La administración del presidente Gustavo Petro ha intensificado sus esfuerzos para adquirir la petroquímica Monómeros, filial de la venezolana Pequiven con sede en Barranquilla. El movimiento es parte de su estrategia de transición energética y soberanía agroalimentaria. Sin embargo, el plan enfrenta un obstáculo clave: la aprobación de una licencia por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que permita realizar la operación sin violar el régimen de sanciones vigente sobre Venezuela.
Un activo estratégico para la autosuficiencia agroindustrial
Durante una reciente visita a Caracas, el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, discutió con Nicolás Maduro y otros altos funcionarios venezolanos la posibilidad de que Colombia tome el control de la empresa. Monómeros produce cerca del 30 % de los fertilizantes utilizados en el país y es vista por Bogotá como un recurso clave para reducir costos en el agro y asegurar el abastecimiento de insumos agrícolas.
La intención del Gobierno colombiano es que Ecopetrol, su mayor empresa estatal, asuma el control de la compañía. Esto permitiría integrar verticalmente parte de la cadena de producción, desde el suministro de azufre hasta la distribución final de fertilizantes. En palabras del ingeniero Jairo Garavito, la operación también ayudaría a reducir los precios de los alimentos y estabilizar los costos de energía en ciertas regiones.
Presiones diplomáticas y restricciones financieras
No obstante, la adquisición está condicionada por la luz verde de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Gobierno estadounidense, que aún no ha renovado la licencia que habilita a Monómeros a operar con bancos sancionados. La Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia ha elevado el caso ante funcionarios de la Casa Blanca, alertando sobre el deterioro financiero de la empresa y el riesgo de una inminente quiebra.
Washington se ha mostrado cauteloso. Fuentes conocedoras del encuentro aseguran que hubo tensiones durante las conversaciones, aunque los delegados estadounidenses se comprometieron a revisar el expediente. Mientras tanto, el tiempo apremia: Venezuela también negocia con otros posibles compradores, lo que podría dejar a Colombia fuera de juego.
Riesgos geopolíticos y advertencias desde EE. UU.
La situación se complica aún más con las declaraciones recientes del expresidente Donald Trump, quien ha advertido que cualquier país que comercie con el régimen de Maduro podría enfrentar aranceles del 25 % en sus exportaciones hacia Estados Unidos. Un escenario que pondría en aprietos a empresas colombianas, particularmente aquellas del sector agrícola e industrial que dependen del mercado norteamericano.
Pese a ello, el Gobierno insiste en que Monómeros es una “oportunidad país”. Su adquisición garantizaría precios más accesibles a campesinos y productores, especialmente en rubros como el café, la papa y el aceite de palma. Petro ha rechazado cualquier intento de privatización, subrayando que dejar la empresa en manos extranjeras comprometería la seguridad alimentaria nacional.
Entre la urgencia económica y los límites del presupuesto
Sin embargo, persisten dudas sobre cómo se financiará la compra y recuperación de una empresa con problemas severos de liquidez y más de 800 empleados. Expertos como Milton Fernando Montoya recuerdan que bajar los precios de los fertilizantes solo será viable si se implementa una política de subsidios sostenida, algo difícil en el contexto fiscal actual.
La viabilidad del negocio dependerá, en última instancia, del respaldo político y financiero que logre Bogotá en los próximos meses. El reloj corre, y el desenlace aún está sujeto a la voluntad de Washington.



