
La economía estadounidense creó 162.000 empleos en agosto y mantuvo la tasa de desempleo en 4,1 %, según los datos del Departamento de Trabajo. La cifra de nuevos empleos superó ampliamente las expectativas de los analistas.
Sin embargo, detrás de esos datos existe otro fenómeno que genera preocupación entre economistas: la reducción de la fuerza laboral inmigrante como consecuencia de las políticas migratorias y las deportaciones impulsadas por la administración de Donald Trump.
Reuters señaló que el crecimiento del empleo ha estado condicionado, entre otros factores, por las restricciones migratorias y la pérdida del estatus de protección de determinados grupos de inmigrantes.
Un análisis publicado en Ohio encontró que la fuerza laboral del estado se redujo considerablemente y relacionó parte de esa disminución con la salida de trabajadores nacidos en el extranjero. El análisis citado estima que 2,1 millones de hombres en edad laboral nacidos fuera de Estados Unidos abandonaron el país desde enero de 2025, aunque esa cifra corresponde a una estimación independiente y no exclusivamente a deportaciones.
Esto resulta especialmente relevante para sectores que dependen de trabajadores inmigrantes, como la construcción, la hostelería, la agricultura y determinados servicios. Por ello, aunque los datos nacionales de agosto muestran un aumento importante del empleo, no permiten concluir por sí solos que las deportaciones estén «hundiendo» la economía estadounidense. La relación entre política migratoria, disponibilidad de trabajadores, salarios, producción y crecimiento económico es más compleja.




