
Por: Miguel Eduardo Mundo / @miguelmundo
La velocidad del petróleo
Qué curioso resulta descubrir que Venezuela puede avanzar rápidamente cuando el asunto es petróleo.
Estados Unidos asegura haber conseguido control mayoritario sobre un proyecto que involucra más de 65 mil millones de barriles de reservas venezolanas. Chevron anunció inversiones superiores a 7 mil millones de dólares para duplicar su producción en cinco años y el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, estuvo en Caracas mientras nuevas empresas anunciaban proyectos.
Para eso sí parece haber seguridad, planificación y futuro.
Para unas elecciones, todavía no.
Marco Rubio sostiene que Venezuela necesita condiciones que permitan una elección verdaderamente democrática. El argumento puede tener sentido: votar con las mismas instituciones y estructuras que durante años controló el chavismo tampoco garantiza democracia.
El problema es otro: mientras esas condiciones llegan, los contratos petroleros avanzan a una velocidad extraordinaria.
El socio inesperado
Y entonces aparece Alejandro Betancourt.
Reuters reveló que el empresario venezolano, hoy pieza fundamental del gigantesco acuerdo petrolero, había estado bajo investigación en Estados Unidos por presunto lavado de dinero relacionado con fondos desviados de Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
Ahora Washington asegura que no enfrenta cargos y lo convierte en socio de una operación que podría extenderse durante décadas.
Marco Rubio explicó esta semana que Estados Unidos no hizo el acuerdo directamente con Delcy Rodríguez sino con una empresa privada.
Puede ser jurídicamente cierto, pero políticamente resulta difícil explicar cómo se reorganiza una parte gigantesca del petróleo venezolano sin negociar, directa o indirectamente, con quienes hoy controlan el Estado.
Maduro tampoco se fue
Mientras hablamos del futuro, Nicolás Maduro continúa peleando el suyo.
Esta semana pidió a un juez estadounidense desestimar los cargos que enfrenta en Nueva York alegando inmunidad como jefe de Estado. Su juicio está previsto para 2027.
Y aquí aparece otra paradoja venezolana: Maduro está preso, Delcy gobierna, Estados Unidos hace negocios petroleros, las empresas internacionales regresan y María Corina Machado advierte que solamente un gobierno democrático podrá ofrecer verdadera estabilidad.
Todos hablan del futuro de Venezuela, menos los venezolanos.
No se trata de rechazar inversiones. Venezuela necesita capital, tecnología, empleo y reconstruir una industria petrolera destruida durante décadas, pero también necesita instituciones, transparencia y legitimidad.
Porque si podemos firmar acuerdos para explotar petróleo durante generaciones, también deberíamos ser capaces de establecer un camino concreto para recuperar la democracia.
Por ahora parece que el orden será otro: primero el negocio… Después veremos.




