FANB afirma haber destruido más de diez campamentos de grupos armados colombianos en 2025

◉ Mientras Caracas sostiene que las operaciones buscan proteger la soberanía nacional, el gobierno de Estados Unidos y organismos internacionales acusan a Venezuela de permitir la presencia de facciones irregulares

La frontera de 2.219 kilómetros entre Venezuela y Colombia vuelve a situarse en el centro de la atención internacional. En lo que va del año, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) afirma haber destruido más de diez campamentos presuntamente vinculados a grupos armados colombianos, catalogados por el gobierno venezolano como “tancol” —acrónimo de terroristas armados narcotraficantes colombianos.

Sin embargo, mientras Caracas sostiene que las operaciones buscan proteger la soberanía nacional, el gobierno de Estados Unidos y organismos internacionales acusan a Venezuela de permitir la presencia de facciones irregulares relacionadas con el narcotráfico y con guerrillas como el ELN y disidencias de las FARC. El cruce de señalamientos refleja una escalada de tensiones políticas, militares y diplomáticas que podría afectar la estabilidad de toda la región.

Operativos militares y estrategia de defensa territorial

El comandante estratégico operacional de la FANB, Domingo Hernández Lárez, informó que las unidades militares han ejecutado acciones de patrullaje, incursión y desmantelamiento de campamentos ilegales ubicados en áreas selváticas y de difícil acceso.

En imágenes difundidas por el propio alto mando militar se observan arsenales, brazaletes del ELN, equipos de comunicaciones y armamento de alto calibre. Las fotografías pretenden respaldar la narrativa oficial sobre la infiltración de grupos colombianos dedicados al narcotráfico y a operaciones paramilitares.

Hernández Lárez recalcó que Venezuela “no permitirá la instalación de estructuras armadas extranjeras en su territorio”, destacando que el país es considerado por el gobierno como “zona de paz”. Además, insistió en que las fuerzas armadas actúan bajo protocolos de defensa integral que involucran vigilancia aérea, despliegue de infantería y control de corredores fronterizos estratégicos.

El concepto “tancol” y su impacto narrativo

El término “tancol” ha sido central en la comunicación gubernamental. Según las autoridades venezolanas, estos grupos operan como estructuras paramilitares financiadas por redes transnacionales dedicadas al tráfico de drogas, la minería ilegal y la extorsión.

No obstante, analistas independientes señalan que la clasificación es políticamente ambigua y que no existe un consenso internacional sobre la identidad de estas facciones. Mientras Caracas acusa a Colombia de facilitar la incursión de estas organizaciones, Bogotá ha sostenido históricamente que el territorio venezolano sirve de refugio para guerrilleros disidentes que operan libremente en zonas limítrofes.

Fotografía de archivo de miembros de las disidencias de la guerrilla colombiana de las FARC. EFE/ Ernesto Guzmán

Caracas contra las acusaciones internacionales

La narrativa oficial de la FANB contrasta con los recientes señalamientos de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA). Su director, Terry Cole, acusó al gobierno venezolano de facilitar el tránsito de cargamentos ilícitos a través de la frontera, presuntamente en complicidad con grupos insurgentes colombianos.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, respondió de forma tajante, asegurando que Venezuela no colabora con organizaciones criminales y que “no existen campamentos permanentes de grupos armados en territorio nacional”. Además, calificó las declaraciones de la DEA como parte de una “guerra mediática y diplomática” para justificar la presión internacional sobre Caracas.

Una frontera porosa y un corredor estratégico del narcotráfico

Más allá de las disputas políticas, la frontera entre Venezuela y Colombia es considerada una de las más complejas y dinámicas de América Latina. La geografía selvática, la escasa presencia estatal y la existencia de múltiples rutas clandestinas han convertido la zona en un corredor clave para el tráfico de cocaína hacia el Caribe, Centroamérica y Estados Unidos.

Diversos informes de inteligencia indican que grupos criminales y guerrillas disidentes compiten por el control de territorios estratégicos en los estados Zulia, Apure, Táchira y Amazonas, donde confluyen intereses de narcotraficantes, mineros ilegales y contrabandistas. Según analistas de seguridad, este entramado de economías ilícitas explica en gran parte la violencia y los enfrentamientos armados que han marcado la región en los últimos años.

Colombia, un actor clave en la disputa

El gobierno colombiano también enfrenta desafíos internos frente a estas dinámicas transfronterizas. Aunque Bogotá ha negado que permita operaciones paramilitares en su territorio, organizaciones internacionales han señalado deficiencias en el control militar en zonas rurales del Catatumbo, Arauca y Norte de Santander, donde grupos armados compiten con el Estado.

La relación entre Caracas y Bogotá ha atravesado múltiples etapas de tensión y acercamiento. Actualmente, la administración colombiana busca mantener un equilibrio diplomático, evitando confrontaciones directas con el gobierno venezolano, pero sin desconocer la existencia de actividades ilegales que afectan la seguridad interna.

El papel de Estados Unidos y los riesgos geopolíticos

La presencia estadounidense en esta disputa es innegable. Washington ha mantenido operaciones de vigilancia y cooperación militar con Colombia en zonas cercanas a la frontera, mientras denuncia presuntos vínculos del gobierno venezolano con el narcotráfico.

Algunos analistas advierten que el reposicionamiento de destructores estadounidenses en aguas internacionales cerca de Venezuela representa un mensaje de presión política más que una acción militar inminente. Sin embargo, el despliegue refleja la preocupación estratégica de EE. UU. por el control de las rutas del Caribe, donde transitan cargamentos ilícitos hacia el mercado estadounidense.

Escenarios posibles y riesgos futuros

La situación fronteriza plantea tres escenarios principales para los próximos meses:

  1. Escalada militar controlada: La FANB podría intensificar sus operativos, lo que generaría enfrentamientos con grupos armados y aumentaría la tensión con Colombia.

  2. Diálogo regional limitado: Si los gobiernos de Caracas y Bogotá retoman mecanismos de cooperación fronteriza, podría reducirse la violencia en zonas críticas.

  3. Mayor presión internacional: Estados Unidos y organismos multilaterales podrían impulsar sanciones adicionales o estrategias conjuntas para limitar la influencia de actores irregulares en la región.

Por ahora, la dinámica se mantiene en un equilibrio frágil, con actores estatales y no estatales disputando territorio, rutas y poder económico.

La frontera entre Venezuela y Colombia se ha convertido en un punto neurálgico de intereses militares, económicos y geopolíticos. Mientras la FANB afirma combatir a los “tancol” y proteger la soberanía nacional, las acusaciones de Washington, Bogotá y organismos internacionales abren un nuevo capítulo de desconfianza y confrontación.

La combinación de narcotráfico, presencia de guerrillas, despliegue militar y presiones diplomáticas anticipa que esta disputa no se resolverá en el corto plazo. El desenlace dependerá de la capacidad de los Estados involucrados para coordinar estrategias de seguridad y de la influencia que actores externos, como Estados Unidos, ejerzan sobre el equilibrio de poder en la región.

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