
La crisis en Guri completa una década marcada por dos problemas diferentes: primero, la caída del nivel del embalse amenazó la generación; después, el deterioro de las unidades comenzó a limitar la capacidad de la principal hidroeléctrica de Venezuela. En 2026, la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar mantiene siete de sus 20 turbinas fuera de servicio.
El recorrido comenzó en 2016, cuando el fenómeno El Niño redujo las reservas de agua y llevó el embalse cerca de niveles considerados críticos para la operación. El Gobierno aplicó entonces cortes diarios de cuatro horas mediante un Plan de Administración de Carga que buscaba contener el consumo mientras llegaban las lluvias.
Crisis en Guri: de la falta de agua al desgaste de las turbinas
La recuperación del embalse no resolvió las dificultades estructurales. En 2018, Guri generaba menos de la mitad de sus 10.350 megavatios de capacidad instalada. Nueve de sus 20 turbinas permanecían indisponibles y las dos casas de máquinas producían entre 3.500 y 5.010 MW, según reportes de Corpoelec obtenidos por El Pitazo.
Ese escenario mostró un cambio en el origen del problema. Mientras en 2016 la escasez de agua dominaba la emergencia, dos años después la disponibilidad de los equipos y el mantenimiento de la infraestructura condicionaban la generación.
Los apagones de 2019 expusieron la vulnerabilidad del sistema
El 7 de marzo de 2019 comenzó un apagón que afectó gran parte de Venezuela y abrió una serie de interrupciones nacionales. Las autoridades atribuyeron aquellos eventos a sabotajes y ataques contra el sistema eléctrico, mientras especialistas y fuentes del sector consultadas por El Pitazo señalaron fallas en equipos vinculados con Guri y vulnerabilidades en la red de transmisión.
La emergencia dejó en evidencia la dependencia nacional de la generación hidroeléctrica del Bajo Caroní y la importancia de mantener disponibles tanto las unidades generadoras como las líneas encargadas de transportar la electricidad.
Siete unidades permanecen fuera de servicio en 2026
Una década después de la sequía, Guri genera unos 6.141 MW de los 10.350 MW instalados, de acuerdo con reportes de Corpoelec conocidos por El Pitazo. Siete turbinas están indisponibles y la central no supera el 60 % de su capacidad instalada.
Las fallas recientes aumentaron la presión. La unidad 17 salió de operación el 29 de agosto y dejó de aportar 770 MW. El 10 de septiembre, la unidad 15 sufrió otra parada de emergencia por problemas en componentes del rodete. Al mismo tiempo, la demanda eléctrica nacional supera los 15.000 MW y la oferta disponible permanece por debajo de esa necesidad, según datos del sector difundidos por el medio.
Diez años después, el desafío de Guri ya no depende principalmente del nivel del agua. La disponibilidad de las máquinas, el mantenimiento y la recuperación de capacidad de generación se han convertido en factores decisivos para la estabilidad del sistema eléctrico venezolano.
Con información de El Pitazo




