Mérida no está sola: cuando el pueblo actúa y los líderes fallan | Por Gustavo Lainette

➦ El autor es: Activista político-social y fundador de Resistencia Venezolana, ONG

Este fin de semana, mientras muchos disfrutaban del asueto del 5 de julio, celebrando el Día de la Independencia en playas y casas con tragos en la mano, nosotros estábamos en las calles.

Mientras líderes políticos se tomaban selfies en la playa, o simplemente brindaban con indiferencia desde la comodidad de sus hogares, la juventud y la sociedad civil organizada se movilizaban para atender a nuestros hermanos del Páramo de Mérida, quienes lo perdieron todo tras el desbordamiento de ríos y quebradas.

No hubo tiempo para celebraciones, ni espacio para discursos vacíos.
La patria dolía.

La tragedia nos exigía actuar.

Gracias a un esfuerzo titánico de recolección, logística y entrega, logramos hacer llegar camiones cargados de ayuda humanitaria: alimentos, agua potable, colchones, medicinas, ropa.
Todo donado por el pueblo para el pueblo.
Todo distribuido directamente en las comunidades más afectadas.

Mientras el régimen de Nicolás Maduro ponía trabas, ordenaba impedir la entrada de ayuda, y se aferraba al control de la miseria como herramienta política, nosotros demostramos que el pueblo organizado puede más que cualquier dictadura.
La voluntad ciudadana venció al chantaje del poder.

Y mientras la dirigencia opositora seguía en su letargo habitual, ausente, silenciosa, cómoda, la juventud venezolana lideró esta cruzada. Jóvenes valientes, comprometidos, entregados a ayudar sin esperar nada a cambio.
Ellos, y no los politiqueros de siempre, son quienes deben tomar las riendas del país.

La tragedia de Mérida no solo dejó destrucción: dejó al descubierto el verdadero rostro de quienes dicen representar al pueblo, pero solo se mueven cuando hay cámaras, elecciones o cargos en juego.
A ellos no les importa la gente. Les importa el poder.

Por eso es urgente formar un nuevo liderazgo.
Uno que no se doblegue, que no se venda, que no le dé la espalda al dolor del pueblo.
Uno que esté dispuesto a ensuciarse los zapatos, a sudar la camiseta, a cargar cajas, a dormir en el suelo si es necesario.

Hoy, desde la ONG Resistencia Venezolana, lo decimos con claridad:
mientras unos brindaban, nosotros cargábamos esperanza.
Mientras ellos se escondían, nosotros aparecimos.
Mientras ellos descansaban, nosotros actuamos.

Y lo volveremos a hacer.
Porque Mérida no está sola.
Porque Venezuela aún tiene quien la defienda.
Y porque Dios está con nosotros. Cúmplase.

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