El reciente convenio entre Colombia y Venezuela para establecer una zona económica compartida en la frontera ha generado un profundo debate en la esfera política colombiana. Mientras el gobierno de Gustavo Petro lo presenta como una herramienta para revitalizar regiones marginadas, voces opositoras acusan una cesión indebida de soberanía a la administración de Nicolás Maduro.
La firma del memorando ha intensificado la polarización y pone de nuevo en el centro del debate la relación entre Bogotá y Caracas.
Un acuerdo con alcance regional
El memorando de entendimiento fue suscrito el 17 de julio en Caracas por la ministra colombiana de Comercio, Diana Morales, y la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez. Este documento establece las bases para una zona económica binacional, con una vigencia inicial de cinco años. La iniciativa contempla mecanismos de cooperación en sectores clave como salud, energía, educación, cultura y transporte, además de buscar el impulso de proyectos conjuntos en materia de comercio y desarrollo productivo.
Aunque el texto aclara que no implica cesión territorial ni compromete recursos obligatorios, su firma ha sido percibida por algunos sectores políticos como un acto que vulnera principios constitucionales.
Oposición advierte sobre peligros institucionales
Uno de los mayores críticos ha sido el abogado y precandidato presidencial Abelardo de la Espriella, quien presentó una demanda ante el Consejo de Estado. Según su argumento, el acuerdo requiere aprobación como tratado internacional y, por tanto, debió pasar por el Congreso. El expresidente Álvaro Uribe también reaccionó con dureza, calificando el pacto como “una entrega del país a redes criminales internacionales”.
Por su parte, la senadora María Fernanda Cabal afirmó que, de ganar la presidencia en 2026, su partido revertirá esta y otras decisiones que, a su juicio, favorecen al régimen venezolano.
El Ejecutivo justifica la alianza como solución estructural
El presidente Gustavo Petro defendió el memorando como una estrategia para recuperar presencia estatal en zonas tradicionalmente dominadas por grupos armados y economías ilegales. Aseguró que este tipo de cooperación busca generar oportunidades y restablecer el orden en áreas donde el abandono institucional ha sido la norma.
Según el mandatario, el verdadero problema de soberanía radica en la falta de control del Estado en regiones fronterizas, más que en los acuerdos de desarrollo conjunto con países vecinos.
Expertos advierten sobre falta de garantías
La politóloga Sandra Borda expresó reservas sobre la viabilidad del convenio, debido al carácter autoritario del gobierno venezolano. Señaló que las democracias deben ser cautelosas al firmar compromisos internacionales con regímenes que no ofrecen garantías institucionales.
Borda enfatizó que, si bien la cooperación entre naciones es necesaria, debe realizarse bajo condiciones de confianza y transparencia, elementos que —a su juicio— no están presentes en el caso venezolano.



