estamos terminando de recopilar la información para identificar las necesidades, que son muchísimas, y terminar de estructurar el fondo con ayuda del Ministerio del Interior y la Presidencia”, manifestó.

El proceso legal determinará cómo funcionará la entidad, cuáles organismos supervisarán sus actuaciones, qué procedimientos utilizará para contratar obras y de qué manera rendirá cuentas sobre el dinero recibido. Una base normativa clara permitirá iniciar las intervenciones con rapidez sin descuidar los controles.

Al mismo tiempo, los equipos técnicos recopilan datos sobre viviendas, hospitales, colegios, carreteras, redes de servicios y establecimientos productivos. Este diagnóstico permitirá distinguir los daños menores de las pérdidas totales y calcular el costo aproximado de cada intervención.

Uribe señaló que el Gobierno necesita información confiable antes de distribuir el presupuesto. Una respuesta apresurada, sin un inventario completo, podría concentrar las ayudas en los lugares más visibles y dejar sin atención a comunidades alejadas.

“Tenemos que ser asertivos con los recursos y el tiempo. Lo primero es la información y luego la planeación de la reconstrucción”, sostuvo el funcionario.

El Fondo Milagro también deberá determinar cuáles pérdidas pueden cubrir las aseguradoras. Las edificaciones, empresas o bienes protegidos por pólizas seguirán procedimientos diferentes a los de las familias que perdieron sus viviendas y no cuentan con respaldo financiero.

Esta distinción evitará duplicar pagos y permitirá dirigir los aportes solidarios hacia quienes enfrentan una mayor vulnerabilidad. Los equipos responsables tendrán que revisar contratos, valorar inmuebles y coordinarse con las compañías aseguradoras para conocer los montos y plazos de las indemnizaciones.

El Gobierno estima que el terremoto dejó daños por alrededor de 30 billones de pesos, pero la cifra podría aumentar a medida que avancen las inspecciones. Las evaluaciones iniciales no siempre detectan problemas estructurales, afectaciones en redes subterráneas o interrupciones productivas que aparecen después de la emergencia.

Los cálculos también deberán incluir el costo social de la tragedia. La recuperación no se limita a levantar paredes o reparar carreteras. Muchas familias perdieron sus ingresos, negocios, herramientas de trabajo y redes comunitarias, por lo que necesitarán apoyo para restablecer sus actividades cotidianas.

Una trayectoria empresarial ligada a la industria y el comercio

Jaime Andrés Uribe llega a la administración pública con más de 25 años de experiencia en sectores industriales, manufactureros, comerciales y de consumo. Su trayectoria incluye la creación de empresas, la gestión financiera, las negociaciones internacionales y la apertura de mercados.

Durante más de dos décadas ejerció como socio fundador y gerente general de Silicaucho S. A., empresa dedicada a fabricar productos de caucho y silicona para actividades como la construcción y la industria automotriz. Esa experiencia le permitió conocer procesos productivos, cadenas de abastecimiento y relaciones con proveedores.

También participó en la creación y administración de Parce Rum, conocido comercialmente como Ron Parce, una marca colombiana de ron prémium producida en el Quindío y comercializada en mercados internacionales. En ese proyecto trabajó con los maestros mezcladores colombianos Brojen y Arthur Fernandes Domecq.

Uribe figura, además, como socio y gerente de Prisma Coffee Tech, compañía especializada en el diseño, la ingeniería y la fabricación de maquinaria para la industria cafetera. Bajo la misma estructura empresarial opera Prisma Moto Parts, dedicada a comercializar repuestos y accesorios para motocicletas.

Este recorrido muestra una experiencia diversa que abarca producción, comercialización, desarrollo de productos, dirección de personal y vínculos con distintos sectores económicos. El Gobierno espera aprovechar esas capacidades para articular a las empresas privadas con las instituciones responsables de la recuperación.

Antes de recibir la gerencia del Fondo Milagro, Uribe asumió la presidencia de ProColombia. Desde allí debía impulsar las exportaciones nacionales, atraer capital internacional y fortalecer la imagen del país como destino turístico y empresarial.

Su experiencia política comenzó a tomar forma en 2017, cuando acompañó a Rafael Nieto Loaiza durante su aspiración presidencial por el Centro Democrático. Años después, participó en la campaña que llevó a Abelardo de la Espriella a la Presidencia.

Durante esa contienda, Uribe coordinó voluntarios en Antioquia y colaboró con la recolección y el envío de firmas para respaldar la candidatura. También sirvió como enlace con empresarios del departamento, una función que le permitió estrechar relaciones con sectores productivos de la región.

