
Mientras Colombia adelanta trabajos de rehabilitación en su tramo del puente internacional Francisco de Paula Santander, que conecta Ureña con El Escobal, las voces ciudadanas piden al Gobierno de Venezuela actuar con la misma diligencia para restaurar la otra mitad de este paso binacional clave.
La intervención en territorio colombiano inició por las aceras, deterioradas por años de desuso, paso constante y falta de mantenimiento, lo que ponía en riesgo a los peatones que utilizan a diario esta vía fronteriza.
Reparaciones del lado colombiano: mejoras visibles
En el sector bajo responsabilidad de Colombia, los trabajos comenzaron por la renovación de las aceras, que se encontraban cuarteadas y disparejas. Los obreros también anunciaron que próximamente se realizarán labores de asfaltado, con el objetivo de garantizar el tránsito vehicular sin sobresaltos.
“Estamos arreglando primero las aceras, pero más adelante se va a intervenir el pavimento”, explicó un trabajador de la firma contratada por el gobierno colombiano, mientras organizaba el flujo de automóviles en ambos sentidos del puente.
Clamor ciudadano por una acción conjunta
Peatones y conductores que frecuentan este corredor fronterizo manifestaron su preocupación por la asimetría en las condiciones del paso. Para ellos, resulta paradójico que solo una parte del puente reciba atención, mientras la otra continúa sin intervención alguna.
“Sería un desperdicio ver una mitad nueva y la otra igual de dañada. Es un paso que compartimos, y las dos naciones deberían contribuir a su conservación”, señaló un comerciante de Ureña.
El puente Simón Bolívar también necesita atención
Más allá del Francisco de Paula Santander, los ciudadanos recordaron el estado del puente internacional Simón Bolívar, el más transitado de los pasos fronterizos entre ambos países. Este conecta San Antonio del Táchira con La Parada, y también presenta deterioro en su estructura peatonal, señalización y condiciones generales.
“El Simón Bolívar está igual o peor. Por ahí pasa mucha más gente todos los días. Urge una rehabilitación coordinada”, opinó una residente de San Antonio consultada por La Nación.
Puentes como símbolo de integración
La restauración de los pasos binacionales no solo representa una necesidad estructural, sino también una oportunidad política. La frontera entre Colombia y Venezuela ha sido, en los últimos años, escenario de cierres, tensiones y reaperturas graduales. Invertir en infraestructura compartida podría enviar un mensaje de cooperación y responsabilidad mutua.
Por ahora, las obras avanzan únicamente del lado colombiano. La expectativa es que Venezuela se incorpore pronto, permitiendo que ambos países compartan no solo un puente, sino también el compromiso por mejorar las condiciones de sus ciudadanos fronterizos.