Después de las elecciones integró el equipo de empalme del nuevo Gobierno como coordinador del área de Comercio, Industria y Turismo, bajo el liderazgo del entonces ministro designado Mauricio Gómez Amín. Su posterior llegada a ProColombia marcó su entrada formal a un cargo de alta responsabilidad estatal.

La dirección del Fondo Milagro expone ahora sus capacidades a un desafío diferente. Administrar empresas o promover inversiones demanda resultados, pero reconstruir territorios destruidos incorpora una responsabilidad humanitaria y requiere responder ante ciudadanos que atraviesan pérdidas profundas.

Uribe tendrá que combinar la eficiencia empresarial con la sensibilidad social. Las decisiones no podrán basarse únicamente en costos, rentabilidad o velocidad de ejecución. También deberán considerar las características culturales, económicas y geográficas de cada comunidad.

Su cercanía con el sector privado puede facilitar la obtención de materiales, maquinaria, transporte y asistencia técnica. Sin embargo, el fondo necesitará reglas que garanticen competencia, transparencia y seguimiento público para evitar conflictos de intereses o ventajas indebidas.

El Fondo Milagro toma como referencia la reconstrucción del Eje Cafetero

El Gobierno utilizará como referencia el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec), creado después del terremoto de 1999. Aquel mecanismo concentró los recursos y coordinó las obras mediante una estructura especial que operó con procedimientos distintos a los de la administración estatal tradicional.

El nuevo modelo busca agilizar la respuesta, reducir los trámites innecesarios y conectar directamente la financiación con las necesidades de cada territorio. El Fondo Milagro deberá adaptar esa experiencia al tamaño de la emergencia actual y a las condiciones sociales de las ciudades afectadas.

Entre las primeras líneas anunciadas figuran la entrega de materiales de construcción, la asistencia técnica y los subsidios de emergencia. El plan también contempla la participación de las comunidades en la recuperación de sus viviendas y entornos.

Incorporar a los damnificados puede acelerar algunas reparaciones y fortalecer el sentido de pertenencia. No obstante, el Estado deberá garantizar supervisión profesional para evitar reconstrucciones inseguras o edificaciones que no cumplan las normas de resistencia sísmica.

La asistencia técnica tendrá un papel decisivo. Ingenieros, arquitectos y expertos en gestión del riesgo deberán evaluar los terrenos, revisar los diseños y determinar si resulta conveniente reparar, reforzar o demoler cada estructura.

El Fondo Milagro también necesitará establecer criterios públicos para asignar los recursos. Las familias deberán conocer qué requisitos deben cumplir, cómo pueden solicitar ayuda y cuáles plazos manejarán las autoridades. Una comunicación clara reducirá la desinformación y evitará que intermediarios se aprovechen de la emergencia.

Otro reto será coordinar a los diferentes niveles del Estado. Las alcaldías conocen las necesidades locales, las gobernaciones pueden articular esfuerzos regionales y el Gobierno nacional dispone de mayor capacidad financiera. El fondo tendrá que convertir esas competencias separadas en una estrategia común.

La magnitud de las pérdidas obliga además a mantener la cooperación internacional. Si los recursos disponibles no alcanzan el 10 % de lo requerido, Colombia necesitará ampliar las donaciones, negociar créditos y buscar apoyo técnico de países y organismos multilaterales.

Uribe deberá ofrecer garantías a quienes aporten dinero. Los donantes exigirán información sobre los proyectos financiados, el uso de los fondos y los resultados obtenidos. Informes periódicos, auditorías independientes y plataformas públicas de seguimiento pueden fortalecer esa confianza.

La reconstrucción no concluirá en pocos meses. Levantar viviendas, recuperar servicios, reactivar negocios y reparar infraestructura puede tomar varios años. Por ello, el mecanismo necesita una planificación que combine intervenciones inmediatas con proyectos de mediano y largo plazo.

El nombramiento de Jaime Andrés Uribe abre la etapa organizativa del Fondo Milagro. Su experiencia en la industria, el comercio, la negociación y la apertura de mercados ofrece herramientas para coordinar una operación compleja, pero los resultados dependerán de su capacidad para administrar los recursos con rigor y mantener a las comunidades en el centro de las decisiones.

El país espera que las contribuciones se conviertan rápidamente en soluciones verificables. El desafío no consiste solo en recaudar dinero, sino en transformarlo en techos seguros, servicios restablecidos, vías recuperadas y oportunidades para quienes perdieron sus medios de vida.

La gestión de Uribe será evaluada por su capacidad para alcanzar esos objetivos. En una reconstrucción de esta magnitud, cada decisión financiera tendrá consecuencias humanas. La transparencia, la planeación y la ejecución eficiente determinarán si el Fondo Milagro consigue responder a las expectativas y acelerar la recuperación de las regiones golpeadas por el terremoto.

Con información de El Colombiano

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